El papel de las emociones básicas en la memoria

La memoria es una función cognitiva básica e importante para el ser humano. Podríamos decir que es la base de quienes somos y está implicada en cada una de las actividades que realizamos en el día a día. Por eso, cuando una lesión neuronal o una enfermedad (como el Alzheimer) limita el funcionamiento de la memoria, las consecuencias pueden ser devastadoras.

En ocasiones, he escuchado a gente afirmar que la memoria funciona como una cámara de video que graba todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida. O también que la memoria se asemeja a un ordenador que almacena información y recuerdos. Sin embargo, estas comparaciones no reflejan la verdadera naturaleza de la memoria y dejan de lado un aspecto fundamental, las emociones. Las emociones interfieren de manera directa en cómo se graba y se almacena la información y los recuerdos. Por ejemplo, es fácil que recordemos la cena de navidad en familia del año pasado pero que seamos incapaces de recordar lo que cenamos el pasado lunes.

La memoria suele priorizar los recuerdos asociados a emociones. En especial, las emociones básicas (sorpresa, miedo, rabia, alegría, asco y tristeza) son grandes aliadas a la hora de favorecer la memoria. Todos podemos recordar el día que nos dieron una buena noticia, como puede ser el día que se logra un ascenso en el puesto de trabajo o el nacimiento de un hijo; y seguro que también podemos recordar hechos tan significativos como la muerte de alguien o un accidente de tráfico. De hecho, es posible que podamos rememorar hasta las sensaciones físicas que sentimos en aquel momento. ¿Y a qué se debe? Se debe a que son momentos de intensa emoción que se quedan fijados con fuerza en la memoria. Esto mismo ocurre con los sucesos traumáticos. A lo largo de la vida, las personas viven una serie de sucesos que producen miedo y sufrimiento, y cuyo recuerdo puede resultar bastante doloroso. Aunque es posible que dichos sucesos traumáticos se quieran olvidar, resulta difícil sino imposible borrarlos de la memoria. La huella emocional es indeleble en la memoria.

Existen evidencias científicas de que la sorpresa también es clave para activar la memoria. Es decir, cualquier acontecimiento que resulte sorprendente, llamará nuestra atención y será recordado mejor que cualquier otro hecho que resulte rutinario. Por ejemplo, habitualmente no recordamos a las personas o los coches que nos cruzamos durante el recorrido desde el trabajo a casa y viceversa; sin embargo, si un día durante ese mismo recorrido vemos que están grabando una escena para una película o un spot publicitario es fácil que nos fijemos y recordemos cuántas personas había, qué estaban haciendo cada una de ellas, cómo iban vestidas o cualquier otro tipo de detalle.

Entender el funcionamiento de la memoria requiere tener en cuenta el papel que tienen las emociones en la fijación de los recuerdos. La memoria no es un disco duro que almacena información, la memoria está llena de contenido emocional. ¿Esto supone una ventaja o un inconveniente? ¿Creéis que las emociones pueden “distorsionar” o “sesgar” los recuerdos?

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