Emo-curiosidades: Un corto psico-educativo para gestionar las emociones

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Emo-curiosidades: Cuentos para trabajar las emociones en los niños

El aprendizaje emocional es algo muy importante que se puede trabajar desde edades muy tempranas. Una forma divertida para que los niños aprendan sobre las emociones es mediante los cuentos. Recientemente hemos estado revisando el tema y hemos descubierto que existen muchísimos cuentos infantiles que tratan sobre distintas emociones. En este link podréis encontrar información de más de 50 títulos. Decidnos, ¿conocéis más cuentos sobre emociones para niños que recomendaríais?

Un documental interesante sobre transexualidad en menores

Mientras buscábamos información relacionada con la transexualidad encontramos este interesante documental sobre transexualidad en menores. Relata varias historias, adentrándose en la vida de los protagonistas y sus familias en distintas fases y edades. También cuenta con la opinión de algunos profesionales. Realmente da que pensar… ¡Os animamos a que lo veáis!

Retazos del blog: La primera vez…

Para todo en esta vida hay una primera vez, cada experiencia, cada sensación, cada toma de contacto, cada detalle… Todo empieza nada más nacer. Es en nuestra infancia temprana cuando más experimentamos cosas por primera vez, ya que para nuestros sentidos y nuestro cerebro todo es nuevo. Es cierto que debido a la cantidad de estímulos existentes en nuestro entorno “las primeras experiencias” nunca terminan. Aun así, estas vivencias no pueden compararse con las que experimentamos siendo niños.

Por muchos, la infancia es considerada como uno de los periodos más felices de la vida del ser humano. Este hecho se debe a varios factores como: la carencia de preocupaciones y responsabilidades, la protección paternal, la falta de conciencia sobre las consecuencias, la ausencia de conocimientos previos y la vivencia de nuevas experiencias, entre muchos otros. Respecto a este último punto no sé si alguno recordaréis lo que sentisteis cuando montasteis en una atracción de feria por primera vez o cuando probasteis el algodón de azúcar o vuestro primer beso… Esos primeros momentos que consiguen sacarnos una sonrisa incluso cuando ya hace años que los vivimos. La clave está en la ILUSIÓN. Cuando somos niños ponemos muchísima ilusión en todo lo que hacemos, por eso es tan fácil ver ALEGRÍA en la cara de los niños.La sorpresa en la infancia

En este contexto entendemos la ilusión como la esperanza de que aquello que deseamos  saldrá bien. Este concepto suscita un planteamiento positivo y optimista ante la vida. El dejarse llevar por la esperanza y el optimismo favorece y fomenta la emoción de alegría, y a su vez dicha alegría promueve y mantiene el optimismo en el futuro, es como un círculo que se retroalimenta.

La alegría es una emoción que está muy ligada a la consecución de metas, objetivos, sueños o ilusiones. La ilusión que ponen los niños cuando hacen algo por primera vez (por muy simple que sea) es lo que hace tan pura e intensa la alegría que sienten. Seguro que en vuestra infancia ha habido momentos que hayáis vivido con especial alegría, incluso con exaltación… ¿Qué sentís cuando los recordáis?

La primera vez…

Para todo en esta vida hay una primera vez, cada experiencia, cada sensación, cada toma de contacto, cada detalle… Todo empieza nada más nacer. Es en nuestra infancia temprana cuando más experimentamos cosas por primera vez, ya que para nuestros sentidos y nuestro cerebro todo es nuevo. Es cierto que debido a la cantidad de estímulos existentes en nuestro entorno “las primeras experiencias” nunca terminan. Aun así, estas vivencias no pueden compararse con las que experimentamos siendo niños.

Por muchos, la infancia es considerada como uno de los periodos más felices de la vida del ser humano. Este hecho se debe a varios factores como: la carencia de preocupaciones y responsabilidades, la protección paternal, la falta de conciencia sobre las consecuencias, la ausencia de conocimientos previos y la vivencia de nuevas experiencias, entre muchos otros. Respecto a este último punto no sé si alguno recordaréis lo que sentisteis cuando montasteis en una atracción de feria por primera vez o cuando probasteis el algodón de azúcar o vuestro primer beso… Esos primeros momentos que consiguen sacarnos una sonrisa incluso cuando ya hace años que los vivimos. La clave está en la ILUSIÓN. Cuando somos niños ponemos muchísima ilusión en todo lo que hacemos, por eso es tan fácil ver ALEGRÍA en la cara de los niños.

En este contexto entendemos la ilusión como la esperanza de que aquello que deseamos  saldrá bien. Este concepto suscita un planteamiento positivo y optimista ante la vida. El dejarse llevar por la esperanza y el optimismo favorece y fomenta la emoción de alegría, y a su vez dicha alegría promueve y mantiene el optimismo en el futuro, es como un círculo que se retroalimenta.

La alegría es una emoción que está muy ligada a la consecución de metas, objetivos, sueños o ilusiones. La ilusión que ponen los niños cuando hacen algo por primera vez (por muy simple que sea) es lo que hace tan pura e intensa la alegría que sienten. Seguro que en vuestra infancia ha habido momentos que hayáis vivido con especial alegría, incluso con exaltación… ¿Qué sentís cuando los recordáis?

La sorpresa en la infancia

¿A qué edad se empieza a expresar la sorpresa? ¿Los bebés se sorprenden? A partir del tercer mes de vida aproximadamente los niños empiezan a mostrar las emociones básicas, y entre ellas, la sorpresa. Esta emoción se reconoce porque va acompañada de otros indicios como su expresión facial, que es parecida a la adulta, el brillo en los ojos y el aumento del ritmo cardíaco. Cuántas veces habremos visto en los bebés esas caritas estupefactas cuando algún objeto “desaparece” de su vista, o cuando escuchan un ruido repentino y desconocido para ellos. En el primer caso, la sorpresa va seguida de tristeza por la desaparición del objeto deseado, y en el segundo caso, la sorpresa va seguida por el miedo ante el ruido extraño. Como se ha dicho, tanto la sorpresa como las emociones que la siguen son innatas y por eso no requieren un aprendizaje, el bebé las expresará de forma espontánea. Sin embargo, la sorpresa requiere un cierto desarrollo cognitivo, pues surge ante algo inesperado y por tanto  implica la capacidad de comparar lo que ocurre con lo que se espera.

Durante la etapa de la primera infancia, el niño va creciendo y su capacidad de sorpresa y asombro va aumentando a medida que va descubriendo el mundo que le rodea. El bebé se vuelve curioso, explora, prueba, experimenta y descubre, sorprendiéndose ante cosas, objetos, comportamientos o sucesos cada vez más elaborados o sutiles.

Sin embargo, actualmente los niños se sorprenden menos que antes. La sociedad sobre-estimula a nuestros bebés y hace que éstos ya no se asombren ante muchos estímulos que deberían provocar asombro. Entre otras cosas los niños ya no se sorprenden ante estímulos algo ruidosos (sólo ante estímulos MUY ruidosos). Es importante dejar que los niños se sorprendan, no debemos sobreprotegerlos ni anular su motivación y curiosidad por las cosas nuevas que le rodean. Hemos de darles libertad para explorar su entorno a su ritmo. Pensad un poco sobre el tema, ¿qué es lo que aún sorprende a los niños hoy en día?

Una noche de miedo

“Era una noche fría y oscura de invierno en la que un viento espantoso no dejaba de golpear las ventanas. Sonidos de voces lejanas resonaban  como un eco que se repetía varias veces entre las paredes de la habitación. Se podía escuchar la madera crujiendo como si alguien intentase estrujarla con sus propias manos. En ese momento, un escalofrío le recorre la espalda, todas las fuerzas se concentran en sus músculos a pesar de estar paralizado, el sudor le recorre la frente, su corazón late fuerte, se puede oír el sonido de su respiración, abre los ojos intentando ver qué se esconde tras la intensa oscuridad…Y de repente, comienza a gritar…”

 ¿Es esto el relato de una simple pesadilla? Todos conocemos y hemos experimentado lo que es tener una pesadilla. Un sueño se convierte en pesadilla cuando nos resulta desagradable o nos produce cierta sensación de miedo que normalmente termina por despertarnos. En el caso del relato anterior lo que le sucede a esta persona es que, aún estando completamente dormida, manifiesta las características propias de un miedo atroz: sudoración, ritmo cardiaco acelerado, hiperventilación, ojos muy abiertos, pupilas dilatadas, agitación muscular (patadas o golpes), gritos, llanto… Pero sin llegar a ser consciente de ello, ni despertar en ningún momento. Este fenómeno es diferente de las pesadillas, y se le conoce con el nombre de terror nocturno.

Científicamente hoy en día no existe una explicación clara del por qué se producen los terrores nocturnos, pero existen varios factores con los que suelen asociarse, como la fiebre, la falta de sueño, el estrés emocional o los conflictos. Normalmente suelen presentarse durante la infancia, sobre todo en niños de entre 5 y 7 años, y desaparecen con el paso del tiempo. También pueden presentarse en adultos, especialmente en periodos de tensión emocional y/o consumo de alcohol.

 Cuando una persona sufre un terror nocturno no es necesario despertarla, a pesar de que pueda parecer angustiada. Un terror nocturno no dura más de 15 minutos y la persona no mantiene ningún recuerdo de lo sucedido. Lo más aconsejable en estos casos es intentar que la persona se relaje y siga durmiendo. Sabiendo esto, ¿alguien se atreve a ponerle fin a este relato?