Las dos caras de la sorpresa

La sorpresa es la emoción más efímera que se conoce, suele durar aproximadamente dos segundos. Aún así todos sabemos cuando algo nos soprende, pero ¿se trata de una emoción agradable o desagradable? Muchas veces es difícil saberlo porque somos conscientes de que nos hemos sorprendido cuando la emoción en sí ya ha desaparecido.

Es importante tener en cuenta que la sorpresa es una emoción que normalmente precede al resto de emociones básicas. Es decir, muchas de las cosas que habitualmente nos sorprenden después suscitan alguna otra emoción, por ejemplo, si lo que nos sorprende es un regalo después sentiremos alegría, si lo que nos sorprende es la noticia de la muerte de un familiar después sentiremos tristeza, si lo que nos sorprende es un ruido en mitad de la noche después sentiremos miedo y si lo que nos sorprende es ver a nuestra pareja besándose con otro/a después sentiremos ira. Con esto no quiero decir que la sorpresa siempre vaya ligada a otra emoción, hay noticias de televisión que nos pueden sorprender sin llegar a nada más, simple curiosidad. Sólo aquellas novedades que tienen un impacto en la vida personal conllevan otras emociones después de la sorpresa.

Cualquier cosa que se salga de lo habitual o sea inesperada producirá sorpresa,  y etiquetaremos dicha sorpresa como agradable o desagradable en función de la emoción que después la acompañe. Aunque existe otra variable que resulta fundamental a la hora de valorar esta emoción: la personalidad. Por un lado existen personas que aman la rutina y cualquier cosa que se salga de ésta les resulta bastante perturbadora y por otro lado, están aquellas personas a las que la rutina les aburre, les deprime o les agobia y necesitan exponerse a cosas nuevas que las sorprendan cada día. Quizá éstas sean dos formas opuestas de sentir o de experimentar sorpresa mientras el resto preferimos el punto medio, en el que las sorpresas hagan de cada día un día especial y diferente al anterior, pero sin dejar de lado la seguridad que da lo previsible. La cuestión en este caso es obvia, para vosotros ¿las sorpresas son agradables o desagradables?

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Un pensamiento en “Las dos caras de la sorpresa

  1. Muy bueno, el final del artículo: la seguridad que da lo previsible. Por eso a un niño sano emocionalmente le van tan bien las rutinas y los hábitos cotidianos que le dan seguridad-
    Cande

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