Retazos del blog: La pareja ideal

¿Creéis que mucha gente ha pensado alguna vez que existe una pareja ideal, casi perfecta? Curiosamente, a medida que nos hacemos mayores suele ser más difícil encontrar a personas que crean en ello. ¿Por qué? Entre otras cosas, tal vez la experiencia, tanto la nuestra como la de personas cercanas, contribuya a romper el mito…Pareja ideal

Y es que no hay parejas perfectas. De hecho, lo que sería perfecto para alguien puede ser inaceptable para otro. Sin embargo, hay parejas que funcionan muy bien juntas, que tienen una relación muy buena. ¿Cuál será su secreto? Los estudios sugieren que hay varios factores que pueden afectar a la satisfacción de la pareja. Entre ellos se encuentra el hecho de apoyar a las metas de la pareja, sentirse apreciado por el otro, sentir que la relación es equitativa, la calidad de la comunicación y la calidad de la vida sexual. Además, los estudios sobre parejas de larga duración sugieren que estas parejas tienen algunos elementos comunes. Por ejemplo, se adaptan bien a los cambios, tienen confianza mútua, afrontan las crisis, tienen un espacio compartido aunque mantienen su autonomía, siguen cultivando sus intereses, disfrutan de la compañía del otro y se ríen juntos.

¿Se ríen juntos? Contrariamente a lo pueda parecer, no es una tontería. Reírse libera endorfinas, nos hace sentir mejor y ayuda a reducir el estrés. Y cuando la risa es compartida, ayuda a estrechar lazos y a sentir más intimidad con el otro. En una relación de pareja es muy importante compartir experiencias positivas. ¿Os imagináis por qué? No sólo porque aumenta la satisfacción de la relación de pareja y el vínculo con el otro, también tiene un efecto importante sobre la salud. Los estudios médicos sugieren que tener una relación positiva contribuye a tener menos estrés, estar más sano y a tener un mejor sistema inmunológico. ¿Curioso?Pareja ideal 2

De todos modos, aunque es importante compartir buenos momentos, a veces será inevitable compartir momentos menos agradables. Puede haber etapas complicadas, como puede ser por ejemplo la enfermedad de un familiar o de la misma pareja. Esto puede llevar a una serie de cambios, como por ejemplo en la dinámica de pareja. En esos momentos, ofrecer apoyo y ayuda al otro será fundamental, así como intentar mantener una buena comunicación. Será básico intentar ponernos en el lugar del otro, aunque si no estamos seguros de lo que nuestra pareja necesita puede ayudar el preguntárselo directamente. De hecho, los estudios sugieren que una relación cercana con la pareja puede contribuir a un mejor proceso de adaptación a la enfermedad en ambos (tanto en quien sufre la enfermedad como en su pareja).

Conseguir que una pareja funcione y, sobre todo, que no se rompa no es sencillo. Cuando miramos las estadísticas sobre el número de parejas que se separan, los resultados son poco alentadores. Por ejemplo, según el Instituto Nacional de Estadística, en España durante el 2011 hubo 103.604 divorcios. Y sin embargo, la mayoría de la sociedad sigue apostando por la pareja. ¿Por qué? Tal vez sea porque el ser humano necesita creer en algo para seguir luchando por ello… De hecho, algunos estudios han encontrado una asociación entre el hecho de creer que la pareja durará para siempre y una mayor duración de la relación. ¿Vosotros qué opináis? ¿Creéis en las parejas para toda la vida? Según vuestra experiencia, ¿qué ayuda a que dure una pareja?

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¡Nos vamos de vacaciones!

Ya ha llegado el verano, y como es habitual por estas fechas, ¡nos vamos de vacaciones! Pero no os preocupéis, esto no significa que desaparezcan las publicaciones, aprovecharemos este periodo para repasar algunos artículos que publicamos hace un tiempo.

¡Os deseamos muy buenas vacaciones a todos! ¡Nos vemos a la vuelta!

EL ESTRÉS CRÓNICO: ¿Una nueva epidemia?

El estrés es algo con lo que debemos lidiar día a día, de algún modo, forma parte de nuestra vida. La vida conlleva situaciones estresantes, por ejemplo, llegar a tiempo para coger el autobús, hablar en público, estar atrapado con el coche en un atasco, cambiar de trabajo, encargarte de cuidar a un ser querido, las disputas con un amigo o compañero laboral y un largo etcétera. De hecho, este tipo de situaciones pueden llegar a ser tan habituales que pueden hacer que una persona se vea inmersa en un estrés prolongado o crónico.

El estrés prologando o crónico puede tener consecuencias en la salud. Las personas con estrés crónico pueden padecer problemas digestivos (como úlceras o intolerancias alimenticias), trastornos del sistema inmunológico (como las alergias o la anemia) y alteraciones en la piel (como la psoriasis o la dermatitis). A parte, el estrés crónico también puede desencadenar enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad generalizada.

Hay algunas recomendaciones sencillas que pueden ser de gran ayuda para prevenir o disminuir el estrés crónico, ¿prácticas alguna de ellas?

  1. Dedicarse tiempo a uno mismo:
 Buscar momentos para cuidarse y fomentar actividades que favorezcan el propio bienestar.
  2. Expresar los sentimientos: 
No te guardes todas las tensiones y angustias, desahógate con frecuencia.
  3. Ejercicios de relajación:
 La respiración abdominal puede ayudar a relajarse física y mentalmente.
Practícala con frecuencia y notarás sus beneficios
  4. Descansar: El descanso es necesario para darle un respiro a nuestra mente. Es básico dedicar tiempo suficiente a reponer energías.
  5. Aceptar lo que está pasando: Evitar, huir o intentar obviar lo que está pasando no ayuda. Es importante ser consciente de las situaciones que causan estrés y buscar estrategias para afrontarlo.
  6. Realizar actividad física: El ejercicio físico elimina el exceso de activación propio del estrés y favorece la relajación muscular.
  7. Cambiar el punto de vista: Habitualmente nuestra mente tiende a fijarse en aquello que no ha salido bien o que ha sido molesto; sin embargo, suelen acontecer también muchas cosas agradables que se pasan por alto. Dedica un rato cada noche a pensar en las cosas buenas que te pasaron a lo largo del día.
  8. Evitar la “salida fácil”: Aunque ciertas opciones como fumar, beber alcohol o tomar tranquilizantes pueden suponer un alivio inmediato no serán una solución a largo plazo.

¿Cómo te sientes en tu día a día?

Hay épocas en la vida en que vamos haciendo cosas sumidos en la inercia del día a día y seguimos adelante sin apenas pararnos a reflexionar. Y a veces es importante hacer una pausa y revisar si estamos contentos/as con cómo va todo. Más de uno se puede sorprender al darse cuenta de lo que poco ha ido dejando a un lado sumido en el estrés del día a día.

En relación a este tema, me gustaría hablar sobre un modelo que planteó Paul Gilbert, en el que hablaba de tres sistemas neurobiológicos que son clave en el funcionamiento humano. Estos serían los tres sistemas:

  • Sistema de satisfacción, calma y seguridad: Es el que nos proporciona, calma, alegría y seguridad. Se suele activar en situaciones sociales satisfactorias, con personas significativas.
  • Sistema de amenaza y protección: Se activa en situaciones de amenaza y está relacionado con el miedo, enfado, ansiedad… A veces también se puede activar sin una amenaza clara externa, como por ejemplo cuando nos sentimos preocupados por posibles situaciones futuras.
  • Sistema de logro: Es el que nos impulsa a conseguir cosas. Actualmente, ya no se trata de conseguir lo básico para sobrevivir (comida, refugio…) sino que en la sociedad de consumo muchas veces el logro está relacionado con tener más y mejores cosas.

Según Gilbert, actualmente la sociedad se caracteriza por un incremento del sistema de amenaza (somos muy críticos con nosotros mismos, solemos estar preocupados…) y del logro (asociado al consumismo y a la búsqueda de un mejor estatus social). En cambio el sistema de satisfacción se encuentra más relegado hoy en día. En vuestro caso, ¿esto es así? Os invito a que escribáis en un papel las distintas actividades que realizáis durante un día normal y luego contéis cuántas fomentan la seguridad y calma. Si os parece que son escasas, decidme, ¿qué actividades podrías hacer en el día a día para fomentar vuestro bienestar?

La tristeza después del parto

Aunque muchas mujeres experimentan una inmensa alegría y sensación de plenitud una vez que tienen a su bebé entre los brazos, a veces también pueden sentir tristeza. La tristeza postparto (o “baby blues”) es un fenómeno que se utiliza para describir los sentimientos de preocupación, tristeza y fatiga que experimentan muchas mujeres después de tener un bebé.

Se calcula que la tristeza postparto puede darse hasta en el 80% de las madres. Los bebés requieren mucho cuidado y atención, es normal que las madres se sientan preocupadas constantemente, cansadas o incluso exhaustas de proporcionar esos cuidados. La tristeza postparto no es un trastorno psicológico ni una patología psiquiátrica. Normalmente los síntomas de tristeza o decaimiento son leves y suelen durar una o dos semanas hasta finalmente desaparecer por sí solos.

Es importante diferenciar entre la tristeza postparto y la depresión postparto. En el caso de la depresión postparto los sentimientos de tristeza son muchos más intensos e incluso, en casos extremos, pueden llegar a afectar a la capacidad de la mujer para cuidar de si misma y de su bebé. La depresión postparto suele ocurrir entre el 2-15% de los partos. Puede empezar un poco antes o en cualquier momento después del parto, aunque lo más habitual es que comience entre una semana y un mes después del parto.

La depresión postparto no tiene una causa, suele ser una combinación de factores físicos (como la alteración hormonal) y factores emocionales (como la ansiedad). Después de dar a luz, los niveles de estrógenos y progesterona bajan rápidamente, esto puede producir alteraciones en el cerebro que finalmente desencadenan cambios en el estado de ánimo. Además, la falta constante de sueño puede generar agotamiento físico y mental, que generalmente contribuyen a los síntomas de depresión. Es decir, la depresión postparto no ocurre por algo que la madre haga o deje de hacer. Es algo que le puede suceder a cualquier mujer, independientemente de su edad, raza, origen étnico o situación socioeconómica.

Mientras la tristeza postparto no requiere de tratamiento, en la depresión postparto el tratamiento es necesario. Debido a la severidad de los síntomas, la depresión postparto puede durar meses o años si no se le pone tratamiento. La psicoterapia y los fármacos antidepresivos son tratamientos que resultan eficaces en casos de depresión postparto. Lo importante es consultarlo con un médico para poder diagnosticarlo y tratarlo lo antes posible.

La tristeza postparto y la depresión postparto son realidades de las que no se suele hablar ¿Por qué? ¿Cuesta admitir que existe tristeza después del parto?

12 ideas para sentirnos mejor

Aquí tenéis 12 ideas para sentiros mejor:

– Practica un hobby
– Duerme lo que necesites
– Sigue una dieta saludable
– Haz deporte
– Invierte tiempo en personas importantes para ti
– Rodéate de personas que te hagan sentir bien
– Guárdate un momento para ti cada día (aunque solo sean 5 minutos)
– Revisa cada noche los buenos momentos del día y vuelve a sentir esas emociones positivas
– Agradece los buenos momentos
– Acuérdate de cuidarte y tratarte con cariño
– Trata de disfrutar los pequeños momentos positivos de cada día
– Practica el mindfulness

¿Se os ocurren más ideas?

La mente como sexto sentido

Este fin de semana he estado en un retiro en Zaragoza dirigido por Javier García Campayo y Mayte Navarro. Concretamente, se trataba de un retiro de mindfulness que hacía especial énfasis en la aceptación. Para los que no sepáis lo son este tipo de retiros, se trata de pasar un tiempo desconectado de la rutina realizando prácticas de meditación guiadas (meditación sentada y en movimiento), y donde también se proporcionan algunos conceptos teóricos. En algunos retiros (como el que he realizado yo) se practica también un tiempo de silencio. Aunque toda experiencia ha sido muy enriquecedora en general, ha habido un concepto concreto que me ha parecido especialmente interesante y me gustaría compartir con vosotros.
Se trata de la idea de considerar la mente como un sexto sentido. Si lo pensamos, nos daremos cuenta de que no podemos desconectar de ninguno de los sentidos. Podemos intencionadamente utilizar uno de nuestros sentidos (fijarnos en algo, oler o tocar algo…), pero cuando ya no se trata de algo intencionado, aunque no les prestemos atención en realidad nuestros sentidos continúan siempre activos. Y lo mismo ocurre con la mente. Podemos pensar intencionadamente (planificar, recordar la lista de la compra…), pero cuando dejamos de pensar voluntariamente la mente sigue su actividad. Así, van surgiendo recuerdos, tareas pendientes, asociaciones… Nuestra mente en realidad no se desconecta, como ocurre con el resto de sentidos.
Lo curioso es que nosotros no tratamos a los fenómenos mentales como al resto de experiencias sensoriales. Voy a tratar de explicarlo, siguiendo la línea de lo que nos comentaron en el retiro. Si por la calle veis o tocáis algo (por ejemplo, una estatua), ¿por el simple hecho de verlo o tocarlo pensáis que es vuestro? Y en cambio, ¿por qué nos identificamos con nuestros pensamientos? Si en una situación social cometemos lo que para nosotros es un error y surge un pensamiento del tipo “eres un inútil”, ¿por qué lo hacemos nuestro y nos lo creemos, minando nuestra autoestima? Los pensamientos no son más que fenómenos mentales, nosotros no somos nuestros pensamientos. Seguramente muchos de nuestros pensamientos automáticos tienen que ver con nuestra historia y puede que incluso los hayamos aprendido de alguien.
Desidentificarse de los pensamientos, es decir, poder verlos con distancia y como algo ajeno a uno mismo, es muy importante para nuestro bienestar emocional. ¿Por qué? Sencillamente porque la mayor parte de nuestro malestar no viene de los pensamientos en sí, sino de cómo nos relacionamos con estos pensamientos. Una persona puede suspender un examen (por ejemplo, el del carnet de conducir) y pensar: “soy incapaz de hacer nada bien”. Esto sería un pensamiento automático, y concretamente un juicio y una generalización que no describen lo que ha sucedido (hemos suspendido este examen en concreto). Si nos quedamos enganchados al pensamiento es posible que tengamos ganas de tirar la toalla y nos sintamos desanimados, pero si lo vemos con más distancia será más fácil no quedarnos rumiando y buscar una frase más positiva que nos ayude (como por ejemplo: no pasa nada, no soy ni el primero ni el último que suspende, lo volveré a intentar).
Por supuesto, ver nuestros pensamientos con distancia no es sencillo y se requiere práctica. Practicar mindfulness nos puede ayudar, aunque por supuesto existen más opciones. Un pequeño truco para el día a día que aprendimos en el retiro sería que cuando nos apareciera un pensamiento nos dijéramos “me ha venido un pensamiento de que…” en vez de quedarnos con el pensamiento (por ejemplo: soy tonto/a). Esto nos puede ayudar a ganar distancia. ¿Se os ocurre algún otro truco que os pueda ayudar a no identificaros con vuestros pensamientos?