Audiocuento sobre emociones: La tristeza y la furia

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Experiencias personales: ¡Una menstruación de 5 años, sálvese quien pueda!

(Artículo de colaboración, por Cande)

Primero de todo quería felicitar a las autoras del blog, especialmente por el trabajo elaborado sobre el tema de la menopausia. Quisiera compartir mi experiencia  por si de alguna manera puede ayudar a alguna mujer  a sobrellevar los problemas que surgen en este periodo. En mi caso, los desarreglos hormonales tuvieron un efecto bastante negativo en mi carácter y en la forma de enfrentarme a los problemas cotidianos.

Fue concretamente en el periodo premenopáusico (aproximadamente a los 45 años) cuando empecé a encontrarme nerviosa y a la vez triste. Fui al médico y me dijo que tenía los síntomas de la premenopausia: depresión leve, irritabilidad, fatiga… Me recetó un tranquilizante y salí de la consulta  más angustiada y triste  de lo que había entrado, y con un gran  sentimiento de culpa por haber contraído aquella enfermedad. Peregriné por todo el pueblo hasta encontrar una farmacia apartada donde no me conocieran para que me dispensaran la receta.La Menopausia.

A pesar de la medicación, los episodios de emoción descontrolada y  agresividad iban en aumento y un día me encontré persiguiendo a mi hijo adolescente con una escoba, un mocho, una zapatilla… Nos habíamos encontrado los dos con las hormonas revueltas en el mismo momento.

Volví al médico y le pedí  ayuda para salvaguardar la vida de mi hijo. Me aumentó la medicación y busqué una farmacia nueva, esta vez en otro pueblo. Ciertamente, me he encontrado muy poco acompañada durante este periodo.

Más tarde, he descubierto que durante la premenopausia se agudizan  los síntomas que se hayan tenido durante la regla en los años anteriores y muchísimo más si la mujer está sometida a estrés. En mi caso, tener la menstruación me producía irritabilidad, tristeza y cambios de humor. Así que, si lo pienso ahora, esa etapa fue como si hubiera tenido una regla continuada durante años. Afortunadamente el periodo  se me retiró a los 51 años  y sentí un gran alivio, lástima que para ello haya tenido que envejecer… Pero finalmente pasé a la etapa de sosiego y control emocional en la que quiero estar.

Experiencias personales: La no vida con un trastorno alimentario (II)

Esta es la segunda parte de un relato sobre la anorexia y la bulimia en primera persona. ¿No habéis leído la primera? Pinchad aquí.

(Artículo de colaboración, por B.D.)

Las crisis, los atracones y posteriormente los vómitos empezaron a ser una fuente de sensaciones para mí. Toda la emoción que no tenía en mi vida, la encontraba en mis rituales de ir a comprar comida a escondidas. Era un subidón de adrenalina, al hacer algo que sabía que no debía hacer, algo en el que me podían “pillar”. Sentía placer mientras me comía todo lo que durante tanto tiempo me había prohibido y que durante años había sido fuente de perdición para mí, y después rabia, asco y miedo, al vomitarlo todo. Básicamente lo que me aportaban esos rituales era sentirme VIVA, podía sentir cosas mientras hacía eso; me sentía VIVA al precio de estarme matando poco a poco. Lamentablemente llegó un momento en que esos episodios eran diarios, todo lo que ingería, el desayuno, la comida o la cena, lo vomitaba a escondidas. Y lo hacía bastante bien, ya que muchas personas tardaron tiempo en darse cuenta de lo que ocurría. Por las tardes, la soledad me proporcionaba tiempo y espacio para mis atracones. Mi vida acabó recluida entre las 4 paredes del baño, cinco o seis veces cada día. Me daban igual los ardores, las quemazones, sangrar de los vómitos; necesitaba castigarme por no ser NADA, por no sentirme NADA, por no ser lo suficientemente importante para nadie como para que me ayudara.Experiencias personales

 Los meses pasaban rápido. Cuando aún no hacía un año que estaba así empecé terapia. Por desgracia, mi relación con la terapeuta no cuajó. No duré demasiado con ella. Mi entorno familiar seguía siendo turbulento, somos una familia muy reducida, de pocos miembros, y en aquellos momentos cada uno tenía una situación vital muy diferente y muy complicada. Supongo que por ello, mi enfermedad tuvo vía libre para seguir comiéndome por dentro, degenerando mi cuerpo y mi cabeza, sin ponerle remedio. A los meses empecé una relación. Quería sentirme querida, apoyada y escuchada. Y lo conseguí. Claro que mi nueva pareja sabía de lo que había sufrido, pero nunca le dije hasta qué grado seguía metida en ello. Lo escondí, a él y a todo mi entorno. En apariencia mi relación con la comida cada día era más normal, pero no era del todo así. Cuando me independicé, separarme de aquél entorno familiar que tanto daño me había hecho, hizo que mis crisis empezaran a disminuir. Pero en mi huida hacia adelante, no calculé que huir al final no te lleva a ninguna parte. No afronté mis problemas cómo debe hacerse, de cara y reconociendo lo que te pasa. Simplemente los tapé. Con los años, las crisis fueron desapareciendo poco a poco, pero uno de sus elementos centrales, LA ANSIEDAD, me ha acompañado hasta hoy. Hoy por hoy, la ansiedad forma parte aún de mi vida. Mi relación con la comida es bastante normal, pero aún no he conseguido enfrentarme a ella sin miedos.Bulimia

Pero soy positiva, soy positiva porque cuando una persona quiere y se abre a la vida encuentra las soluciones o las vías para llegar a ellas, que siempre han estado ahí pero que por sus miedos nunca ha podido ver.

Necesitaba conocerme, necesitaba saber lo que quería en mi vida y lo que no, lo que estaba dispuesta a soportar y lo que no. Crecer como persona es saber cuáles son tus defectos pero también tus VIRTUDES. Valorar lo bueno en ti, en tu entorno y en tu vida. Valorarlo y aferrarte a ello y hacer que cada día cobre más protagonismo. Tomé decisiones duras, me divorcié, empecé a afrontar mi temida soledad y empecé a intentar vivir con ella, me concentré en mí, en mi hijo, y en saber qué es lo que necesitaba para ser feliz. Sólo empezando a definir quién soy y cómo quiero intentar llevar mi vida he empezado a tener fuerzas para enfrentar el último escalón de esta larga escalera que empezó diez años atrás. Valoro la vida que tengo, mi hijo, mis amigos (los de verdad, los que no me han dejado sola, los que han entendido y esperado y apoyado a que yo volviera ser yo, a los que aprecian cómo soy sin condiciones), a mi nueva pareja (que me hizo entender que debía perdonarme, que mi hizo entender que no debo cumplir las expectativas de nadie, que debo ser yo y así es como seré la preciosa persona por dentro y por fuera que siempre he querido ser), y mi familia (entender el sitio de cada uno, sus partes malas y sus partes buenas, y aprender a vivir con y para ellos pero sin exigirles nada y sin dejar que me exijan nada; respetando lo que son y haciendo respetar lo que soy, y aceptando el pasado de familia que tenemos y afrontando positivameExperiencias personales2nte el futuro que nos espera).

La vida es demasiado corta y complicada, tenemos la obligación de intentar vivirla plenamente, y apreciar la suerte que algunos hemos tenido de poderla vivir bien, de disfrutarla. Nos hemos de querer para poder querer a los demás, nos hemos de respetar para respetar a los demás. Y sobretodo enfrentar esos miedos que nos devoran por dentro para poder ser libres, libres para vivir y no perdernos ni un segundo de los que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Hace poco he decidido empezar terapia otra vez. Me lo merezco. Merezco ser ayudada en esto. No podemos pretender tener fuerzas siempre para todo. Las persona que hemos vivido estos trastornos somos supervivientes del peor enemigo que se puede tener, UNO MISMO. Es por ello que permitir que una persona preparada y dispuesta nos dé la mano para empezar el camino hacía la recuperación, es una oportunidad que estamos obligados a darnos a nosotros mismos, porque merecemos vivir bien después de lo sufrido. Siempre hay una salida a la situaciones, para encontrarla simplemente hay que empezar por afrontar el hecho que hay que buscarla.

Experiencias personales: La no vida con un trastorno alimentario (I)

Después de leer las entradas anteriores seguramente ya tendréis una idea de lo que son la anorexia y la bulimia. A continuación podréis leer un relato en primera persona escrito por alguien que pasó por las dos experiencias. ¿Cómo puede ser? Bueno, la teoría es siempre muy clara en los manuales, pero en la vida real las cosas a veces son un poco diferentes… Creemos que es interesante que podáis ver la experiencia de la anorexia y la bulimia a través de los ojos de nuestra protagonista, para entender todas las emociones que pueden haber detrás.

(Artículo de colaboración, por B. D.)

El miedo, el miedo siempre ha estado ahí. Como el motor poco potente pero persistente que me ha acompañado desde niña hasta ahora y que se ha transformado en mil cosas: en inseguridad, en angustia, en tristeza…. En demasiadas cosas. Hubo muchas razones que a lo largo de los años se fueron uniendo y formando el conjunto de cosas que me llevaron a caer en la anorexia y en la bulimia. Podríamos empezar nombrando las mofas de mis compañeros de clase (esas bromas humillantes y persistentes que a lo largo de los años minan la seguridad de una persona en sí misma, hechas muchas veces sin consciencia de su repercusión, pero el eco de las cuales llega muy lejos en la vida de algunas personas), los problemas de convivencia de mis padres, su posterior divorcio, mi extrema sensibilidad hacia todo, hacia los sentimientos, hacia la música, hacia el arte, hacia las acciones de las Experiencias personales 4personas… Un largo etcétera.

Mi miedo se convirtió desde muy pronto en miedo a fallar a los demás, en miedo a no ser suficiente para merecer su atención y su cariño, en miedo a la soledad. Daba igual en qué contexto fuera, en la escuela, en casa, todos mis comportamientos se encaminaban a agradar a los otros para que me aceptaran y quisieran estar conmigo.

La infancia ya estuvo marcada por mis problemas con la comida, fui un bebé muy mal comedor, y una niña con problemas para aceptar la variedad en la comida. Desde muy pronto encontré en la comida un refugio emocional. Ese refugio nunca me fallaba ni me despreciaba. Fueran penas o alegrías… Poco a poco cualquier emoción algo más fuerte de lo normal empezó a convertirse en la mejor excusa para recurrir a la comida. Algunos niños tienen amigos, otros amigos imaginarios, yo recurría a la comida cuando sentía que no tenía ningún otro sitio al que acudir.

La adolescencia y la entrada en juego de las hormonas, que de por sí revolucionarían cualquier cerebro y cuerpo adolescente, fueron el principio del caos, un caos negro y absoluto. Mis miedos se tornaron aún mucho más poderosos, las relaciones familiares se volvieron caóticas con el divorcio de mis padres, no encontraba en ningún sitio la seguridad para crecer y empezar a descubrir quién era. Siempre tenía esperanza y confianza en la bondad de las personas, y la cruda realidad de cada día, me minaba esa idea, esa creencia. Anhelaba profundamente que alguien supiera ver la persona que era, que descubriera cuáles eran las cosas que me hacían sentir plena, que me hacían reír, llorar, tenía ganas de sentir, de aprender, de ser libre. Evidentemente mi cuerpo sufrió los estragos de las subidas hormonales como a todos nos pasa. En mi caso, eso significó intensificar mis problemas con mi sobrepeso, con mi imagen corporal, y con mi inseguridad.Anorexia

La estocada final llegó con mi primera relación de pareja. Aquello fue la gotita que colmó un vaso que hacía ya mucho tiempo que rezumaba y que estaba a punto de desbordarse. En esa relación, mi peso y mi imagen fueron tema de discusión desde el primer día. Aquellos pensamientos de que no era suficiente, de que no era lo que aquella persona quería, se intensificaron de tal manera que se convirtieron en un martirio, repicando en mi cabeza a cada segundo del día. Pero en aquellos momentos aquella persona para mí era vital, porque me evadía de la realidad en mi casa, una realidad que me dañaba a diario. Yo podía entender y aceptar que mis padres ya no se quisieran y rompieran su relación, lo que no podía soportar ni entender era el trato tan desagradable que empezaron a dispensarse y en el cual me vi sumergida. Cómo no iba querer cumplir las expectativas de la persona que en aquel momento me salvaba de eso, que me daba el cariño que no encontraba en mi familia porque tenían demasiados otros problemas…

Misteriosamente, empezar a dejar de comer fue muy sencillo. Lo que durante años había sido incapaz de hacer y por lo cual había escuchado tantas veces aquella frase de: “Es que si tuvieras un poco de voluntad….”. Pues tanta era mi desesperación, que la fuerza de voluntad vino sola. Vino para acabar conmigo. Empecé por cambiar las cosas que comía, a eso le siguió empezar a reducir la cantidad de lo que comía, primero un poco y luego cada vez más. Era una verdadera obsesión, mi cabeza nada más calculaba lo ya ingerido y lo que tendría que ingerir el resto del día. No podía concentrarme en prácticamente nada más. Al principio la pérdida de peso fue lenta, y fue vista de manera positiva por mi entorno. Evidentemente estaba mucho más GUAPA. Pues no señores, en ese caso el precio del “estar más GUAPA” era que cada vez empezaba a estar más ENFERMA. En ciertos momentos yo era consciente que estaba perdiendo el poder sobre mi cabeza, que no racionalizaba de forma normal y que aquello que hacía empezaría a pasarme una seria factura en breve. Pero mi ansia por seguir, mi satisfacción por empezar a lograr los objetivos marcados por mí misma… Era tan ADICTIVO, era como una DROGA para mí. Necesitaba controlar, necesitaba ganar, necesitaba ser buena en eso. Esa primera relación no duró demasiado, pero cuando acabó, empecé a ser aún más radical en mis esfuerzos por adelgazar. Cómo más adelgazaba, ¡¡más me decía todo el mundo lo estupenda que estaba!! ¿Cómo no iba a seguir, cómo no iba a intensificar mi trabajo para conseguir lo que quería? El único inconveniente era que empezaba a no tener nunca bastante.Experiencias personales 3

El inicio de la Universidad me dio tal libertad de horarios, fuera del control de mi familia y amistades, que me resultó muy sencillo acabar por prácticamente no comer y matarme a ejercicio diariamente. En aproximadamente un 1 año y medio el resultado fue pasar de unos 72 kg a 47 – 48 kg.

Al final mi cuerpo empezó a no resistirlo, sufrí amenorrea durante prácticamente un año y tuve que medicarme para recuperar mi período. Mi cabeza no daba de sí. APATÍA, esa es la palabra que mejor define mi estado emocional general. Me sentía prácticamente adormecida todo el día, empecé a distanciarme de las situaciones, me era más difícil sentir tristeza o sentir dolor, pero a la vez tampoco sentía alegría, ni emoción, ni expectativa, ni nada… Parecía cómo si mi cabeza flotara la mayor parte de veces en un limbo vacío, donde podía refugiarme de una vida que me esclavizaba, presa de rutinas, pautas, reglas, mentiras y prohibiciones.

Supongo que llegó un día que no pude más, no tengo claro el recuerdo de esa tarde, pero si sé que llamé a mi madre llorando y muy asustada. Sin saber muy bien cómo, en un momento de soledad (bastante normales en esa época) me di mi primer atracón. Sólo recuerdo el dolor de mi estómago, hinchado por los kilos de comida y bebida ingeridos en poco tiempo. Dolor, dolor y espanto por lo ocurrido. Fue ahí cuando del principio de anorexia nerviosa del último año y medio, empecé con la bulimia. Recuerdo esos primeros meses como la tortura más grande que he vivido en mi vida. Era una espiral de descontrol que destruyó el mundo de falsa seguridad que me había construido a través de prohibiciones y pautas. La única seguridad que tenía en mi vida, se desplomó como un castillo de naipes con un simple soplido.

Continuará…

Experiencias personales: La anorexia

Continuamos una historia real sobre la anorexia en primera persona. ¿No habéis leído la primera parte? Pinchad aquí

(Artículo de colaboración, por J., segunda parte. )

Lo más difícil durante el tratamiento fue volver a respetarme a mí misma, dejar a un lado el sentimiento de vergüenza y debilidad. Tras unos años, aún tenía muchos remordimientos y creía que me merecía una penitencia. Lo que más me ayudó fue volver a continuar estudiando, elegí otra facultad, empecé a viajar y eran mis decisiones, mis ideas.

La anorexia era para mí una cicatriz, mi punto débil, un tema que me frustraba mucho. Hace poco entendí que me siento orgullosa de haber logrado vencerla y de que sigo siendo diferente. Tuve mucha suerte de tener a mi familia siempre a mi lado y de conocer a personas excepcionales que me ayudaron a volver a sentir, a confiar en mi misma y animarme. De hecho siguen haciéndolo.Experiencias personales 4

Si tienes anorexia y estás leyendo mis palabras, quiero que sepas que creo que la clave para recuperarse de cualquier enfermedad es la voluntad y la actitud. Y son los factores más difíciles. Hay que enfrentarse a temas difíciles y entender el proceso de la enfermedad y dejarse ayudar. Es importante tener confianza en la terapia. Porque no sólo se trata de la recuperación del peso sino del estado emocional.

Si uno está luchando por perder peso o llegar a su modelo de perfección, no será fácil cambiar el chip. Yo recomendaría hablar también con un dietista, asumir que dentro tenemos órganos que necesitan cierta alimentación para funcionar. Existen otros caminos, pero insisto, hay que seguir intentándolo.

Puede haber varios motivos que te hayan llevado a la anorexia. Si fue por un tío que prefirió a una más delgada o que hacía comentarios al ver a las modelos… En mi opinión esa persona no merece ni un minuto de tu atención. Al igual que las amigas que hablan cada día de los méritos de sus dietas que en realidad no existen.

Experiencias personales
También es muy importante establecer un contacto con el cuerpo, ya que es un buen camino para aceptarlo. Por ejemplo, los ejercicios de relajación como el yoga, o algún tipo de baile. Es una forma estupenda de relajarse, desconectar mentalmente y establecer una conexión con el cuerpo.

Las personas que quieren ayudar, amigos o familiares, son también victimas y a veces al intentar ayudar meten la pata. Aunque a mucha gente la anorexia le parece una estupidez y un sueño de ser modelo, es beneficioso ayudarles a comprender a la persona enferma. Hay que explicarles y hacerles interesarse por entender por qué no quieres comer algunos productos, o qué sientes después de comerlos.

Es una enfermedad muy dura y no es fácil superarla… Por favor, si estás leyendo estas palabras no dejes que tu peor enemigo seas tu mismo/a…

Experiencias personales: La anorexia

En una entrada anterior hablamos de la anorexia a nivel teórico. ¿Pero os imagináis lo que puede sentir alguien que lo ha vivido en primera persona? Para descubrirlo solo tenéis que seguir leyendo…

(Artículo de colaboración, por J.)

¿Cómo empezó todo…? Siempre quise ser como los demás…. Y no lo era. Era diferente o simplemente original… no lo sé. Desde pequeña era muy sensible, tenía baja autoestima, muchos complejos y veía la belleza y la perfección en las personas que me rodeaban. Creía que no estaba cumpliendo las expectativas de mi padres. Sí, sacaba muy buenas notas y me apoyaban muchísimo en todo lo que hacía, pero muchas veces escuchaba decir que tenía el carácter muy endeble y que me faltaba carisma. Me acuerdo cuando mi padre estuvo a dieta, perdió 10 kilos y se sintió muy orgulloso. Lo enfatizaba mucho, el hecho de que con fuerza de voluntad se puede lograr todo. Y lo interpreté mal…Experiencias personales 3

Se juntaron varias cosas en poco tiempo… No aprobé los exámenes para entrar a la universidad, tuve que elegir otra carrera que no me gustó. De repente tuve que enfrentarme a la enfermedad que sufrió mi mamá. Fueron unos meses muy duros, agotadores, de impotencia y frustración. Cuando ella murió se cayó todo…

Estuve desesperada, quería encontrar un calmante, un consuelo… Algo que fuera mío, donde no fallara y lo controlara todo. Durante la enfermedad de mi mamá ya había bajado un poco de peso, aunque siempre había sido bastante delgada. ¡Allí lo encontré! El control completo de la alimentación. Fue una obsesión, pensando sólo en la comida, se trataba de ser perfeccionista. Tenía las reglas establecidas, lo que podía comer, cuándo y qué productos. Mi dieta era muy variada, pero las raciones eran excesivamente pequeñas. Me castigaba cuando no cumplía las reglas. No tuve la típica visión distorsionada de mi cuerpo. Al contrario, me daba asco. Lloraba cuando me ponía la crema, tocando mis piernas huesudas o los hombros, me vestía con los ojos cerrados o con la luz apagada… Veía todo lo que le pasaba a mi cuerpo, a mi salud. Ya no podía hacer muchas cosas por falta de energía. Pero no tuve fuerza para luchar. Experiencias personales2

Un día mi médico me preguntó si era consciente de que mi peso era tan crítico que podía llegar a morir y me dio el papel de ingreso para el hospital… Ya había llegado ese momento… Me asusté. ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué le estoy haciendo a mi familia? La gente muere por las enfermedades (como en caso de mi mamá), en los accidentes… Y yo quiero vivir… Pero no veo la salida de esta jaula. Me odiaba, sentí sólo la vergüenza y la angustia… El empujón para empezar la terapia me lo dio mi familia, y al principio lo hice por ellos.

Continuará...

Cuéntanos tu experiencia

¿Tienes alguna experiencia que te gustaría contar? Desde el blog ParaEmocionarse te damos la oportunidad de hacerlo. Durante los próximos meses hablaremos del papel que tienen las emociones y las hormoUna nueva etapanas en la bulimia, la obesidad, la menstruación, la menopausia, la transexualidad, la adolescencia, los efectos de la testosterona… ¿Quieres contarnos tu experiencia en alguno de estos temas? ¿Te apetece escribir sobre algún otro tema relacionado con las hormonas? Si es así, escríbenos un email a paraemocionarse@gmail.com. No te preocupes por si se puede reconocer tu identidad, si no quieres revelarla será totalmente anónima.

Si no tienes claro cómo escribirlo y quieres ver un ejemplo, aquí te dejamos una historia real sobre el embarazo: Parte 1 y Parte 2. El lunes que viene también prodrás leer un interesante testimonio sobre la anorexia, ¡no te lo pierdas!

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Fin de los meses de la sexualidad y la corporalidad

  Para acabar los meses de la sexualidad y la corporalidad os dejamos con un breve flashback del cuento:

  Estrella se sentó en la cama. En aquella noche fría el camisón corto de encaje no era suficiente para mantener su calor corporal. Sin embargo, estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se daba cuenta del frío. ¿Qué iba a ser de su querido monstruo? Tenía que hacer algo y esconderlo, estaba claro, fuesen cuales fuesen las consecuencias. De repente una mano cálida se posó sobre su hombro. – Gabriel se ha quedado dormido… Te pasa algo? Estás preocupada?- Ella salió de sus pensamientos y con una sonrisa le contestó- No, no, no pasa nada, sólo estoy un poco cansada- y diciendo esto le dio un suave beso en los labios.

  Pero él no tenía bastante con un solo beso. Le acarició la mejilla con cariño y siguió besándola. Esto bastó para que Estrella se olvidara de sus preocupaciones. En aquél momento ya no existía nada más, sólo ellos dos entrelazados sobre la cama. Él la acariciaba suavemente, podía notar su respiración, que iba acelerándose progresivamente. Eran dos cuerpos a la escucha el uno del otro, disfrutando juntos cada segundo, mientras la ropa iba cayendo a los lados de la cama.

  Ambos perdieron la noción del tiempo. Las caricias, besos y todo lo que siguió se fueron sucediendo, hasta que ambos cayeron rendidos, extasiados de placer. Se quedaron un rato así, el uno al lado del otro, recuperando la respiración, mirándose de reojo con complicidad. Estrella se acercó a él, y cerró los ojos mientras le abrazaba. Se sentía completamente relajada. Por lo menos aquella noche ninguna preocupación turbaría sus sueños.

  ¿Qué sensaciones os ha suscitado el cuento? ¿Os ha gustado? Como ya hemos ido viendo estos meses la sexualidad es un tema importante en las parejas. Y hablando de parejas… ¿Adivináis cuál será el próximo tema en el blog?

Fin de los meses de la inteligencia emocional

Cerramos los meses de inteligencia emocional con una nueva entrega del cuento. Aunque la historia terminó con las emociones básicas, con esta narración podréis entrever algunos acontecimientos del pasado…

Hacía ya bastante tiempo que trabajaba en el laboratorio, pero jamás le habían asignado un proyecto tan importante como ese. Estaba realmente muy ilusionada. Ella iba a ser la máxima responsable, y por fin conocería a aquél misterioso ser…

Desde el principio se creó una química especial entre ella y aquella especie de monstruo. Y es que por alguna extraña razón, a ella le parecía casi humano. No tenía ni idea de lo que era, ni de dónde había salido, pero biológicamente no podía estar tan alejado de nosotros. Se diría que incluso podía sentir emociones…

Pasaron muchos meses de intenso trabajo con él. Se le sometió a múltiples pruebas, y Estrella no paraba de sorprenderse de lo inteligente que era. Cada vez sentía más afecto por él, y cada vez le daba más pena verlo allí, encerrado en aquella jaula. Aunque parecía increíble, aprendieron a comunicarse. Él aprendió el lenguaje de signos en muy poco tiempo. Era capaz de hablar de cómo se sentía, e incluso de percibir como se sentía ella.

Entonces llegó el día en que le dijeron a Estrella que el experimento estaba llegando a su fin. Cuando terminara tendría que sacrificarlo. Eso era más de lo que ella podría soportar, en ese momento sentía casi tanto afecto por él como por su propio hijo, Gabriel. Así que tomó una decisión: escondería al monstruo y simularía que había escapado.

Quizás no fue la mejor manera de resolver el problema. ¿Tal vez tomó una decisión demasiado emocional? Probablemente… Porque en el momento de hacerlo no había analizado bien todas las posibles consecuencias que podía haber…

Y con este pequeño flashback terminamos los meses de inteligencia emocional. Damos paso a un tema que probablemente encontréis bastante interesante: sexualidad y corporalidad. ¿Pero cómo se relaciona esto con las emociones? Seguidnos leyendo, lo descubriréis durante los próximos meses.

Fin de los meses de las emociones secundarias

¿Creíais que el cuento había terminado? Aunque en realidad la historia acabó con las emociones básicas os dejamos con un pequeño flashback…Por si no habéis leído las entradas anteriores, os dejamos los links.

Primera Parte             Segunda Parte             Tercera Parte  

Cuarta Parte             Quinta Parte            Sexta Parte

Gabriel reía y reía, ¡se lo estaba pasando en grande! Corría de un lado a otro por la habitación mientras su amigo lo perseguía. Cuando estaba a punto de se atrapado siempre lograba escabullirse, se sentía orgulloso de ser tan ágil. ¿Tal vez demasiado orgulloso?

De pronto tropezó y cayó al suelo, ¡qué daño se hizo! Y el monstruo, que parecía ajeno a su dolor, aprovechó para atraparlo. Una ola de indignación invadió a Gabriel. –¡¡¡Eso no vale!!!­- El monstruo lo miró con curiosidad, apartándose un poco de él. Pero Gabriel seguía lleno de cólera. – ¡Eres un tramposo!¡Te odio!- Y diciendo esto le propinó un puñetazo a su amigo. Este abrió muchísimo los ojos, miró fijamente a Gabriel y… Comenzó a llorar.

Gabriel quedó muy sorprendido y descolocado, pero tras la impresión inicial inmediatamente se empezó a sentir muy culpable. Su estado de ánimo cambió, se empezó a notar más calmado y acercándose al monstruo lo abrazó con cariño. –No llores, venga…­- Pero el monstruo continuaba llorando, parecía sumido en su pena… Gabriel se empezó a angustiar, ¿qué podía hacer? Probaría otra estrategia. – Venga, vamos a jugar… – Dijo acercándole un cochecito. Pero no funcionó. Finalmente lo volvió a abrazar con ternura – Va, no llores más… ¿Me perdonas?- El monstruo pareció salir de aquél estado de profunda tristeza, lo miró a los ojos y le devolvió el abrazo.

Gabriel, satisfecho de haber conseguido que su amigo dejara de llorar eligió de entre todos sus juguetes un avioncito y se sentó a jugar en la alfombra. Se empezó a imaginar que el avión volaba por encima de unas montañas y tenía que subir cada vez más y más alto… De pronto escuchó un ruido seco detrás de él. Al girarse se encontró con alguien que le era muy familiar. Al principio quedó muy sorprendido, ¿qué hacía allí? Pero la sorpresa fue remplazada inmediatamente por una inmensa alegría. Se levantó de un salto y corrió a abrazar a su madre.

En esta nueva entrega nuestros personajes se han visto embargados por diferentes emociones secundarias: orgullo, curiosidad, odio… Pero también hemos visto otro aspecto a tener en cuenta en nuestro día a día, la importancia de poder gestionar las emociones. Precisamente de esto hablaremos durante los próximos meses, de cómo percibir y gestionar nuestras emociones y las de los demás. ¡Bienvenidos a los meses de la inteligencia emocional!