Una noche de miedo

“Era una noche fría y oscura de invierno en la que un viento espantoso no dejaba de golpear las ventanas. Sonidos de voces lejanas resonaban  como un eco que se repetía varias veces entre las paredes de la habitación. Se podía escuchar la madera crujiendo como si alguien intentase estrujarla con sus propias manos. En ese momento, un escalofrío le recorre la espalda, todas las fuerzas se concentran en sus músculos a pesar de estar paralizado, el sudor le recorre la frente, su corazón late fuerte, se puede oír el sonido de su respiración, abre los ojos intentando ver qué se esconde tras la intensa oscuridad…Y de repente, comienza a gritar…”

 ¿Es esto el relato de una simple pesadilla? Todos conocemos y hemos experimentado lo que es tener una pesadilla. Un sueño se convierte en pesadilla cuando nos resulta desagradable o nos produce cierta sensación de miedo que normalmente termina por despertarnos. En el caso del relato anterior lo que le sucede a esta persona es que, aún estando completamente dormida, manifiesta las características propias de un miedo atroz: sudoración, ritmo cardiaco acelerado, hiperventilación, ojos muy abiertos, pupilas dilatadas, agitación muscular (patadas o golpes), gritos, llanto… Pero sin llegar a ser consciente de ello, ni despertar en ningún momento. Este fenómeno es diferente de las pesadillas, y se le conoce con el nombre de terror nocturno.

Científicamente hoy en día no existe una explicación clara del por qué se producen los terrores nocturnos, pero existen varios factores con los que suelen asociarse, como la fiebre, la falta de sueño, el estrés emocional o los conflictos. Normalmente suelen presentarse durante la infancia, sobre todo en niños de entre 5 y 7 años, y desaparecen con el paso del tiempo. También pueden presentarse en adultos, especialmente en periodos de tensión emocional y/o consumo de alcohol.

 Cuando una persona sufre un terror nocturno no es necesario despertarla, a pesar de que pueda parecer angustiada. Un terror nocturno no dura más de 15 minutos y la persona no mantiene ningún recuerdo de lo sucedido. Lo más aconsejable en estos casos es intentar que la persona se relaje y siga durmiendo. Sabiendo esto, ¿alguien se atreve a ponerle fin a este relato?

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