Mirando mi YO

(Artículo de colaboración, por Elia Valls, Psicóloga)

La autoaceptación es la capacidad de vivir conscientemente, aceptándonos tal y como somos con nuestras fortalezas y debilidades. Los procesos a seguir para conseguirlo son dos: por un lado tratar de dar poca importancia a los juicios de aprobación o desaprobación de los demás, y por otro lado aprender a valorarnos a nosotros mismos positivamente.

Ahora bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa que no queramos cambiar o evolucionar, todo lo contrario, es el paso previo al cambio.  Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos  podremos ser conscientes de lo que elegimos y de lo que hacemos. Ante una emoción difícil de afrontar ( como la envidia, la ira o la pena), si en vez de intentar que desaparezca nos permitimos que esté allí, la estaremos reconociendo y aceptando. Luchar contra la emoción no nos ayuda, cuando la reconocemos y aceptamos, es más fácil que se atenúe.

Otro aspecto fundamental es el hecho de reconocer y aceptar las propias fortalezas y debilidades. Las fortalezas son las habilidades o talentos que uno tiene y de las que se siente orgulloso. En el caso de las debilidades, son las carencias que  uno considera tenAutoaceptacióner. Si en una entrevista de trabajo os preguntaran cuáles son vuestros puntos fuertes y débiles, ¿Qué responderíais? Esta respuesta representa  un ejemplo de cómo identificar nuestras fortalezas y debilidades.

Finalmente, también es muy importante aprender a utilizar el humor para reírse de uno mismo. A veces nos tomamos la vida y a nosotros mismos demasiado en serio. Por ejemplo, un caso ilustrativo del neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, que aconseja a un joven que sufre porque suda mucho ante ciertas situaciones, que se diga para sí mismo “Antes sólo sudaba un litro, pero ahora voy a sudar por lo menos diez: ¡se van a enterar todos de lo que es sudar!”. De ese modo se busca el sentido cómico de la situación. También nos podemos reír en situaciones más banales quitándoles importancia, por ejemplo cuando uno tropieza y cae al suelo. En vez de enfadarnos con nosotros mismos por lo torpes que somos podemos decir “qué torpe soy” con una sonrisa en los labios. ¿Cuáles podrían ser otras de estas situaciones de las que uno podría reírse de sí mismo?

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