Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Tercer capítulo: SORPRESA

Os dejamos con la tercera parte del cuento. Si no habéis leído las anteriores, podéis encontrarlas en los siguientes links:

Primera parte: https://paraemocionarse.wordpress.com/2016/07/25/retazos-del-blog-una-historia-llena-de-emociones

Segunda parte: https://paraemocionarse.wordpress.com/2016/08/01/retazos-del-blog-una-historia-llena-de-emociones-2

Antes de empezar a leer, os recomendamos que cliquéis en el botón naranja, para poder escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

La cabeza me dolía muchísimo. Abrí los ojos y todo estaba borroso, me costó varios segundos conseguir ver una imagen nítida. No tenía muy claro lo que había pasado, lo último que recordaba era estar entre los árboles con aquél ser persiguiéndome… Sin embargo, ahora ya no estaba en el bosque. Me encontraba tendido en una mullida cama. ¿Qué estaba haciendo allí? En esos momentos no entendía nada… Giré la cabeza y descubrí, sobre una brillante bandeja, un apetitoso desayuno. Tenía muy buena pinta, pero de todos modos me invadió la desconfianza. Acerqué la nariz a la bandeja intentando percibir algún olor extraño, pero no logré distinguir nada sospechoso.

Pensé que sería mejor levantarse, cosa que hice con un poco de dificultad. Me sentía bastante dolorido y con la cabeza embotada. Empecé a recorrer la habitación y a medida que caminaba un escalofrío me fue recorriendo la espalda. Y es que no sabía por qué, pero aquello me era extrañamente familiar.

Había muchas estanterías, todas llenas de libros. Cuando me acerqué a investigar qué contenían pude ver que la mayoría eran libros clásicos y cuentos infantiles. ¿Cuentos infantiles? Aquella no parecía una habitación infantil… ¿O sí? Ahora que me fijaba, sí que había algunos detalles que indicaban que allí podría haber habido un niño, como un cuaderno de caligrafía sobre la mesa y un pequeño cochecito de juguete. Sin embargo esos detalles contrataban con el estilo de la habitación. Cada vez me sentía más sorprendido e inquieto.

Un ruido en el exterior me devolvió a la realidad. Por unos minutos me había olvidado del monstruo. ¿Realmente me había llevado él a ese lugar? Fuese como fuese era conveniente que me preparara por si volvía. Recorrí la habitación con la mirada buscando algo para defenderme. Entonces me fijé en una especie de cesta de mimbre cerrada, colocada junto al lateral de la mesa. Al abrirla descubrí que mi teoría era cierta, estaba repleta de juguetes.

Empecé a revolver intentando encontrar algo que me sirviera para defenderme si volvía aquél ser. Había una espada de madera. No parecía muy fuerte, pero mejor era eso que nada. Y cuando iba a cerrar la tapa vislumbré entre los juguetes una fotografía. La cogí y mis ojos se abrieron como platos, estaba boquiabierto. Era una foto de mi hijo de 5 años, en realidad una foto hecha por mí. Inmediatamente, tras la sorpresa inicial, me invadió el miedo, ¿le habría pasado algo? ¿Lo tendría el monstruo en su poder? Debía actuar, salir inmediatamente de aquella habitación. Me dirigí a la puerta, la derribaría si hacía falta. Para mi sorpresa, al intentar girar el pomo descubrí que la puerta estaba abierta. Salí con la espada de juguete en la mano dispuesto a enfrentarme a lo que fuera.

Y aquí termina la nueva entrega del cuento. ¿Os ha gustado?¿Os ha hecho gracia que el personaje salga de la habitación armado con la espada de juguete? Si es así, os animamos a que sigáis con la sonrisa en los labios, en el próximo mes hablaremos de la alegría.

Encuesta sobre las emociones básicas

Cada día podemos sentir múltiples emociones, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Habrá épocas donde algunas emociones sean más predominantes que otras. Por ejemplo, en una época llena de nuevos proyectos que nos gustan puede predominar la alegría, en una época de cambio puede predominar el miedo, tras una pérdida puede predominar la tristeza… En estos momentos, ¿cuál es la emoción predominante en tu vida?

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Experiencias personales 4

Retazos del blog: Magia, sorpresa y engaño

¿Qué es lo que nos atrae de la magia? ¿Cómo puede un mago dejarnos hipnotizados con sus trucos? En realidad la magia siempre juega con la sorpresa. Imaginad el típico truco en el que el mago rompe en pedazos la carta que habéis escogido. Pero luego, mágicamente, la carta aparece en su bolsillo, intacta, y es exactamente la vuestra. Nos sorprende porque es algo inesperado. Hemos visto cómo se rompía la carta, nuestra lógica nos dice que una vez destruida no puede volver a su estado anterior, pero allí la tenemos, delante nuestro.

Naturalmente, siempre sabemos que hay un truco detrás. Pero lo bonito es justamente que nos dejemos llevar y sorprender por la magia. De todos modos, no todo el mundo es igual. Hay personas a las que no le gusta bajar la guardia, y cuando ven un juego de magia intentan exclusivamente fijarse en los detalles que delaten al mago para poder averiguar el truco. Otros, aunque conozcan el truco de antemano, dependiendo de las personas que tengan delante quizás intenten hacer ver que no lo conocían y hacerse los sorprendidos.Emociones y magia

El problema es que hacerse el sorprendido puede ser más difícil de lo que parece, no es sencillo fingir sorpresa de manera creíble. Sobre todo porque, como ya hemos comentado anteriormente, la sorpresa apenas dura unos segundos. Por tanto, si vemos a alguien con una expresión de sorpresa que dura demasiado (normalmente más de uno o dos segundos), podemos saber que la expresión es falsa. Además, lo habitual es que primero aparezca la expresión facial y luego la persona comunique verbalmente que se ha sorprendido, si sucede al revés no se tratará de una expresión sincera. Finalmente, existe la posibilidad de que no exista ninguna expresión facial de sorpresa (aunque se exprese verbalmente). Esto nos puede indicar que la persona no interpreta un hecho como novedoso, es decir, que ya lo conocía. Si nos dice lo contrario, probablemente nos está engañando.

Precisamente el engaño es también algo con lo que habitualmente juega un buen mago. Intenta distraer a su público, haciendo que se fije en unos detalles y no en otros, llevándole a su terreno. Aunque hay que recalcar que en la magia el engaño es consentido, ya que el público acepta dejarse llevar y sorprender por las ilusiones del mago, como en el ejemplo del juego de la carta que se rompe en pedazos, que hemos mencionado al principio del texto. Ahora que volvemos a hablar del juego, posiblemente os preguntéis cuál es exactamente el truco, pero la regla básica de la magia es que los trucos no se explican… De todos modos, aún queda espacio para reflexionar sobre el tema. ¿Qué es lo que os gusta a vosotros de la magia? ¿Qué emociones os suscita?

 

Retazos del blog: Segunda encuesta

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Retazos del blog: Esperando una sorpresa

Cuando hablamos de sorpresa existe una premisa indiscutible: el desconocimiento de lo que está por llegar. Es decir, no nos puede sorprender todo aquello que ya sabemos que sucederá o esperamos que suceda. Por ejemplo, si yo miro al cielo y pronostico que pronto lloverá, cuando vea que comienzan a caer las primeras gotas de lluvia no me sorprenderá, porque ya me lo esperaba. Necesitamos exponernos a estímulos novedosos o totalmente impredecibles para sentir sorpresa.

En muchos casos, estamos tan acostumbrados a intentar controlar cualquier situación, que resulta difícil que nos sorprendan. El concepto de “control de la situación” implica que se cumplan las expectativas que se tienen sobre el entorno. Pero ¿qué son las expectativas? Desde el punto de vista social, las expectativas son previsiones realizadas por un individuo acerca del comportamiento de los demás, examinando las posibilidades que ofrece una determinada situación. Es decir, las personas somos capaces de predecir cómo se comportaran los demás en una situación concreta; y dicha predicción no es aleatoria, está basada en un análisis de los factores que pueden ser relevantes, como el contexto, la personalidad del sujeto o las experiencias previas.esperando-una-sorpresa copia

Crearse expectativas es inevitable, incontrolable y a veces, inconsciente. Aunque pueda parecer ilógico, el ser humano sólo necesita unas fracciones de segundo para realizar una predicción de lo que acontecerá. Utilizamos las expectativas como herramienta para enfrentarnos y protegernos del mundo con el que nos relacionamos día a día. Es una habilidad que nos ayuda a sobrevivir, puesto que nos facilita anticipar una respuesta o una reacción ante las posibles escenas que se nos pueden presentar. Quizá si no tuviésemos la capacidad de realizar dichas predicciones con tanta rapidez nos sorprenderíamos más a menudo, pero ¿os podéis imaginar un mundo en el que todo nos sorprendiese? Como recordaréis, la sorpresa es una emoción que se presenta ante lo novedoso para obligarnos a prestar más atención de lo habitual. Si todo nos sorprendiese significaría que tendríamos que invertir el 100% de nuestra atención en cada paso que diésemos. Sin duda esto supondría un desgaste mental muy grande. Por otro lado, si siempre intentamos controlar la situación casi nada nos sorprenderá, lo cuál puede llegar a restringir nuestras emociones en determinados momentos de nuestra vida. Por ejemplo, si yo ya sé que mi pareja me pedirá matrimonio en la cena esta noche, ese momento no me sorprenderá y mis emociones serán menos intensas.

La sorpresa es una emoción que favorece la supervivencia y facilita la capacidad de emocionarse. Aún así, es necesario que las expectativas limiten en parte nuestra capacidad de sorprendernos para hacer más eficiente nuestro procesamiento mental. ¿Conocéis algún momento en el que sea bueno olvidar las expectativas y dejarse llevar?

Fin del mes de la sorpresa

Para terminar el mes os dejamos con la tercera parte del cuento. Si no habéis leído las anteriores, podéis encontrarlas en los siguientes links:

Primera parte:  https://paraemocionarse.wordpress.com/2011/07/29/fin-del-mes-del-miedo/

Segunda parte: https://paraemocionarse.wordpress.com/2011/08/29/fin-del-mes-de-la-rabia/

Antes de empezar a leer, os recomendamos que cliquéis en el botón naranja, para poder escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

La cabeza me dolía muchísimo. Abrí los ojos y todo estaba borroso, me costó varios segundos conseguir ver una imagen nítida. No tenía muy claro lo que había pasado, lo último que recordaba era estar entre los árboles con aquél ser persiguiéndome… Sin embargo, ahora ya no estaba en el bosque. Me encontraba tendido en una mullida cama. ¿Qué estaba haciendo allí? En esos momentos no entendía nada… Giré la cabeza y descubrí, sobre una brillante bandeja, un apetitoso desayuno. Tenía muy buena pinta, pero de todos modos me invadió la desconfianza. Acerqué la nariz a la bandeja intentando percibir algún olor extraño, pero no logré distinguir nada sospechoso.

Pensé que sería mejor levantarse, cosa que hice con un poco de dificultad. Me sentía bastante dolorido y con la cabeza embotada. Empecé a recorrer la habitación y a medida que caminaba un escalofrío me fue recorriendo la espalda. Y es que no sabía por qué, pero aquello me era extrañamente familiar.

Había muchas estanterías, todas llenas de libros. Cuando me acerqué a investigar qué contenían pude ver que la mayoría eran libros clásicos y cuentos infantiles. ¿Cuentos infantiles? Aquella no parecía una habitación infantil… ¿O sí? Ahora que me fijaba, sí que había algunos detalles que indicaban que allí podría haber habido un niño, como un cuaderno de caligrafía sobre la mesa y un pequeño cochecito de juguete. Sin embargo esos detalles contrataban con el estilo de la habitación. Cada vez me sentía más sorprendido e inquieto.

Un ruido en el exterior me devolvió a la realidad. Por unos minutos me había olvidado del monstruo. ¿Realmente me había llevado él a ese lugar? Fuese como fuese era conveniente que me preparara por si volvía. Recorrí la habitación con la mirada buscando algo para defenderme. Entonces me fijé en una especie de cesta de mimbre cerrada, colocada junto al lateral de la mesa. Al abrirla descubrí que mi teoría era cierta, estaba repleta de juguetes.

Empecé a revolver intentando encontrar algo que me sirviera para defenderme si volvía aquél ser. Había una espada de madera. No parecía muy fuerte, pero mejor era eso que nada. Y cuando iba a cerrar la tapa vislumbré entre los juguetes una fotografía. La cogí y mis ojos se abrieron como platos, estaba boquiabierto. Era una foto de mi hijo de 5 años, en realidad una foto hecha por mí. Inmediatamente, tras la sorpresa inicial, me invadió el miedo, ¿le habría pasado algo? ¿Lo tendría el monstruo en su poder? Debía actuar, salir inmediatamente de aquella habitación. Me dirigí a la puerta, la derribaría si hacía falta. Para mi sorpresa, al intentar girar el pomo descubrí que la puerta estaba abierta. Salí con la espada de juguete en la mano dispuesto a enfrentarme a lo que fuera.

Y aquí termina la nueva entrega del cuento. ¿Os ha gustado?¿Os ha hecho gracia que el personaje salga de la habitación armado con la espada de juguete? Si es así, os animamos a que sigáis con la sonrisa en los labios, en el próximo mes hablaremos de la alegría.

La curiosidad sorprendió al gato.

La curiosidad es el sistema emocional que nos motiva para buscar nuevas experiencias que conlleven un reto, que generen en nosotros nuevas sensaciones y emociones gratificantes. La curiosidad promueve en el ser humano comportamientos de exploración, investigación, aprendizaje y búsqueda activa de interacción con el ambiente que le rodea para obtener nueva información.

La curiosidad es innata, aunque hay personas más curiosas que otras. Existen estudios que dicen que las personas altamente curiosas están generalmente más satisfechas y tienen un mayor crecimiento personal.

La curiosidad está estrechamente relacionada con la sorpresa. En el momento de probar por primera vez una experiencia, lo más probable es que sintamos sorpresa ante la nueva situación, e inmediatamente después aparezca la emoción gratificante (o no) de alegría, tristeza, rabia…En definitiva, si uno es curioso, probablemente se llevará sorpresas.

Cuando hablamos de la sorpresa no nos referimos siempre a ella como a una emoción. Una sorpresa también es un objeto o situación que sabemos de antemano que nos provocará esta emoción. Los regalos de cumpleaños o de Navidad, son “sorpresas” materiales. Las situaciones nuevas que seocultan a la persona adelantando la típica frase de “es una sorpresa” (viaje sorpresa, visita sorpresa…) son “sorpresas” no materiales que también provocan esta emoción. Estas situaciones o objetos “sorpresa” causan, además, mucha curiosidad, que se activa cuando la persona empieza a especular sobre el contenido del regalo o a preguntarse en qué va a consistir el evento. La curiosidad generalmente crea un estado emocional gratificante y una gran satisfacción, a no ser que uno sea poco curioso.

A veces a la curiosidad se le suma la impaciencia hasta que acabamos “echando a perder la sorpresa”, es decir, descubriendo antes de lo previsto lo que alguien ha preparado para nosotros

¿Alguna vez habéis sentido tanta curiosidad por algo que habéis “echado a perder la sorpresa”?

Esperando una sorpresa

Cuando hablamos de sorpresa existe una premisa indiscutible: el desconocimiento de lo que está por llegar. Es decir, no nos puede sorprender todo aquello que ya sabemos que sucederá o esperamos que suceda. Por ejemplo, si yo miro al cielo y pronostico que pronto lloverá, cuando vea que comienzan a caer las primeras gotas de lluvia no me sorprenderá, porque ya me lo esperaba. Necesitamos exponernos a estímulos novedosos o totalmente impredecibles para sentir sorpresa.

En muchos casos, estamos tan acostumbrados a intentar controlar cualquier situación, que resulta difícil que nos sorprendan. El concepto de “control de la situación” implica que se cumplan las expectativas que se tienen sobre el entorno. Pero ¿qué son las expectativas? Desde el punto de vista social, las expectativas son previsiones realizadas por un individuo acerca del comportamiento de los demás, examinando las posibilidades que ofrece una determinada situación. Es decir, las personas somos capaces de predecir cómo se comportaran los demás en una situación concreta; y dicha predicción no es aleatoria, está basada en un análisis de los factores que pueden ser relevantes, como el contexto, la personalidad del sujeto o las experiencias previas.

Crearse expectativas es inevitable, incontrolable y a veces, inconsciente. Aunque pueda parecer ilógico, el ser humano sólo necesita unas fracciones de segundo para realizar una predicción de lo que acontecerá. Utilizamos las expectativas como herramienta para enfrentarnos y protegernos del mundo con el que nos relacionamos día a día. Es una habilidad que nos ayuda a sobrevivir, puesto que nos facilita anticipar una respuesta o una reacción ante las posibles escenas que se nos pueden presentar. Quizá si no tuviésemos la capacidad de realizar dichas predicciones con tanta rapidez nos sorprenderíamos más a menudo, pero ¿os podéis imaginar un mundo en el que todo nos sorprendiese? Como recordaréis, la sorpresa es una emoción que se presenta ante lo novedoso para obligarnos a prestar más atención de lo habitual. Si todo nos sorprendiese significaría que tendríamos que invertir el 100% de nuestra atención en cada paso que diésemos. Sin duda esto supondría un desgaste mental muy grande. Por otro lado, si siempre intentamos controlar la situación casi nada nos sorprenderá, lo cuál puede llegar a restringir nuestras emociones en determinados momentos de nuestra vida. Por ejemplo, si yo ya sé que mi pareja me pedirá matrimonio en la cena esta noche, ese momento no me sorprenderá y mis emociones serán menos intensas.

La sorpresa es una emoción que favorece la supervivencia y facilita la capacidad de emocionarse. Aún así, es necesario que las expectativas limiten en parte nuestra capacidad de sorprendernos para hacer más eficiente nuestro procesamiento mental. ¿Conocéis algún momento en el que sea bueno olvidar las expectativas y dejarse llevar?

Magia, sorpresa y engaño

¿Qué es lo que nos atrae de la magia? ¿Cómo puede un mago dejarnos hipnotizados con sus trucos? En realidad la magia siempre juega con la sorpresa. Imaginad el típico truco en el que el mago rompe en pedazos la carta que habéis escogido. Pero luego, mágicamente, la carta aparece en su bolsillo, intacta, y es exactamente la vuestra. Nos sorprende porque es algo inesperado. Hemos visto cómo se rompía la carta, nuestra lógica nos dice que una vez destruida no puede volver a su estado anterior, pero allí la tenemos, delante nuestro.

Naturalmente, siempre sabemos que hay un truco detrás. Pero lo bonito es justamente que nos dejemos llevar y sorprender por la magia. De todos modos, no todo el mundo es igual. Hay personas a las que no le gusta bajar la guardia, y cuando ven un juego de magia intentan exclusivamente fijarse en los detalles que delaten al mago para poder averiguar el truco. Otros, aunque conozcan el truco de antemano, dependiendo de las personas que tengan delante quizás intenten hacer ver que no lo conocían y hacerse los sorprendidos.

El problema es que hacerse el sorprendido puede ser más difícil de lo que parece, no es sencillo fingir sorpresa de manera creíble. Sobre todo porque, como ya hemos comentado anteriormente, la sorpresa apenas dura unos segundos. Por tanto, si vemos a alguien con una expresión de sorpresa que dura demasiado (normalmente más de uno o dos segundos), podemos saber que la expresión es falsa. Además, lo habitual es que primero aparezca la expresión facial y luego la persona comunique verbalmente que se ha sorprendido, si sucede al revés no se tratará de una expresión sincera. Finalmente, existe la posibilidad de que no exista ninguna expresión facial de sorpresa (aunque se exprese verbalmente). Esto nos puede indicar que la persona no interpreta un hecho como novedoso, es decir, que ya lo conocía. Si nos dice lo contrario, probablemente nos está engañando.

Precisamente el engaño es también algo con lo que habitualmente juega un buen mago. Intenta distraer a su público, haciendo que se fije en unos detalles y no en otros, llevándole a su terreno. Aunque hay que recalcar que en la magia el engaño es consentido, ya que el público acepta dejarse llevar y sorprender por las ilusiones del mago, como en el ejemplo del juego de la carta que se rompe en pedazos, que hemos mencionado al principio del texto. Ahora que volvemos a hablar del juego, posiblemente os preguntéis cuál es exactamente el truco, pero la regla básica de la magia es que los trucos no se explican… De todos modos, aún queda espacio para reflexionar sobre el tema. ¿Qué es lo que os gusta a vosotros de la magia? ¿Qué emociones os suscita?

Nota: Fotografía cedida por Patricia Lázaro