Una sobredosis de alegría

La alegría es una emoción que suele tener asociadas connotaciones positivas. Sin embargo, nada es bueno en exceso. Cuando la alegría es desmesurada se pueden cometer imprudencias que conlleven graves repercusiones para la vida de la persona. Si una persona, durante un amplio periodo de tiempo, presenta un estado de ánimo elevado (que se puede describir como eufórico, anormalmente bueno, alegre o alto) podemos sospechar que está sufriendo un episodio maniaco.

Los síntomas más comunes de un episodio maniaco son: excitación, exaltación, humor elevado (euforia), agitación, actividad sin reposo, disminución del pudor, pérdida de inhibición (que puede incluir actitudes de seducción y/o contactos sexuales excesivos), habla abundante (a veces el discurso incluye chistes, juegos de palabras e impertinencias divertidas), excesiva confianza en sí mismo, disminución de la necesidad de dormir e hipersensibilidad afectiva y sensorial. También suele ser bastante común la facilidad de distraerse con cualquier cosa, el aumento de la planificación o participación en múltiples actividades (sexuales, laborales, políticas, religiosas, etc.) y la elevada sociabilidad.

Con frecuencia el optimismo inmotivado, la grandiosidad y el empobrecimiento del juicio típico de los episodios maniacos, conduce a una implicación imprudente en actividades placenteras, sin llegar a pensar en las consecuencias. Por ejemplo, compras desmesuradas sin dinero para pagarlas, conducción temeraria que pone en peligro la vida del resto de conductores y la suya propia, inversiones económicas poco razonables que le dejan arruinado o comportamientos sexuales inusuales que pueden implicar infidelidad.

Si os detenéis a reflexionar un momento, os daréis cuenta de que las características propias de los episodios maniacos son las mismas que las de la alegría pero llevadas al extremo. Es decir, el exceso de alegría mantenido a lo largo de los meses puede convertirse en una patología, perdiendo así el componente positivo y adaptativo que tiene esta emoción. Os invito a pensar en algún momento en que hayáis sentido euforia o alegría exagerada, ¿cometisteis alguna imprudencia? ¿Tuvo algún tipo de consecuencia negativa?

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