Cuando algo falla en nuestra vida sexual.

Nuestra sexualidad está estrechamente ligada a nuestro bienestar psicológico. Si padecemos  algún trastorno sexual, esto nos puede provocar emociones tales como ansiedad, miedo, frustración…es decir, nuestra vida emocional puede quedar afectada. Y al revés, si tenemos alguna inquietud, desengaño o problema emocional importante, nuestra sexualidad también se puede ver afectada de algún modo. La mayoría de alteraciones en el ámbito sexual son de origen psicológico. Por ejemplo, se pueden dar en personas con patologías mentales como la depresión o la fobia, pero también pueden padecerlas aquellas personas mentalmente sanas que tienen miedo al fracaso, que han recibido una educación religiosa muy rígida, o con falta de información.

En este artículo nos centraremos en las disfunciones sexuales, pero hay que tener en cuenta que también forman parte de los trastornos de la sexualidad las parafilias y los trastornos de la identidad sexual.

Las disfunciones sexuales son alteraciones que normalmente aparecen ligadas a las cuatro fases de la respuesta sexual; éstas son deseo sexual, excitación, orgasmo y resolución. Han de ser recurrentes en el tiempo y provocar un gran malestar físico o psicológico en la persona o en la relación interpersonal.

En la fase de deseo sexual encontramos tres tipos de trastorno. El trastorno de deseo sexual hipoactivo, en el cual la persona no tiene ganas de mantener relaciones sexuales ni las busca, ni percibe el atractivo sexual de los demás. El trastorno por aversión al sexo, en el que la persona evita con gran rechazo el contacto sexual con la pareja. Y el impulso sexual excesivo o ninfomanía, en el cual gran parte de la vida de la persona va dirigida a la búsqueda de relaciones sexuales.

En la fase de excitación sexual se dan los trastornos de la excitación sexual. La mujer es incapaz de mantener la lubricación hasta el final de la relación sexual y el hombre no puede obtener o mantener la erección (popularmente llamado impotencia).

En la fase del orgasmo se dan los trastornos orgásmicos. En el caso de la mujer, ésta no obtiene el orgasmo tras una excitación suficiente o se retrasa demasiado. En el hombre la eyaculación no se produce con el coito (eyaculación retardada) o se produce ante una estimulación sexual mínima (eyaculación precoz).

Otros trastornos sexuales que pueden aparecer en cualquiera de las cuatro fases de la respuesta sexual son la dispareunia (dolor genital durante el coito o después, tanto en hombres como en mujeres) y el vaginismo en mujeres (la vagina se contrae y no deja que se produzca la penetración).

Para solucionar estas alteraciones muchas veces se acude a terapia sexual o de pareja. El profesional evalúa la disfunción y sus causas, ofrece una educación sexual adecuada modificando creencias erróneas y frecuentemente aconseja aplicar diferentes técnicas para conseguir el disfrute de la relación sexual en la pareja.

Sin embargo, hay personas que sienten reparo a acudir a terapia sexual, ¿por qué creéis que cuesta tanto desvelar esa parte tan íntima?

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