Emociones que contrastan: envidia y compasión

¿Qué relación existe entre la envidia y la compasión? Ambas son emociones secundarias que nacen al compararnos con otra persona. Sin embargo, nuestra manera de percibir al otro es diferente en ambas emociones. En realidad, estamos hablando de posiciones, de si percibimos al otro por encima o por debajo nuestro.

Cuando sentimos envidia creemos que el otro está por encima de nosotros, porque posee algo que querríamos tener. Por el contrario, cuando sentimos compasión percibimos que el otro está por debajo, en peores condiciones que nosotros. Así, en la compasión queremos ayudar al otro para que esté mejor, mientras que en la envidia queremos estar nosotros mejor. Ambas emociones nos llevarán a intentar equilibrar la situación, para que nosotros y el otro estemos en la misma posición. ¿Os lo habíais planteado alguna vez? Otro dato curioso es que envidia y compasión tienen connotaciones completamente opuestas. Es interesante que la envidia sea uno de los siete pecados capitales (algo “malo”), mientras que la compasión sea considerada una virtud (algo “bueno”). Por otro lado, envidia y compasión vienen de diferentes emociones básicas. La envidia podría tener diferentes componentes, tanto la tristeza, como miedo y rabia, mientras que la compasión podría tener un componente de tristeza.

Cuando hablamos de envidia, es importante no confundirla con los celos. Muchas veces utilizamos indistintamente ambas palabras, pero en realidad los celos tienen un componente de posesividad que la envidia no tiene. Cuando sentimos celos creemos que algo nos pertenece, mientras que cuando sentimos envidia no hay ese componente; no percibimos ese algo como nuestro, aunque lo deseemos.

De hecho, el querer poseer algo puede provocar envidia malsana: al no poder tener lo deseado tampoco queremos que el otro lo tenga. Esto nos puede llevar a hacer lo posible para conseguir que quien envidiamos no pueda disfrutar de lo que queremos nosotros, aunque implique hacerle daño. ¿Y por qué tendríamos que hacer eso? Simplemente porque así ya no estaríamos por debajo. Como podéis imaginar, atacar a los demás debido a la envidia no es algo muy recomendable, aunque posiblemente conozcáis a gente que lo haga. En cambio, la otra cara de la envidia (la envidia “sana”) es más adaptativa socialmente. Se produce cuando al compararnos nos detenemos a reflexionar y nos planteamos que querríamos estar mejor. Esto nos puede ayudar a esforzarnos por mejorar, y así podríamos llegar al mismo nivel que el otro, pero sin necesidad de atacarle.

¿Y qué hay de la compasión? Al igual que la envidia, también tiene dos caras. Por un lado nos puede llevar a ayudar a los que están en una situación peor que nosotros. Pero por otro lado también nos hace mirar a los demás desde la superioridad. Y no a todo el mundo le gusta que le miren desde arriba. Pensad por un momento en vosotros mismos, ¿alguna vez alguien ha sentido compasión por vosotros? ¿Cómo os sentisteis?

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