Experiencias personales: Transexualidad

Artículo de colaboración, por Carol Barangé, 69 años.

 

En primer lugar, voy a presentarme. Mi nombre es Carol Barangé, soy una mujer Transexual, y lesbiana. Como os podéis imaginar, cuando nací lo hice con los genitales masculinos, cosa que pensé que había nacido con un cuerpo que no era el mío.

A los 10 años, en el “Cole”, un cura abusó de mi. Esto no lo contaría, si ello no me hubiera marcado desde pequeña. De por sí, yo ya era reservada, pero con esa mala experiencia, aún lo fui más.

Desde muy joven, si me quedaba en casa sola, aprovechaba esos minutos para ir al armario de mi madre y ponerme ropa de ella, que si unas braguitas, unas medias o alguna falda que me entrara. Eran momentos cortos, pero muy intensos. Esa necesidad, era una cosa que sentía y me salía de mi interior más profundo, pero que al mismo tiempo me hacía sentirme un “bicho raro”.

Jamás pude hablar de esas sensaciones con mis amigos, cosa que reforzaba aún más mi teoría de “bicho raro”. De haberlo hecho, lo primero que me hubieran dicho, es que si era maricón. Las palabras gay u homosexual, en aquellos tiempos no existían, eran simplemente maricones, y en tono despectivo.

Por esa crisis también pasé, pues ante mis sentimientos femeninos, llegué a pensar que yo era homosexual. Por otro lado, cuando quedaba con mis amistades, entiéndase chicos, para ir al cine o a bailar, en el bar donde habíamos quedado, me miraba a todos los chicos, pero a mí, ninguno de ellos me gustaba. No me ocurría lo mismo con las chicas.

Allá si encontraba a más de una que me gustaba. Aunque por lo visto, yo me las miraba con ojos de mujer.

Me fijaba en sus conjuntos, botas, faldas, bolsos, conjuntos en general, etc. Eso lo descubrí clarísimamente, un día que iba con mi hermano, él era 4 años mayor que yo, entró en el local donde estábamos una chica preciosa, de un tipo envidiable, y totalmente conjuntada de blusa, falda, botas, bolso, etc. Era un encanto de mujer, y se lo comenté a mi hermano. Le dije, “fíjate que chica tan guapa y elegante que acaba de entrar”. Él la miró y me respondió, “sí, es cierto, tiene dos polvos”. Yo le recriminé que fuera tan basto, y le insistí en que era elegante, bien conjuntada, y que ella de por si, era una hermosura de chica. Me respondió igual que la primera vez. Ya no insistí más. Así fueron pasando los años, y jamás pude comentarle a ninguna amistad, lo que yo sentía en mi interior. Mariposa y cambio

Recuerdos, muchos, y todos bajo el mismo prisma. Ejemplos rápidos. Cuando debía tener unos 15 años, íbamos a veranear a Camprodón, y con el grupo nos encontrábamos por las mañanas en la piscina del club. Una vez cambiado, y con mi bañador tipo “slip”, siempre odié los tipo Meyba (tipo calzón) que estaban tan de moda en aquellos años, salía al césped y buscaba al grupo, que en realidad estaba “dividido en chicos y chicas” aunque cerca los unos de los otros. Ya os podéis imaginar en que corrillo me colocaba yo. Con las chicas habían muchos temas de conversación, cualquier cosa era válida, incluida la crítica. Con los chicos solo Fútbol y chicas, que con el tema éste último, solo servía para contar cada uno sus “mentiras”, o batallitas de cómo ligaba.

De muy mayor, y ya perteneciendo a la dirección de empresa de mi suegro, una empresa téxtil de hombre, cuando íbamos de viaje a Ferias o parecido, había tardes dedicadas a visita de escaparates, para ver la moda, incluidas las tiendas de mujer, para tomar nota de las tendencias de color. Con estas últimas era con las que realmente yo disfrutaba viendo los escaparates, aunque en silencio y sin comentar demasiado, no fuera caso que…

Lo que era horroroso, eran las tiendas de lencería. Me encantaban, pero no podía quedarme mucho tiempo contemplando aquellos preciosos conjuntos, con los que soñaba en ponérmelos poner, por miedo a que me trataran de pervertido.

Así fue siempre mi vida. Siempre ocultado mis sentimientos. Para ir al final, en mi caso, a mi SÍ me fue de utilidad internet. Gracias a él, buscando una cosa que toda la vida me habían gustado, las travestis, me salió Travestismo, Crossdresser (personas de ambos sexos que se visten del sexo contrario pero en casa y totalmente anónimo).

Pasé una época de Crossdresser, que con la web cam nos podíamos ver con las amistades que hice. Ya era un gran paso, habían más como yo, dejé de ser “el bicho raro”

Más tarde fui descubriendo cosas y de allí me salieron dos locales, Charly’s Privé y En Femme. El primero era mixto y con sexo consentido, cosa para la que yo no estaba preparada. Con el otro fue totalmente diferente, SOLO MUJERES Y SIN SEXO, ¡¡¡FANTÁSTICO !!!

Allá fui tratada con respeto, y además me comprendían desde que comencé a explicar mis sentimientos más íntimos. Me aconsejaron tener sesiones privadas con una psicóloga, ya que todas teníamos muchos líos en la cabeza. Fue el acierto de mi vida.

La psicóloga me hizo, que en pocas semanas, pudiera yo liberar de mi interior toda mi feminidad. En principio emergía lentamente, pero un día esa feminidad tan oculta explotó, y salió toda ella al exterior como un géiser. Fueron los comienzos de mi felicidad, aunque el camino sabía que sería duro.

Comencé a hormonarme, y finalmente todo acabó con que tenía que divorciarme de mi ex-esposa, ya que ella no aceptó que yo hiciera la transición. Ahora soy feliz, soy una mujer, tengo mi DNI que dice que me llamo Carol y mi sexo es Femenino. Todo un logro, pero ¿a cambio de qué?

A mí me costó renunciar a mi vida anterior, llena de lujos y codeándome con las mejores familias de Barcelona (sin que éstas fueran personalidades), también tuve que renunciar a mis hijos, y a todas aquellas grandes amistades “íntimas de la familia”, que habían de ser incondicionales.

Tuve muchas noches oscuras, de soledad y llantos. Me hice un hartón de llorar, pero jamás me arrepentí, ni ahora me arrepiento de nada. ¡¡Lo volvería a hacer, y sufrir de nuevo!!

Ahora mi familia son todas Transexuales o mujeres CIS (Biológicas) que tienen trato privado o profesional con nosotras, y por eso nos comprenden. A pesar de todo lo pasado, perdido y sufrido, me siento muy feliz de ser mujer, he ganado en sensibilidad, comprensión y a pasar a pensar con el cerebro, y querer y amar con el corazón. ¡¡Benditas seamos las mujeres!!

 

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