Audiocuento de emociones: “La isla de las emociones”

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Mejorando nuestro vocabulario emocional

¿Os ha pasado alguna vez que os ha costado encontrar la palabra adecuada para explicar cómo os estáis  sintiendo? Muchas veces no tenemos en mente todas las palabras que existen para hacer referencia a nuestras emociones. Con este post queremos contribuir a refrescar la memoria sobre algunas palabras asociadas con la felicidad. Tener más vocabulario nos ayuda a poder expresar mejor lo que sentimos y a que los demás puedan entendernos mejor. Os dejamos algunos ejemplos, aunque podéis encontrar más información en Universo de Emociones.

 

FELICIDAD

SATISFACCIÓN

DICHA

GOZO

ARMONÍA

PLENITUD

TRANQUILIDAD

SERENIDAD

SOSIEGO

CALMA

BIENESTAR

 

Retazos del blog: Una historia llena de emociones

¿Creíais que el cuento había terminado? Aunque en realidad la historia acabó con las emociones básicas os dejamos con un pequeño flashback… Por si no habéis leído las entradas anteriores, os dejamos los links.

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte                Quinta parte           Sexta parte

Gabriel reía y reía, ¡se lo estaba pasando en grande! Corría de un lado a otro por la habitación mientras su amigo lo perseguía. Cuando estaba a punto de se atrapado siempre lograba escabullirse, se sentía orgulloso de ser tan ágil. ¿Tal vez demasiado orgulloso?

De pronto tropezó y cayó al suelo, ¡qué daño se hizo! Y el monstruo, que parecía ajeno a su dolor, aprovechó para atraparlo. Una ola de indignación invadió a Gabriel. –¡¡¡Eso no vale!!!­- El monstruo lo miró con curiosidad, apartándose un poco de él. Pero Gabriel seguía lleno de cólera. – ¡Eres un tramposo!¡Te odio!- Y diciendo esto le propinó un puñetazo a su amigo. Este abrió muchísimo los ojos, miró fijamente a Gabriel y… Comenzó a llorar.

Gabriel quedó muy sorprendido y descolocado, pero tras la impresión inicial inmediatamente se empezó a sentir muy culpable. Su estado de ánimo cambió, se empezó a notar más calmado y acercándose al monstruo lo abrazó con cariño. –No llores, venga…­- Pero el monstruo continuaba llorando, parecía sumido en su pena… Gabriel se empezó a angustiar, ¿qué podía hacer? Probaría otra estrategia. – Venga, vamos a jugar… – Dijo acercándole un cochecito. Pero no funcionó. Finalmente lo volvió a abrazar con ternura – Va, no llores más… ¿Me perdonas?- El monstruo pareció salir de aquél estado de profunda tristeza, lo miró a los ojos y le devolvió el abrazo.

Gabriel, satisfecho de haber conseguido que su amigo dejara de llorar eligió de entre todos sus juguetes un avioncito y se sentó a jugar en la alfombra. Se empezó a imaginar que el avión volaba por encima de unas montañas y tenía que subir cada vez más y más alto… De pronto escuchó un ruido seco detrás de él. Al girarse se encontró con alguien que le era muy familiar. Al principio quedó muy sorprendido, ¿qué hacía allí? Pero la sorpresa fue remplazada inmediatamente por una inmensa alegría. Se levantó de un salto y corrió a abrazar a su madre.

En esta nueva entrega nuestros personajes se han visto embargados por diferentes emociones secundarias: orgullo, curiosidad, odio… Pero también hemos visto otro aspecto a tener en cuenta en nuestro día a día, la importancia de poder gestionar las emociones. Precisamente de esto hablaremos durante la próxima entrega, sobre la percepción y gestión de nuestras emociones y las de los demás. ¡Bienvenidos al mundo de la inteligencia emocional!

Encuesta: segunda parte

Hace unos días os preguntábamos por las emociones que os resultaban más difíciles de gestionar. Hoy queremos conocer la otra cara de la moneda: ¿Qué emoción de la lista os resulta más fácil de gestionar?

Encuesta

Encuesta navideña

¡Queremos saber tu opinión!

Retazos del blog: Introducción a las emociones secundarias

Cuando hablamos de emociones secundarias nos estamos refiriendo a todas aquellas emociones que NO son básicas. Las seis emociones básicas definidas por Ekman (miedo, rabia, sorpresa, alegría, tristeza y asco) se consideran el núcleo a partir del cual se extiende el amplio espectro de emociones que sentimos.

Por ejemplo, dentro de las emociones secundarias procedentes de la alegría están el amor, el placer, la diversión, la euforia, el entusiasmo y la gratificación. Si hablamos de emociones secundarias que descienden del asco encontramos: la repugnancia, el rechazo, la antipatía, el disgusto y el desprecio. En el campo de la rabia se descubren emociones secundarias como la cólera, el rencor, el odio, la irritabilidad, el enfado y la impotencia. Algunas de las emociones secundarias derivadas del miedo son la angustia, el desasosiego, la incertidumbre, la preocupación, el horror y el nerviosismo. En el caso de la sorpresa podemos nombrar el desconcierto, el sobresalto, la admiración y el asombro. Y por último, la tristeza es el origen de emociones secundarias como la pena, la soledad, el pesimismo, la compasión y la decepción.

Emociones secundarias

A pesar de que las emociones secundarias no fueron objeto de análisis dentro de la teoría de las emociones básicas de Ekman, muchos de los hallazgos al respecto siguen la perspectiva de este autor. Las emociones secundarias tienen algunas particularidades que las distinguen de las emociones básicas. La primera es que normalmente estas emociones son más susceptibles a la influencia del contexto sociocultural en el cuál se dan. Por ello, pueden variar sutilmente en las diferentes zonas geográficas y mostrar ciertas peculiaridades culturales. La otra cosa es que normalmente las emociones secundarias en su gran mayoría son fruto de las relaciones interpersonales, es decir, nacen de nuestra relación con los otros.

Los seres humanos vivimos en sociedad, por lo que estamos habituados a relacionarnos y comunicarnos con otras personas. Muchas de las emociones secundarias que hoy conocemos tienen su origen en dicha interacción personal. Es decir, estas emociones no son producto de un estímulo cualquiera, sino que nacen como reacción al comportamiento de otra persona.  Se puede tratar de un hecho intencionado o casual, puede ser algo que me afecte en primera persona o dirigido a otra persona, puede provenir de una persona conocida o desconocida… Es indiferente, lo importante en este punto es que existe un responsable de lo que sentimos. Este dato puede marcar la diferencia entre sentir una emoción básica o una emoción secundaria. Para ahondar más en este tema os invito a seguir leyéndonos durante estos meses.