Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Octavo capítulo: Inteligencia emocional

Aunque la historia terminó con las emociones básicas, con esta narración podréis entrever algunos acontecimientos del pasado…

Hacía ya bastante tiempo que trabajaba en el laboratorio, pero jamás le habían asignado un proyecto tan importante como ese. Estaba realmente muy ilusionada. Ella iba a ser la máxima responsable, y por fin conocería a aquél misterioso ser…

Desde el principio se creó una química especial entre ella y aquella especie de monstruo. Y es que por alguna extraña razón, a ella le parecía casi humano. No tenía ni idea de lo que era, ni de dónde había salido, pero biológicamente no podía estar tan alejado de nosotros. Se diría que incluso podía sentir emociones…

Pasaron muchos meses de intenso trabajo con él. Se le sometió a múltiples pruebas, y Estrella no paraba de sorprenderse de lo inteligente que era. Cada vez sentía más afecto por él, y cada vez le daba más pena verlo allí, encerrado en aquella jaula. Aunque parecía increíble, aprendieron a comunicarse. Él aprendió el lenguaje de signos en muy poco tiempo. Era capaz de hablar de cómo se sentía, e incluso de percibir como se sentía ella.

Entonces llegó el día en que le dijeron a Estrella que el experimento estaba llegando a su fin. Cuando terminara tendría que sacrificarlo. Eso era más de lo que ella podría soportar, en ese momento sentía casi tanto afecto por él como por su propio hijo, Gabriel. Así que tomó una decisión: escondería al monstruo y simularía que había escapado.

Quizás no fue la mejor manera de resolver el problema. ¿Tal vez tomó una decisión demasiado emocional? Probablemente… Porque en el momento de hacerlo no había analizado bien todas las posibles consecuencias que podía haber…

El próximo lunes damos paso a un tema que probablemente encontréis bastante interesante: sexualidad y corporalidad. ¿Pero cómo se relaciona esto con las emociones?

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Fin de los meses de la inteligencia emocional

Cerramos los meses de inteligencia emocional con una nueva entrega del cuento. Aunque la historia terminó con las emociones básicas, con esta narración podréis entrever algunos acontecimientos del pasado…

Hacía ya bastante tiempo que trabajaba en el laboratorio, pero jamás le habían asignado un proyecto tan importante como ese. Estaba realmente muy ilusionada. Ella iba a ser la máxima responsable, y por fin conocería a aquél misterioso ser…

Desde el principio se creó una química especial entre ella y aquella especie de monstruo. Y es que por alguna extraña razón, a ella le parecía casi humano. No tenía ni idea de lo que era, ni de dónde había salido, pero biológicamente no podía estar tan alejado de nosotros. Se diría que incluso podía sentir emociones…

Pasaron muchos meses de intenso trabajo con él. Se le sometió a múltiples pruebas, y Estrella no paraba de sorprenderse de lo inteligente que era. Cada vez sentía más afecto por él, y cada vez le daba más pena verlo allí, encerrado en aquella jaula. Aunque parecía increíble, aprendieron a comunicarse. Él aprendió el lenguaje de signos en muy poco tiempo. Era capaz de hablar de cómo se sentía, e incluso de percibir como se sentía ella.

Entonces llegó el día en que le dijeron a Estrella que el experimento estaba llegando a su fin. Cuando terminara tendría que sacrificarlo. Eso era más de lo que ella podría soportar, en ese momento sentía casi tanto afecto por él como por su propio hijo, Gabriel. Así que tomó una decisión: escondería al monstruo y simularía que había escapado.

Quizás no fue la mejor manera de resolver el problema. ¿Tal vez tomó una decisión demasiado emocional? Probablemente… Porque en el momento de hacerlo no había analizado bien todas las posibles consecuencias que podía haber…

Y con este pequeño flashback terminamos los meses de inteligencia emocional. Damos paso a un tema que probablemente encontréis bastante interesante: sexualidad y corporalidad. ¿Pero cómo se relaciona esto con las emociones? Seguidnos leyendo, lo descubriréis durante los próximos meses.

Yo gano, Tú ganas

(Artículo de colaboración, por Bárbara Rapela Orta, psicóloga)

El conflicto se entiende como la interacción de uno o más individuos en la que exista una incompatibilidad entre las metas, intereses, conductas o valores propios. Además, esa situación se percibe como injusta o incompatible por al menos una de las partes. No necesariamente tiene que haber implicados bienes materiales, en muchas ocasiones, el grupo o el individuo busca conseguir el respeto y prioriza el orgullo a las ganancias personales.

Es común a cualquier conflicto la falta de comunicación. De esta manera, se ve la necesidad de abrir el diálogo a las partes implicadas en el conflicto. Sin embargo, es imprescindible un buen manejo de nuestras emociones (como la ira) ya que una mala comunicación es peor que una nula comunicación.

En una situación conflictiva intervienen multitud de emociones. Dependiendo del estilo de afrontamiento que cada uno posea se encarará el enfrentamiento con actitudes diferentes. Nos podemos encontrar con estilos agresivos, asertivos o pasivos, como son la competición, la evitación, la acomodación, el compromiso o la colaboración.

En la mayoría de los casos, es complicado llegar a la solución de un conflicto por las partes implicadas, por ello se hace necesario el proceso de la mediación. Se trata de un método alternativo de resolución de conflictos, a través de una negociación cooperativa, que se basa en el principio de “la solución implica que ambas partes ganan”. En este sentido, es de gran importancia la figura del mediador, alguien imparcial, empático y paciente cuya misión será ayudar a las personas que participan en la mediación a encontrar una solución que sea satisfactoria para ambas partes. Para ello, uno de los objetivos que persigue es corregir percepciones e informaciones falsas que se puedan tener respecto del conflicto o los implicados, así como crear un marco que facilite la comunicación.

No obstante, la mediación no es idónea en todos los casos, las partes implicadas en el conflicto deben estar preparadas emocionalmente para afrontar el diálogo a través de una tercera persona. Esto es, se debe contar con la predisposición de las partes intervinientes y con las condiciones ambientales adecuadas. Por tanto, es necesario romper con la idea de que “la mejor defensa es un buen ataque”. Pero, ¿cómo se puede ayudar a estas personas a ver una solución como algo bueno para ambas?

Todos para uno y uno para todos.

Llamamos grupo al conjunto de personas que están unidas por un interés común, motivadas por un mismo tema o que trabajan por un mismo objetivo. Por ejemplo, los adolescentes que pertenecen a un grupo tienen los mismos gustos por la música, ropa o deportes. Los trabajadores de una fábrica también pertenecen a un grupo, orientado a que haya productividad.

 Todos pertenecemos a uno o varios grupos durante nuestra vida, ya que vivimos en sociedad. Dentro de un grupo las personas adquieren diferentes roles, es decir, diferentes “papeles” que se representan dentro del grupo relacionados con su funcionamiento. Dentro de un grupo se puede ser, por ejemplo, líder, si se trata de la persona que suele mandar a los demás, creativo, si normalmente proporciona nuevas ideas, moderador, si siempre pone paz en una discusión, inconforme, si nunca está de acuerdo con lo que se expone… ¿Se os ocurren otros papeles? Aunque existen muchos roles dentro de los grupos, hablaremos más extensamente de uno muy importante: el rol del líder.

El liderazgo es el conjunto de capacidades que tiene una persona para influir en el grupo y conseguir que sus integrantes le obedezcan o logren su objetivo. Entre sus capacidades están la iniciativa, la buena organización y la capacidad para incentivar o motivar al grupo. Un buen líder ha de saber cuándo y cómo mandar, dependiendo de las personas del grupo con las que esté interactuando. Existen varios estilos de liderazgo, desde el más autoritario, que no delega responsabilidades, hasta el más liberal, que permite que el grupo tenga libertad para tomar decisiones.

Para que funcione bien un grupo es importante la cooperación, que es la capacidad de los integrantes de compartir el trabajo para llegar al objetivo. El líder debe favorecerla y mantenerla, ya que de esta forma las metas se consiguen de forma más rápida y efectiva. Ambas capacidades, liderazgo y cooperación se obtienen a partir de la pertenencia a un grupo. Sin grupo no puede haber rol de líder ni capacidad de cooperación.

Los grupos evolucionan con el tiempo. Todos los cambios que ocurren durante la evolución de un grupo forma parte de la dinámica del grupo. Los llamados ejercicios de dinámica de grupo se realizan en las empresas para mejorar las relaciones internas del grupo, el trabajo en equipo, o incluso para hacer la selección de personal. ¿Alguna vez habéis participado en una dinámica de grupos? ¿Cuál creéis que fue vuestro rol?

Toda decisión conlleva reacción

La tercera ley del movimiento descrita por Newton ya decía que cada acción conlleva una reacción. Lo mismo ocurre con nuestros comportamientos, cada acto siempre comporta una consecuencia. Y al igual que somos dueños de nuestros actos también somos responsables de las consecuencias que de ellos se derivan. A veces lo difícil de tomar una decisión es asumir los efectos futuros que puede conllevar. Por ejemplo, podemos rechazar un buen trabajo en el extranjero por pensar que eso supondrá pasar mucho tiempo lejos de la familia.

Tanto a la hora de tomar decisiones como a la hora de valorar las posibles consecuencias, las emociones tienen un papel determinante. El saber o intuir como nos hará sentir un determinado acto, nos ayuda a valorar si debemos realizarlo o no. Siguiendo con el ejemplo anterior, si pensamos que irnos fuera del país nos hará sentirnos tristes, solos, nostálgicos o fracasados lo más probable es que optemos por no irnos. Sin embargo, si pensamos que al marcharnos tendremos una oportunidad nueva que nos hará sentirnos alegres, entusiastas, orgullosos y realizados seguramente nuestra decisión será marchar. De alguna forma nuestras emociones dotan de valor positivo o negativo a aquello que queremos realizar o que ya hemos realizado. A veces, también las emociones que nuestros actos provocan en los demás nos sirven como feedback y aprendizaje cuando queremos valorar las consecuencias de nuestra interacción con ellos. Es decir, cuando hacemos algo que alegra a los demás tenderemos a repetir esa acción, por el contrario si hacemos algo que entristece a los de nuestro alrededor intentaremos evitar que se vuelva a producir.

Aunque no lo parezca esto está muy relacionado con el concepto de compromiso. Solemos comprometernos con aquello que creemos que “garantiza” o “favorece” nuestra felicidad. Decimos que una persona está comprometida con algo cuando cumple con sus responsabilidades en aquello que se ha propuesto o que le han encomendado. Es decir, vive y toma decisiones que le permiten conseguir satisfactoriamente los objetivos propuestos, ya sea en el trabajo, en la familia o en los estudios. Alcanzar estos objetivos supone cumplir con algunas de las metas y expectativas personales, lo que sin duda irá acompañado de emociones y sensaciones agradables y positivas. Pero si esto es así, ¿por qué hay personas que tienen miedo a comprometerse? ¿Tenéis alguna teoría?

Emociones en cadena

Puede que sepamos identificar nuestras emociones, ¿pero sabemos identificar qué es lo que las causa? ¿Sabemos cómo influyen en nuestra manera de comportarnos? Son preguntas complicadas, pero… ¿Os habéis planteado alguna vez hasta qué punto nuestras emociones provocan una reacción en cadena?

Imaginemos que tenemos un mal día. Nos levantamos, y ya de buena mañana no nos encontramos muy bien. Luego vamos a trabajar y nos encontramos con un problema importante en el trabajo. A mediodía vamos a comer fuera y nos hacen esperar demasiado… ¿Cómo reaccionaremos cuando llegue el camarero con nuestro plato?  Probablemente estemos muy enfadados, pero es posible que nuestro enfado esté aumentado exponencialmente gracias al mal día que llevamos. Ahora imaginemos que tenemos una reacción desproporcionada, ¿creéis que se podría haber evitado? Por ejemplo, supongamos que empezamos a gritarle al camarero. ¿Os habéis planteado cómo se sentiría él? ¿O qué consecuencias podría tener nuestra reacción en su vida? Por ejemplo, podría ser que volviera enfadado a su casa y acabara discutiendo con su familia. Así, sin quererlo, habríamos provocado una cadena de reacciones emocionales que nos afectarían no solo a nosotros, sino también a otras personas.

Si somos conscientes de cómo se encadenan nuestras emociones, será mucho más sencillo controlarlas. En el caso anterior, si cuando nos empezamos a enfadar esperando en el restaurante pensamos en cómo nos ha ido el día, será más sencillo que pensemos que tal vez estemos reaccionando de manera desproporcionada, y empecemos a calmarnos. Del mismo modo, muchas veces podemos ver estas reacciones en los demás. Por ejemplo, a veces algunas personas pueden pagar su malestar con nosotros cuando en realidad no somos los causantes. ¿Creéis que podría ayudar que vosotros intervinierais antes de que empezara la reacción en cadena? Lo que está claro es que cuando el otro esté realmente enfadado será muy difícil razonar.

Si pensáis en vosotros mismos o en vuestros conocidos, seguro que encontráis muchos patrones de emociones en cadena que se repiten, y que podríais detener en algún punto antes de que fuera demasiado tarde. ¿Cuáles se os ocurren?

Mirando mi YO

(Artículo de colaboración, por Elia Valls, Psicóloga)

La autoaceptación es la capacidad de vivir conscientemente, aceptándonos tal y como somos con nuestras fortalezas y debilidades. Los procesos a seguir para conseguirlo son dos: por un lado tratar de dar poca importancia a los juicios de aprobación o desaprobación de los demás, y por otro lado aprender a valorarnos a nosotros mismos positivamente.

Ahora bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa que no queramos cambiar o evolucionar, todo lo contrario, es el paso previo al cambio.  Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos  podremos ser conscientes de lo que elegimos y de lo que hacemos. Ante una emoción difícil de afrontar ( como la envidia, la ira o la pena), si en vez de intentar que desaparezca nos permitimos que esté allí, la estaremos reconociendo y aceptando. Luchar contra la emoción no nos ayuda, cuando la reconocemos y aceptamos, es más fácil que se atenúe.

Otro aspecto fundamental es el hecho de reconocer y aceptar las propias fortalezas y debilidades. Las fortalezas son las habilidades o talentos que uno tiene y de las que se siente orgulloso. En el caso de las debilidades, son las carencias que  uno considera tenAutoaceptacióner. Si en una entrevista de trabajo os preguntaran cuáles son vuestros puntos fuertes y débiles, ¿Qué responderíais? Esta respuesta representa  un ejemplo de cómo identificar nuestras fortalezas y debilidades.

Finalmente, también es muy importante aprender a utilizar el humor para reírse de uno mismo. A veces nos tomamos la vida y a nosotros mismos demasiado en serio. Por ejemplo, un caso ilustrativo del neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, que aconseja a un joven que sufre porque suda mucho ante ciertas situaciones, que se diga para sí mismo “Antes sólo sudaba un litro, pero ahora voy a sudar por lo menos diez: ¡se van a enterar todos de lo que es sudar!”. De ese modo se busca el sentido cómico de la situación. También nos podemos reír en situaciones más banales quitándoles importancia, por ejemplo cuando uno tropieza y cae al suelo. En vez de enfadarnos con nosotros mismos por lo torpes que somos podemos decir “qué torpe soy” con una sonrisa en los labios. ¿Cuáles podrían ser otras de estas situaciones de las que uno podría reírse de sí mismo?

Aprendiendo a decir que no…

La asertividad es la capacidad de defender y afirmar nuestras emociones sin sentir ira o pasividad. Cuando una situación nos hace sentir incómodos, o cuando no estamos de acuerdo con una opinión o forma de actuar, podemos reaccionar de tres maneras distintas. En primer lugar con ira o rabia, haciendo prevalecer nuestra opinión a gritos por encima de las demás sin respetarlas, o exigiendo, con ansiedad, que la situación que nos molesta cambie. En segundo lugar podemos reaccionar con pasividad, es decir, sin expresar nuestra opinión, sin mostrar nuestros sentimientos ni comunicar nuestra incomodidad. Y en tercer lugar podemos reaccionar con asertividad, exponiendo nuestra opinión, defendiendo nuestros derechos, expresando nuestras emociones para que la situación cambie y poder sentirnos cómodos de nuevo.

La diferencia principal entre reaccionar con rabia o reaccionar con asertividad es que con la segunda siempre respetamos al otro. Por lo tanto, la asertividad es un estilo de comunicación maduro que sirve para poder expresar nuestros sentimientos y derechos de forma clara y directa sin agredir o herir a otros y sin someternos a su voluntad.

La asertividad es una habilidad que se aprende con la experiencia. En un primer momento se definió como un rasgo de personalidad, es decir, una persona podía nacer asertiva o no. Sin embargo, se ha descubierto que todo el mundo puede aprender o entrenarse para ser asertivo. Existen gran cantidad de libros de autoayuda que tratan este tema y exponen técnicas para que aprendamos a ser más asertivos en nuestras relaciones interpersonales. El entrenamiento en asertividad se centra sobre todo en la defensa de derechos como decir “no” sin sentir culpa, pedir lo que realmente se quiere y dar nuestra opinión verdadera.

Como ejemplo de comportamiento asertivo podríamos hablar de la siguiente situación, que seguro que habéis tenido que afrontar más de una vez. Un amigo os invita a una fiesta a la que no tenéis ganas de acudir. Ante esta situación podemos reaccionar callando y teniendo que ir a la fiesta en contra de nuestra voluntad (pasividad). Podemos, por el contrario, decir a nuestro amigo que no iremos a la fiesta bajo ningún concepto, hiriendo así sus sentimientos (ira). O podemos decirle que lo sentimos mucho, que a esta fiesta no acudiremos porque el ambiente no nos gusta, nos sentiremos incómodos o no la disfrutaremos (asertividad). Pensando en situaciones de vuestra propia vida, ¿creéis que sois asertivos? ¿En qué situaciones habéis usado la asertividad?