Trastornos de la alimentación II: la bulimia nerviosa

Aunque en muchas ocasiones se hable de la bulimia y de la anorexia conjuntamente, debido a que tienen características en común, es importante saber que se trata de dos trastornos diferentes. Consideramos que una persona padece bulimia cuando dentro de su conducta alimenticia existen atracones de comida (en los que se puede llegar a ingerir el doble de comida de lo que suele ser habitual) seguidos de hábitos de compensación, como pueden ser los vómitos, la dieta estricta, el ejercicio físico intenso o el uso de laxantes. Se trata de un patrón de conductas que se repite con frecuencia, en el que los atracones de comida suelen ser vividos con la sensación de pérdida de control de uno mismo y las conductas compensatorias suponen una forma de intentar recuperarlo.Bulimia

Al igual que ocurre en la anorexia, en la bulimia también existe miedo a engordar tras los atracones, de ahí las conductas compensatorias o restrictivas que se realizan después. Pero a la vez existen muchas otras emociones que son muy intensas y específicas de este trastorno, como la culpabilidad y la angustia tras la ingesta exagerada de comida. Además, en estas personas existe un fuerte sentimiento de inseguridad emocional y normalmente baja autoestima (principalmente relacionada con la imagen corporal). Por lo que no resulta raro que presenten también síntomas ansiosos y/o depresivos.

Normalmente, la pérdida de peso en la bulimia no es tan exagerada como en la anorexia. De hecho, muchos de sus problemas fisiológicos no vienen derivados de la desnutrición, si no del abuso de las conductas compensatorias, principalmente los vómitos. Al expulsar de forma repetida y continuada el contenido del estómago se pueden producir complicaciones como rotura del esófago, neumotórax, problemas de aspiración/respiración, alteración del esmalte dental, aumento en la frecuencia de caries dentales, aumento e infección de las glándulas salivales, heridas frecuentes en la boca, deshidratación, dolores de garganta o disfonía. Otro factor bastante influyente en la salud de las personas con bulimia suelen ser los cambios bruscos en el peso, que a veces pueden ir acompañados de dolores de cabeza o migrañas, desmayos, mareos, alteraciones menstruales o incluso arritmias cardiacas.Bulimia22

A nivel hormonal, se han observado bajos niveles de leptina y altos niveles de neuropeptido Y, lo que sin duda fomentaría el apetito. Además, existen investigaciones que afirman que las mujeres con bulimia padecen un desequilibrio en las hormonas sexuales, concretamente parece que tienen altos los niveles de testosterona y bajos los niveles de estrógenos (al compararlos con los niveles que suelen ser habituales en las mujeres). Entre otras cosas, la testosterona también está directamente relacionada con la regulación del apetito, por lo tanto, un aumento de los niveles de esta hormona podría producir un aumento de la sensación de hambre e indirectamente fomentar la ingesta de alimentos de forma compulsiva. Pero, aunque ésto sea cierto, aún resulta precipitado afirmar que la testosterona sea la única causante de todo este complejo trastorno. Al igual que ocurre en otros tipos de trastornos de la conducta alimenticia, la bulimia conlleva un gran sufrimiento, por lo que resulta necesario que exista un soporte psicológico, si queremos conseguir su completa recuperación.

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Trastornos de la alimentación I: la anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa constituye hoy en día un problema importante en el mundo occidental, junto a otros trastornos de la alimentación. La anorexia nerviosa se caracteriza por el rechazo voluntario hacia la comida, el miedo obsesivo a engordar y la pérdida de peso debida a la inanición. La abstinencia de alimentos y por tanto, de energía, conlleva con el tiempo serias consecuencias en el funcionamiento del organismo, entre ellas: ritmo cardiaco lento (bradicardia), debilidad muscular, osteoporosis, amenorrea (carencia del ciclo menstrual), pérdida de cabello, vértigo, etc.Anorexia

Una vez que comienza el proceso de desnutrición y la pérdida de peso, los pacientes con anorexia nerviosa entran en un círculo vicioso del que les resulta difícil salir, ya que la malnutrición sustenta y mantiene el deseo de perder peso y de aumentar la dieta. Esto parece ir acompañado de una alteración en las hormonas que regulan la conducta alimenticia. Aunque todavía no esta claro el mecanismo, hay teorías que afirman que este círculo vicioso se sostiene debido a un aumento del cortisol y a la pérdida del equilibrio entre las hormonas que potencian el hambre y la saciedad.

A parte de estos síntomas fisiológicos, en la anorexia nerviosa existen una amplia variedad de síntomas psicológicos, emocionales y conductuales. En las personas que padecen este trastorno puede observarse como voluntariamente disminuyen total o parcialmente la ingesta de comida, sólo ingieren alimentos poco calóricos, suelen hacer ejercicio físico intenso e incluso pueden llegar a usar laxantes o diuréticos para conseguir su objetivo: la pérdida de peso. A pesar de su delgadez, siguen viéndose sobradas de peso (distorsión de la imagen corporal). De hecho, su preocupación por el peso es obsesiva, hasta tal punto que llega a afectar su dinámica de vida y sus relaciones sociales. Los ejemplos más claros suelen ser, el distanciamiento de los amigos, las mentiras constantes a la familia y el aislamiento. Existen casos en los que conjuntamente a la anorexia nerviosa aparecen otros trastornos psiquiátricos, como la depresión, la ansiedad o algún trastorno de la personalidad.Anorexia2

Aunque desde el punto de vista psicológico todavía no se ha esclarecido cuál es el origen de este trastorno, lo que si se conoce es la motivación que lo perpetua, una emoción concreta: el miedo. El miedo extremo a ganar peso es el obstáculo al que se enfrentan durante todo el proceso de recuperación y que no desaparece fácilmente. La comida, las calorías, los espejos, las básculas y en general todo lo relacionado con la imagen corporal conlleva ansiedad en estos pacientes. Aunque también son frecuentes otras emociones como por ejemplo la vergüenza a la hora de mostrar su cuerpo o la rabia ante la familia o las personas que pretenden controlar o vigilar que su alimentación sea la correcta. Por lo tanto, su recuperación requiere un enfoque fisiológico, que ayude a recuperar el equilibrio hormonal y restablecer el funcionamiento del organismo; pero también un enfoque emocional que mitigue el miedo a ganar peso que sustenta todo su comportamiento.