Retazos del blog: Esperando una sorpresa

Cuando hablamos de sorpresa existe una premisa indiscutible: el desconocimiento de lo que está por llegar. Es decir, no nos puede sorprender todo aquello que ya sabemos que sucederá o esperamos que suceda. Por ejemplo, si yo miro al cielo y pronostico que pronto lloverá, cuando vea que comienzan a caer las primeras gotas de lluvia no me sorprenderá, porque ya me lo esperaba. Necesitamos exponernos a estímulos novedosos o totalmente impredecibles para sentir sorpresa.

En muchos casos, estamos tan acostumbrados a intentar controlar cualquier situación, que resulta difícil que nos sorprendan. El concepto de “control de la situación” implica que se cumplan las expectativas que se tienen sobre el entorno. Pero ¿qué son las expectativas? Desde el punto de vista social, las expectativas son previsiones realizadas por un individuo acerca del comportamiento de los demás, examinando las posibilidades que ofrece una determinada situación. Es decir, las personas somos capaces de predecir cómo se comportaran los demás en una situación concreta; y dicha predicción no es aleatoria, está basada en un análisis de los factores que pueden ser relevantes, como el contexto, la personalidad del sujeto o las experiencias previas.esperando-una-sorpresa copia

Crearse expectativas es inevitable, incontrolable y a veces, inconsciente. Aunque pueda parecer ilógico, el ser humano sólo necesita unas fracciones de segundo para realizar una predicción de lo que acontecerá. Utilizamos las expectativas como herramienta para enfrentarnos y protegernos del mundo con el que nos relacionamos día a día. Es una habilidad que nos ayuda a sobrevivir, puesto que nos facilita anticipar una respuesta o una reacción ante las posibles escenas que se nos pueden presentar. Quizá si no tuviésemos la capacidad de realizar dichas predicciones con tanta rapidez nos sorprenderíamos más a menudo, pero ¿os podéis imaginar un mundo en el que todo nos sorprendiese? Como recordaréis, la sorpresa es una emoción que se presenta ante lo novedoso para obligarnos a prestar más atención de lo habitual. Si todo nos sorprendiese significaría que tendríamos que invertir el 100% de nuestra atención en cada paso que diésemos. Sin duda esto supondría un desgaste mental muy grande. Por otro lado, si siempre intentamos controlar la situación casi nada nos sorprenderá, lo cuál puede llegar a restringir nuestras emociones en determinados momentos de nuestra vida. Por ejemplo, si yo ya sé que mi pareja me pedirá matrimonio en la cena esta noche, ese momento no me sorprenderá y mis emociones serán menos intensas.

La sorpresa es una emoción que favorece la supervivencia y facilita la capacidad de emocionarse. Aún así, es necesario que las expectativas limiten en parte nuestra capacidad de sorprendernos para hacer más eficiente nuestro procesamiento mental. ¿Conocéis algún momento en el que sea bueno olvidar las expectativas y dejarse llevar?

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