Encuesta: segunda parte

Hace unos días os preguntábamos por las emociones que os resultaban más difíciles de gestionar. Hoy queremos conocer la otra cara de la moneda: ¿Qué emoción de la lista os resulta más fácil de gestionar?

Encuesta

Encuesta navideña

¡Queremos saber tu opinión!

Retazos del blog: Introducción a las emociones secundarias

Cuando hablamos de emociones secundarias nos estamos refiriendo a todas aquellas emociones que NO son básicas. Las seis emociones básicas definidas por Ekman (miedo, rabia, sorpresa, alegría, tristeza y asco) se consideran el núcleo a partir del cual se extiende el amplio espectro de emociones que sentimos.

Por ejemplo, dentro de las emociones secundarias procedentes de la alegría están el amor, el placer, la diversión, la euforia, el entusiasmo y la gratificación. Si hablamos de emociones secundarias que descienden del asco encontramos: la repugnancia, el rechazo, la antipatía, el disgusto y el desprecio. En el campo de la rabia se descubren emociones secundarias como la cólera, el rencor, el odio, la irritabilidad, el enfado y la impotencia. Algunas de las emociones secundarias derivadas del miedo son la angustia, el desasosiego, la incertidumbre, la preocupación, el horror y el nerviosismo. En el caso de la sorpresa podemos nombrar el desconcierto, el sobresalto, la admiración y el asombro. Y por último, la tristeza es el origen de emociones secundarias como la pena, la soledad, el pesimismo, la compasión y la decepción.

Emociones secundarias

A pesar de que las emociones secundarias no fueron objeto de análisis dentro de la teoría de las emociones básicas de Ekman, muchos de los hallazgos al respecto siguen la perspectiva de este autor. Las emociones secundarias tienen algunas particularidades que las distinguen de las emociones básicas. La primera es que normalmente estas emociones son más susceptibles a la influencia del contexto sociocultural en el cuál se dan. Por ello, pueden variar sutilmente en las diferentes zonas geográficas y mostrar ciertas peculiaridades culturales. La otra cosa es que normalmente las emociones secundarias en su gran mayoría son fruto de las relaciones interpersonales, es decir, nacen de nuestra relación con los otros.

Los seres humanos vivimos en sociedad, por lo que estamos habituados a relacionarnos y comunicarnos con otras personas. Muchas de las emociones secundarias que hoy conocemos tienen su origen en dicha interacción personal. Es decir, estas emociones no son producto de un estímulo cualquiera, sino que nacen como reacción al comportamiento de otra persona.  Se puede tratar de un hecho intencionado o casual, puede ser algo que me afecte en primera persona o dirigido a otra persona, puede provenir de una persona conocida o desconocida… Es indiferente, lo importante en este punto es que existe un responsable de lo que sentimos. Este dato puede marcar la diferencia entre sentir una emoción básica o una emoción secundaria. Para ahondar más en este tema os invito a seguir leyéndonos durante estos meses.

Te proponemos una encuesta…

Retazos del blog: Querer y que no te quieran

¿Quién no ha sufrido alguna vez en la vida el dolor que supone un amor no correspondido? Enamorarnos forma parte de nuestra vida, el problema está en que no siempre nos enamoramos de personas que a su vez también están enamoradas de nosotros. A veces amamos a personas que no nos quieren, que no saben ni que existimos o que nos quieren pero sólo como amigos. Sobra comentar que, normalmente, estas situaciones suelen ser bastante dolorosas.

El amor no correspondido suele ser un amor profundo y romántico que siente una persona hacia otra, y que no es recíproco. Esta vivencia desencadena las mismas emociones que se producen cuando estás enamorado/a, pero también origina angustia, frustración, irritabilidad y tristeza. Habitualmente, la persona que siente este tipo de amor suele atravesar dos fases: en la primera suele mantener su amor y sus sentimientos en secreto; mientras que en la segunda comienza a dar a su amada/o muestras de lo que siente por ella/él, llegando al punto de declararle su amor.

Un amor no correspondido puede durar meses, años o incluso décadas, y en algunas ocasiones puede llegar a convertirse en un problema psicológico, cuando el amor se vuelve posesivo u obsesivo.

Amor no correspondido

Cuando la persona sufre el rechazo de la persona amada, aparecen fuertes sentimientos de ira, tristeza y desesperación ¿Habéis sentido alguna vez el dolor que produce un rechazo? A veces, el gran sufrimiento que se siente con un amor no correspondido puede llegar a desencadenar procesos depresivos, trastornos de ansiedad, brotes psicóticos y desgraciadamente, en los casos más extremos, algunas personas pueden llegar al suicidio. Para evitar llegar a este punto, es fundamental asimilar el rechazo, ir aprendiendo y tomando conciencia día a día y por supuesto, respetar a la persona que no corresponde dicho amor. Hemos de pensar que no es sencillo encontrar el amor mutuo, cada persona tiene sus gustos y no gustarle a alguien no supone ningún fracaso personal. Debemos superar este “bache”, querernos y respetarnos a nosotros mismos, y tener el valor de seguir buscando el amor en otras personas. Una actitud positiva y el apoyo de los que nos quieren nos ayudaran mucho a disminuir la frustración y el sufrimiento que produce el rechazo.

El amor es una emoción muy poderosa y en muchos casos (aunque sea de forma inconsciente) conlleva una pequeña idealización de la persona amada. En los casos de amor no correspondido, esta idealización es muchísimo más exagerada. La persona amada se convierte en un sueño inalcanzable. Para el sujeto en cuestión,  la amada es la persona perfecta, con características físicas y de personalidad superiores a las suyas propias y a las de cualquier otro ser humano. A pesar de que sea una persona “normal”, el sujeto la idealiza de forma sobredimensionada, y esto puede desembocar en comportamientos obsesivos como acoso, persecución, vigilancia, etc.

Es importante distinguir los problemas psicológicos derivados de un amor no correspondido, del trastorno mental llamado erotomanía. La erotomanía se diagnostica cuando una persona tiene la creencia ilusoria (delirio) de que otra (habitualmente de estatus alto o famosa) está secretamente enamorada de ella. En este caso, la persona está convencida y cree firmemente que su amor es correspondido, aunque en realidad no es así. Por ejemplo, una mujer con este trastorno podría creer que Cristiano Ronaldo está enamorado de ella y ver la celebración de sus goles como muestras de amor dedicadas a ella, o si fuera un hombre podría “estar enamorado” de Jennifer López y pensar que todas sus canciones son declaraciones de amor a él. Seguramente, las personas cercanas pensarían que se trata de una locura… Vosotros que pensáis, ¿es posible volverse “loco” por amor? ¿Y por un amor no correspondido?

No te quieren