No me decepciones

(Artículo de colaboración por Cati Carrero Gómez, Psicóloga)

La decepción es una emoción que se caracteriza por la insatisfacción que surge cuando no se cumplen nuestras expectativas. Ocurre al unir dos emociones básicas: la sorpresa y la tristeza. Es decir, ocurre a partir de un evento inesperado (sorpresa) y supone que lo que esperamos no se ha cumplido (tristeza). Es importante matizar que la decepción es algo muy subjetivo. Cada persona tiene una forma diferente y particular de percibir el mundo, que suele estar influenciada por sus creencias, su cultura, sus experiencias personales… Así para unos una situación puede ser decepcionante mientras que para otros no. En la mayoría de las situaciones la persona sentirá la necesidad de superar esa decepción, poniendo en marcha diferentes habilidades.

Por medio de la emoción, un organismo sabe consciente o inconscientemente si una situación es más o menos favorable para su supervivencia. De ahí, que emociones como ésta que en un primer momento pueden colocarse en el grupo de las “negativas”, sirvan como medio para mejorar la adaptación. En el caso de la decepción, experimentarla nos puede ayudar a replantearnos nuestra relación con la persona que nos decepciona. Al igual que la tristeza, nos lleva a un cambio, pero en este caso se trata de un cambio a nivel de relación interpersonal. Unida a la decepción y vinculada a la tristeza podemos experimentar la sensación de abandono.

El abandono es un sentimiento muy estudiado en los niños, ya que es su mayor miedo, sobretodo porque la seguridad es una necesidad básica para ellos. Los niños pequeños cuando no ven a su madre piensan que los ha abandonado, viven en un permanente presente, no son capaces de anticipar el futuro (es decir, no piensan que su madre posiblemente volverá). La presencia de la madre es muy importante, por lo menos hasta los ocho meses, que es cuando un niño puede reconocer que ella es alguien separado de él, se puede distinguir como persona individual y diferenciar a su madre de otras personas.

¿Pero qué pasa en los adultos? En los adultos esta emoción no ha sido tan estudiada y quizás aunque vivida de manera diferente, supone igualmente miedo, decepción e incluso rabia. De hecho, existen personas que no toleran el abandono, principalmente aquellas que tienen relaciones excesivamente dependientes. Para concluir os invitamos a reflexionar sobre el abandono en los adultos, ¿Qué situaciones nos llevarían a sentirnos abandonados?

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