Retazos del blog: Miedo al miedo

El miedo, como emoción básica, forma parte del repertorio emocional con el que convivimos día a día. Normalmente, suele acompañar a las experiencias negativas que de una forma u otra comprometen la supervivencia del individuo.

Cuando el miedo activa el cerebro, el organismo comienza a movilizarse. La ansiedad, en ese momento, es la herramienta que nos ayuda a centrar la atención en la amenaza, obligando a la mente a buscar obsesivamente una salida e ignorar todo lo demás. Es decir, el miedo utiliza la ansiedad para conseguir una respuesta rápida del organismo, tanto a nivel físico como mental.Miedo al miedo

El problema surge cuando la ansiedad se hace crónica e incontrolable. Cuando esto sucede, el miedo se generaliza a un amplio abanico de estímulos y situaciones que advierten de peligros que en realidad no existen o tienen baja probabilidad de ocurrir. Por ejemplo, se puede comenzar a tener miedo a ir al supermercado, al roce de una pluma, a viajar en avión, a las relaciones sociales, etc. En ese punto en que el estado de alarma permanentey el nerviosismo desbocado tienen repercusiones en la vida de quien lo padece, hablamos de trastornos de ansiedad, entre los que se incluyen: el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada, los ataques de pánico, los trastornos por somatización, las fobias, etc.

La ansiedad que es sumamente ventajosa en ciertas situaciones de verdadero peligro puede llegar a generar graves patologías que tienen como base una emoción muy común y extensamente conocida: el miedo. No resulta descabellado afirmar que muchas veces evitamos exponernos a ciertas situaciones para no tener que enfrentarnos a ese fantasma llamado miedo… ¿Es posible que nos dé miedo sentir miedo?

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Trastornos de la alimentación III: La obesidad

La obesidad es el trastorno de alimentación más prevalente en la sociedad actual. Este trastorno se caracteriza por un exceso de grasa acumulada en el organismo, que normalmente a nivel médico se define como un índice corporal (IMC) superior a 30. Es importante resaltar que la obesidad puede tener diferentes causas: biológicObesidad2as, genéticas, emocionales (como la ansiedad o la depresión), etc. Por supuesto, el origen de este trastorno es un importante factor a tener en cuenta si se quiere conseguir un tratamiento adecuado y eficaz.

Es bastante característico de la obesidad ir asociada a muchas otras complicaciones médicas (comorbilidades). Entre las más destacadas están: las dificultades respiratorias incluso con mínimo esfuerzo, la apnea del sueño, la dislipidemia (colesterol alto), los dolores articulares, los problemas de circulación sanguínea, la hipertensión arterial e incluso las cardiopatías. Evidentemente, este cuadro clínico tiene un gran impacto en la calidad de vida de estas personas.

Además, a todo esto se le suman los “estigmas sociales” que existen respecto a la obesidad. Ha sido demostrado que las personas obesas normalmente son consideradas como más perezosas, menos competentes, más descuidadas y carentes de autodisciplina, lo cuál puede llegas incluso a disminuir sus oportunidades de empleo. La repercusión de estos estigmas pueden conllevas disminución del autoconcepto y la autoestima, aumento de la ansiedad, distorsión de la imagen corporal y disminución de las relaciones interpersonales. En muchas ocasiones las personas obesas suelen sentir vergüenza y culpa durante la ingesta de alimentos, y también en relación a su aspecto físico. La frustración y la pena también pueden ser emociones habituales, sobre todo cuando se intenta perder peso y no se consigue. Quizá lo más preocupante de todas estas emociones es que pueden tener una repercusión muy importante en la vida, en las relaciones interpersonales, en la pareja o incluso en la dinámica familiar.

Existen muchas alteraciones hormonales que han sido relacionadas con la obesidad, como el aumento del cortisol, el déficit de la hormona de crecimiento, el hipotiroidismo, etc. Pero ninguna de ellas suele ser la causa más común de obesidad. Existen bastantes estudios que parecen inclinarse más claramente por el componente genético de este trastorno. Por ejemplo,Obesidad1 y solo a modo de curiosidad, me gustaría resaltar que existe una patología genética que implica una desregulación hormonal a nivel del hipotálamo, llamada Prader-Willi. Las personas que padecen Prader-Willi carecen de la sensación de saciedad desde su nacimiento, es decir, nunca sienten que tienen que parar de comer. Por eso, normalmente hay que controlar sus raciones de comida e incluso mantener la comida bajo llave para evitar que accedan a ella.

Al igual que ocurría en los dos trastornos de la alimentación comentados anteriormente, la obesidad no sólo requiere un abordaje médico (o quirúrgico), también requiere un abordaje psicológico y emocional personalizado que ayude al paciente obeso a alcanzar la reducción de peso que desea, a mejorar los hábitos de alimentación y ejercicio físico, y por supuesto, a reforzar su autoestima (autoconcepto). No se trata de un tema estético, sobre todo en edades avanzadas (a partir de los 50) será importante tratar y controlar el sobrepeso, ya que puede aumentar el riesgo de infarto y de muchos otros problemas cardiacos.

(Foto cedida por Anna Salido)

Experiencias personales: La no vida con un trastorno alimentario (II)

Esta es la segunda parte de un relato sobre la anorexia y la bulimia en primera persona. ¿No habéis leído la primera? Pinchad aquí.

(Artículo de colaboración, por B.D.)

Las crisis, los atracones y posteriormente los vómitos empezaron a ser una fuente de sensaciones para mí. Toda la emoción que no tenía en mi vida, la encontraba en mis rituales de ir a comprar comida a escondidas. Era un subidón de adrenalina, al hacer algo que sabía que no debía hacer, algo en el que me podían “pillar”. Sentía placer mientras me comía todo lo que durante tanto tiempo me había prohibido y que durante años había sido fuente de perdición para mí, y después rabia, asco y miedo, al vomitarlo todo. Básicamente lo que me aportaban esos rituales era sentirme VIVA, podía sentir cosas mientras hacía eso; me sentía VIVA al precio de estarme matando poco a poco. Lamentablemente llegó un momento en que esos episodios eran diarios, todo lo que ingería, el desayuno, la comida o la cena, lo vomitaba a escondidas. Y lo hacía bastante bien, ya que muchas personas tardaron tiempo en darse cuenta de lo que ocurría. Por las tardes, la soledad me proporcionaba tiempo y espacio para mis atracones. Mi vida acabó recluida entre las 4 paredes del baño, cinco o seis veces cada día. Me daban igual los ardores, las quemazones, sangrar de los vómitos; necesitaba castigarme por no ser NADA, por no sentirme NADA, por no ser lo suficientemente importante para nadie como para que me ayudara.Experiencias personales

 Los meses pasaban rápido. Cuando aún no hacía un año que estaba así empecé terapia. Por desgracia, mi relación con la terapeuta no cuajó. No duré demasiado con ella. Mi entorno familiar seguía siendo turbulento, somos una familia muy reducida, de pocos miembros, y en aquellos momentos cada uno tenía una situación vital muy diferente y muy complicada. Supongo que por ello, mi enfermedad tuvo vía libre para seguir comiéndome por dentro, degenerando mi cuerpo y mi cabeza, sin ponerle remedio. A los meses empecé una relación. Quería sentirme querida, apoyada y escuchada. Y lo conseguí. Claro que mi nueva pareja sabía de lo que había sufrido, pero nunca le dije hasta qué grado seguía metida en ello. Lo escondí, a él y a todo mi entorno. En apariencia mi relación con la comida cada día era más normal, pero no era del todo así. Cuando me independicé, separarme de aquél entorno familiar que tanto daño me había hecho, hizo que mis crisis empezaran a disminuir. Pero en mi huida hacia adelante, no calculé que huir al final no te lleva a ninguna parte. No afronté mis problemas cómo debe hacerse, de cara y reconociendo lo que te pasa. Simplemente los tapé. Con los años, las crisis fueron desapareciendo poco a poco, pero uno de sus elementos centrales, LA ANSIEDAD, me ha acompañado hasta hoy. Hoy por hoy, la ansiedad forma parte aún de mi vida. Mi relación con la comida es bastante normal, pero aún no he conseguido enfrentarme a ella sin miedos.Bulimia

Pero soy positiva, soy positiva porque cuando una persona quiere y se abre a la vida encuentra las soluciones o las vías para llegar a ellas, que siempre han estado ahí pero que por sus miedos nunca ha podido ver.

Necesitaba conocerme, necesitaba saber lo que quería en mi vida y lo que no, lo que estaba dispuesta a soportar y lo que no. Crecer como persona es saber cuáles son tus defectos pero también tus VIRTUDES. Valorar lo bueno en ti, en tu entorno y en tu vida. Valorarlo y aferrarte a ello y hacer que cada día cobre más protagonismo. Tomé decisiones duras, me divorcié, empecé a afrontar mi temida soledad y empecé a intentar vivir con ella, me concentré en mí, en mi hijo, y en saber qué es lo que necesitaba para ser feliz. Sólo empezando a definir quién soy y cómo quiero intentar llevar mi vida he empezado a tener fuerzas para enfrentar el último escalón de esta larga escalera que empezó diez años atrás. Valoro la vida que tengo, mi hijo, mis amigos (los de verdad, los que no me han dejado sola, los que han entendido y esperado y apoyado a que yo volviera ser yo, a los que aprecian cómo soy sin condiciones), a mi nueva pareja (que me hizo entender que debía perdonarme, que mi hizo entender que no debo cumplir las expectativas de nadie, que debo ser yo y así es como seré la preciosa persona por dentro y por fuera que siempre he querido ser), y mi familia (entender el sitio de cada uno, sus partes malas y sus partes buenas, y aprender a vivir con y para ellos pero sin exigirles nada y sin dejar que me exijan nada; respetando lo que son y haciendo respetar lo que soy, y aceptando el pasado de familia que tenemos y afrontando positivameExperiencias personales2nte el futuro que nos espera).

La vida es demasiado corta y complicada, tenemos la obligación de intentar vivirla plenamente, y apreciar la suerte que algunos hemos tenido de poderla vivir bien, de disfrutarla. Nos hemos de querer para poder querer a los demás, nos hemos de respetar para respetar a los demás. Y sobretodo enfrentar esos miedos que nos devoran por dentro para poder ser libres, libres para vivir y no perdernos ni un segundo de los que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Hace poco he decidido empezar terapia otra vez. Me lo merezco. Merezco ser ayudada en esto. No podemos pretender tener fuerzas siempre para todo. Las persona que hemos vivido estos trastornos somos supervivientes del peor enemigo que se puede tener, UNO MISMO. Es por ello que permitir que una persona preparada y dispuesta nos dé la mano para empezar el camino hacía la recuperación, es una oportunidad que estamos obligados a darnos a nosotros mismos, porque merecemos vivir bien después de lo sufrido. Siempre hay una salida a la situaciones, para encontrarla simplemente hay que empezar por afrontar el hecho que hay que buscarla.

Miedo al miedo

El miedo, como emoción básica, forma parte del repertorio emocional con el que convivimos día a día. Normalmente, suele acompañar a las experiencias negativas que de una forma u otra comprometen la supervivencia del individuo.

Cuando el miedo activa el cerebro, el organismo comienza a movilizarse. La ansiedad, en ese momento, es la herramienta que nos ayuda a centrar la atención en la amenaza, obligando a la mente a buscar obsesivamente una salida e ignorar todo lo demás. Es decir, el miedo utiliza la ansiedad para conseguir una respuesta rápida del organismo, tanto a nivel físico como mental.

El problema surge cuando la ansiedad se hace crónica e incontrolable. Cuando esto sucede, el miedo se generaliza a un amplio abanico de estímulos y situaciones que advierten de peligros que en realidad no existen o tienen baja probabilidad de ocurrir. Por ejemplo, se puede comenzar a tener miedo a ir al supermercado, al roce de una pluma, a viajar en avión, a las relaciones sociales, etc. En ese punto en que el estado de alarma permanentey el nerviosismo desbocado tienen repercusiones en la vida de quien lo padece, hablamos de trastornos de ansiedad, entre los que se incluyen: el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada, los ataques de pánico, los trastornos por somatización, las fobias, etc.

La ansiedad que es sumamente ventajosa en ciertas situaciones de verdadero peligro puede llegar a generar graves patologías que tienen como base una emoción muy común y extensamente conocida: el miedo. No resulta descabellado afirmar que muchas veces evitamos exponernos a ciertas situaciones para no tener que enfrentarnos a ese fantasma llamado miedo… ¿Es posible que nos dé miedo sentir miedo?