Amores envenenados.

Dicen que no podemos escoger de quién nos enamoramos, que es el corazón el que nos guía en el proceso y que no debemos pararnos a pensar en si  el elegido ha sido realmente la opción correcta. Aunque es bueno dejarse llevar por lo que uno siente (¡a todos nos encanta sentir las mariposas en el estómago!), hemos de intentar bajar de las nubes y pensar en el otro de forma racional. Una buena observación y posterior reflexión objetiva sobre nuestra pareja o futura pareja (sin idolatrarla), sobre su carácter, su personalidad, su manera de hacer, sus costumbres, su forma de amar…puede sernos muy útil para saber si es tal como nos gustaría que fuera y si somos compatibles para mantener una relación estable.

Hacer esto es mucho más difícil que decirlo, de manera que podemos encontrarnos frecuentemente con personas que acaban viéndose inmersas en relaciones que son perjudiciales para su bienestar psicológico. Son amores tóxicos, que envenenan a los miembros y a la relación de pareja.

El psicólogo italiano Walter Riso habla de ocho estilos afectivos (personalidad y forma de comportarse con la pareja) que son, como hemos dicho, peligrosos para el bienestar emocional. Estos se clasificarían en histriónico (demasiado emocionales, hasta un nivel hostigante para el otro), paranoico (demasiado desconfiado), pasivo/agresivo (ambivalente y pesimista), narcisista (egoísta y egocéntrico), obsesivo/compulsivo (demasiado perfeccionista), antisocial (agresivo), esquizoide (esquivo e indiferente) y limítrofe (inestable emocionalmente y caótico). Estas maneras de ser y amar dificultan las relaciones de amor saludable.

Cuando nos enganchamos a estos tipos de personas y relaciones, cuesta mucho salir de ellas. Frecuentemente se crean relaciones de dependencia a la otra persona, o se adquiere un rol que queda tan arraigado dentro de la pareja que es difícil de abandonar. Cuantas veces no nos hemos indignado ante un caso de maltrato y hemos pensado: ¿Pero porqué no lo/la abandonó al recibir la primera bofetada? Muchas veces necesitan ayuda externa para “darse cuenta” del tipo de relación en la que están inmersos y abandonarla.

De todas formas, sólo los extremos son perjudiciales. No es necesario abandonar a nuestra pareja si percibimos en ella algún rasgo de personalidad obsesivo, histriónico, narcisista, etc.  Todos tenemos algo de ellos, y los podemos trabajar si al otro le molestan. Lo importante es que no sean perjudiciales para el bienestar del otro y para la evolución sana de la relación.

¿Alguna vez habéis vivido o conocido alguna relación de amor tóxico?

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