Uno, dos, uno, dos… probando, probando…

El lenguaje, tanto verbal como no verbal, es una herramienta de comunicación muy útil a la hora de trasmitir o interpretar las emociones. Nuestros actos son un reflejo de aquello que estamos sintiendo, por ejemplo, podemos saber que alguien está feliz si vemos que se ríe con facilidad, mueve mucho los brazos, se aproxima mucho a su interlocutor o incluso da saltos de alegría. Aunque también las palabras y su entonación nos pueden ayudar a comunicarnos, en el caso anterior servirían de ejemplo frases como “¡me siento genial!”, “¡tengo un buen día!”, “¡qué bien!” o “hoy me sale todo bien”.

En nuestro día a día, muchas veces nos olvidamos de hablar de lo que sentimos y de escuchar lo que sienten los demás. Nuestras relaciones interpersonales suelen carecer de conversaciones sobre las emociones que nos causan los vaivenes de la vida. Es habitual contar cualquier acontecimiento que nos ocurre como si se tratara de un simple boletín informativo. Suele resultarnos difícil expresar lo que sentimos, unas veces por vergüenza, otras veces porque ignoramos nosotros mismos que existe un sentimiento, y otras simplemente porque no encontramos la palabra adecuada para definirlo. La falta de costumbre a la hora de hablar de emociones promueve que también nos resulte arduo o incluso incómodo escuchar a otras personas hablar de ellas. Es necesario cambiar esta tendencia si pretendemos conseguir relaciones amistosas o amorosas sólidas, ya que al aumentar la comunicación de sentimientos y emociones mejora la complicidad, la sinceridad, el compromiso y el vínculo en sí mismo.

En algunas ocasiones podemos sentir cierto recelo cuando queremos trasmitir lo que una situación o acontecimiento nos hace sentir, ¿pero por qué sucede esto? Una posibilidad es que sintamos miedo a ser juzgados por los demás. Por ejemplo, si veo a mi pareja hablando con alguien y siento celos, posiblemente pensaré que lo mejor es no decirle que estoy celosa/o ya que él/ella podría pensar que soy obsesiva/o o paranoica/o. Para entablar una buena comunicación de las emociones, es importante tener en cuenta que el respeto, tanto de mis sentimientos como de los del otro, es esencial. La variabilidad interindividual es lo que enriquece las relaciones sociales, debemos tener presente en todo momento que como seres únicos cada cual tiene reacciones y perspectivas distintas ante un mismo hecho. Pero eso no significa que exista una opción correcta y otra incorrecta, sólo se trata de opciones diferentes.

Supongo que todos vosotros habéis experimentado las ventajas que reporta hablar con sinceridad y franqueza de lo que uno siente. Pensad por un momento en alguna de estas conversaciones ¿fue cara a cara? ¿O estabais usando el teléfono o Internet? ¿Creéis que es más fácil hablar de emociones a través de un chat que en persona?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s