Experiencias compartidas en el blog…

Aquí os dejamos un comentario que nos dejó una de nuestras lectoras y la respuesta que le dimos.

Hola, la verdad no sé como empezar xD. Yo cuando era ñiña empecé a tener problemas. Contaba 1, 2, 3 cuando tenía que verificar que la puerta estaba cerrada, que el foco estaba apagado, si la estufa estaba apagada ect. Después con el paso del tempo fui empeorando. Con la limpieza no me gusta que nadie toque mi ropa que acabo de tender… Cuando lavo ropa y la tengo que meter, me baño para estar limpia, porque si no hago eso siento que se ensucia mi ropa. No me gusta sentarme en una silla donde la gente se sienta, me da asco, siento que me ensucio. No me gusta que nadie entre a mi cuarto ni que nadie se acueste en mi cama porque me da asco, siento que si eso hacen, ya mi cama está sucia…
Tengo 20 años viviendo de esa manera… No me gustan las cosas que hago y óomo me comporto, pero si no lo hago mi mente no me deja…
Estoy haciendo todo lo posible para ya no pensar y lo estaba logrando pero ahorita mi mente me traiciona y volví a caer.

Me da asco mi hermana…
No me gusta pasar a lado de ella porque me da cosa.

La quiero pero mi mente me traiciona.
No sé … Ni yo misma sé lo que me pasa.

Me enojo rápido con gente que quiero…
Pero no me puedo controlar…
Como mis padres ya saben que tengo esto pues dicen que estoy loca y me habían mandado al psicólogo pero lo dejé…
En finnnnnnnnn

Hola,

Muchas gracias por escribirnos y explicarnos tu historia. Por lo que parece, lo que nos cuentas es algo que lleva mucho tiempo ocurriendo en tu vida y que te causa un importante malestar. Aunque haría falta una entrevista en profundidad para confirmarlo, por lo que nos has dicho es probable que tengas un trastorno obsesivo compulsivo, aunque por supuesto deberías corroborarlo con un profesional de tu zona. En estos casos suele ser bastante complicado que remitan estos comportamientos y obsesiones (estas “traiciones de la mente” que comentas) sin ayuda profesional. Ya nos has dicho que fuiste a un psicólogo aunque no continuaste. Ante todo, aclarar que ir al psicólogo no significa estar loco o loca. Hoy en día mucha gente va al psicólogo por muchos motivos (duelo, estrés…), o incluso por puro crecimiento personal. En tu caso te aconsejaríamos que lo intentaras una vez más, tal vez buscando a un profesional nuevo con el que te sientas cómoda y que te pueda ayudar a mejorar el problema. Ten en cuenta que con trabajo y tiempo es posible mejorar. Ahora está en tus manos dar el primer paso.

Esperamos haberte sido de ayuda, si tienes alguna otra pregunta no dudes en contactar con nosotras.

Un abrazo,

ParaEmocionarse

Anuncios

Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Sexto capítulo: ASCO

Esta es la última entrega del cuento, por fin llega el desenlace. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces:

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte            Quinta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Gabriel, mi pequeño… Me dolía tanto verle así, inerte… Era un dolor profundo e insoportable… Levanté la cabeza y miré al monstruo. En ese momento no pude sentir más que desprecio por él. Lo aborrecía; por su culpa Gabriel estaba muerto.

Debía acabar con aquello de una vez por todas. Recogí la espada de madera una vez más y cuando iba a dirigirme al monstruo me di cuenta de que ya no estaba allí. Fui hacia el pasillo y me dirigí a la única habitación abierta. Al entrar un olor nauseabundo me echó para atrás, como una bofetada. ¿De dónde venía esa peste horrible? No podía permitir que aquello me detuviera, así que entre arcadas me adentré en la desagradable estancia.

Claramente se trataba de la guarida del monstruo. Las ventanas estaban medio tapiadas, por lo que entraba muy poca luz. Estaba todo realmente muy sucio. Una capa viscosa recubría el suelo y el polvo se acumulaba sobre el mobiliario. Algo parecido a las telarañas recubría las paredes. Pero lo peor era aquél olor, como a podrido, que impregnaba toda la sala.

Entre el desorden hallé una barra de hierro puntiaguda, definitivamente una opción mucho mejor que la ridícula espadita. Así que, correctamente armado, me dirigí hacia el fondo de la estancia, donde entre las sombras se adivinaba la forma del monstruo. El olor putrefacto se acrecentaba, tanto que cada vez era más difícil controlar las contracciones de mi estómago. A pesar de todo, intenté ignorar cualquier estímulo olfativo y enfrentarme de nuevo al ser.

Le ataqué con todas mis fuerzas, lanzando una brutal estocada. Para mi sorpresa él no se movió, la recibió dejando que la barra le atravesara el pecho. Profirió un grito horripilante, y de la herida empezó a caer un fluido verde y viscoso. Además, justo en la zona donde había recibido el golpe pude apreciar horrorizado que algo se movía. Cientos de gusanos empezaron a manar de la herida. El monstruo iba perdiendo su forma y deshaciéndose entre gusanos y aquél líquido verde. Se oía chapotear a aquellos bichos cuando caían al suelo mojado. Si el olor era desagradable antes, ahora era insoportable.

Al llegar a ese punto ya no pude evitar vomitar. Fue como automático, sentí tanta repugnancia ante aquella visión… Cuando me recuperé vi que lo que quedaba del monstruo eran únicamente los gusanos bañados en la mucosa verde. Hice una mueca de asco y salí de la habitación, intentando evitar pisar a aquellos seres reptantes. Finalmente parecía que todo había acabado, pero yo… No sabía muy bien cómo me sentía… Era una mezcla de agotamiento, malestar, pena, culpa, vergüenza por lo que había hecho… Demasiadas emociones juntas… En esos momentos solo quería echarme a dormir y poder sentirme tranquilo. Salí de la habitación intentando contener el nudo de mi estómago y dejando atrás aquella pesadilla. Volví a la sala en la que había dejado a Gabriel pero… Por alguna razón no había rastro de él.

Hemos llegado al final de la historia ¿Qué os ha parecido? Estos meses han sido un largo recorrido por las emociones básicas. Pero aquí no termina el mundo de las emociones; seguro que leyendo esta historia habéis sentido muchas otras emociones. De eso justamente hablaremos durante la próxima semana: llegan las emociones secundarias.

Encuesta sobre las emociones básicas

Cada día podemos sentir múltiples emociones, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Habrá épocas donde algunas emociones sean más predominantes que otras. Por ejemplo, en una época llena de nuevos proyectos que nos gustan puede predominar la alegría, en una época de cambio puede predominar el miedo, tras una pérdida puede predominar la tristeza… En estos momentos, ¿cuál es la emoción predominante en tu vida?

Encuesta

Experiencias compartidas en el blog…

Hace unas semanas, una de nuestras lectoras compartía con nosotras su experiencia con el trastorno obsesivo compulsivo o TOC. Aquí os dejamos su comentario y la contestación que le dimos.

Hola, soy mary, pensé que yo era la única pero eso no importa. Lo que quiero es cambiar, ya estoy perdiendo a mi familia, mis hijas me confrontan y hay peleas. Trato de ceder en cosas pero ellas me exigen cada vez más y pareciera que lo que yo hago para ellas no es normal, me molesta que no entiendan lo difícil que es para mí. He asistido a psicólogos y a psiquiatras. Hay una terapia de bioenergética, la he hecho y nada me funciona. Mis hijas no pueden llevar gente a la casa, ni mi familia va a mi casa. Esto es muy difícil de explicar a personas que no son psicólogos ni psiquiatras.

Hola, Mary
Muchas gracias por escribirnos y compartir con nosotros tu vivencia. Por lo que nos comentas, entendemos que lo que más te afecta en este momento es la falta de comprensión que muestra tu entorno hacia lo que te ocurre. Desde fuera puede resultar difícil entender este problema. En este sentido, nosotras te acosejamos que intentes hablar con tus hijas de lo que sientes (si no lo has hecho ya…) y les expliques que para cambiar tienes que ir poco a poco y que con su apoyo sería más fácil conseguir una mejoría. Si esto no funciona, y ellas están de acuerdo, quizás os podría ayudar hablar del tema con un psicoterapeuta especializado en terapia familiar.
Por otro lado, te queremos felicitar por esforzarte cada día en hacer pequeños cambios y por haber tenido el valor para buscar ayuda, te animamos a seguir en esa línea. Quizá aún no has encontrado una terapia que se ajuste a lo que necesitas, no a todo el mundo le funcionan las mismas cosas. Por si te sirve de ayuda, la terapia cognitivo-conductual y la terapia breve estratégica suelen dar buenos resultados.
Esperamos haberte ayudado, si tienes alguna otra duda puedes volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Experiencias compartidas en el blog…

Hace unos meses un lector del blog compartía con nosotros su experiencia. Aquí os dejamos su historia y nuestra respuesta.

Hola! Necesito ayuda urgente.
Mi problema no sé si es enfermedad o locura, de lo único que estoy consiente es que me estoy alejando de la gente que me quiere y estoy viviendo un infierno.
Mi situación es que le tengo asco a las personas que según mi parecer son feas o tienen algún defecto. Le tengo asco a las cosas que estas personas tocan y en los lugares que han estado o que hayan ocupado y luego yo ocuparlos, me da asco que me toquen y que toquen mis cosas también. Y si eso pasa, me baño pero tengo que hervir el agua para poder sentirme limpio, o si tocan algunas de mis cosas como mi celular por ejemplo lo desinfecto con alcohol o con cualquier otra cosa que me haga sentir que le ha borrado sus huellas. Ya llevo más de dos años con este problema y en vez de curarme todo lo contrario, parece ser progresivo y cada día que pasa es aún peor.
A mi empleo anterior renuncié por causa de mi mismo problema, existían dos personas que hacían parecer mi vida un martirio. En mi familia ya se han dado cuenta, pero no dicen nada al respecto. Después que me vine de trabajar toda la ropa que usaba diariamente la quemé y otra parte la tiré a la basura, y todo porque sentía que me daba asco.
Si una persona de las que huyo por temor a que me pueda tocar lo hace, me dan ganas de llorar y de desaparecer en ese momento. Le tengo asco o miedo o quizá las dos cosas sobre todo a las personas que son muy pequeñas de estatura o a las personas gordas que son de piel muy blanca.
Sufro demasiado pero aún no sé de qué me dependió este problema si antes yo no era así.
Por favor ayúdeme y dígame como se llama esta terrible enfermedad y sobre todo cuál es la cura para este terrible sufrimiento.
Algunas veces siento vergüenza de mi manera de ser ya que algunas personas creo que sienten mi apatía por ellos, algunas personas me han querido hablar y yo rehuso a escucharlas y las ignoro, mejor me alejo porque me causan asco o miedo… Sinceramente no sé lo que sea pero ya no puedo ni quiero seguir sufriendo.

Quisiera que alguien me dijera qué tengo o qué me pasa?

Respuesta dada por Paraemocionarse:

Hola,
Muchas gracias por escribirnos y compartir tu historia. Por lo que comentas lo que te pasa lleva tiempo afectando bastante tu vida. Es muy posible que estos síntomas que notas sean lo que se conoce como “trastorno obsesivo-compulsivo”, también conocido como TOC, descrito en esta entrada del blog, aunque debería confirmarlo un profesional de tu zona mediante una entrevista más detallada. Dado el gran malestar que sientes te recomendaríamos que consultaras con un médico tu caso, para que estudie las posibilidades de tratamiento. Según las guías de práctica clínica de la American Psychiatry Association (APA) los tratamientos de primera línea (es decir, los que se recomiendan para ser administrados en un primer momento) para el TOC suelen ser la psicoterapia (principalmente la terapia cognitivo-conductual), los psicofármacos (principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, que son un tipo de antidepresivo) o el tratamiento combinado (incluyendo ambos: psicoterapia y fármacos). Pero por supuesto cada caso tiene que evaluarse individualmente.
Respecto a lo que comentabas sobre que llevas así mucho tiempo y ha ido a peor, queríamos comentarte que esto es algo habitual si no hay tratamiento. Las conductas que realizas para contrarrestar el asco que sientes aunque te pueden aliviar a corto plazo, perpetúan el problema, e incluso pueden incrementarlo. Por eso algunas líneas de psicoterapia trabajan intentando reducir estas conductas.
En tu caso, creemos que es importante que busques tratamiento pronto, por la gran interferencia en tu vida que comporta este problema. Esperamos que esta información te haya sido de ayuda, si tienes alguna otra pregunta no dudes en volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Retazos del blog: Tercera encuesta

Encuesta

Retazos del blog: Cuando el asco se convierte en enfermedad

El asco tiene un papel importante en algunas enfermedades mentales, según han demostrado investigaciones recientes. Así, podría estar implicado en algunos tipos de fobias, en los trastornos alimentarios, en algunos trastornos sexuales y en algunos casos de trastorno obsesivo compulsivo (también conocido como TOC). De este último me gustaría hablar más extensamente.

¿En qué consiste el TOC? Vamos a imaginarnos por un momento que lo padecemos. Por un lado tendríamos constantemente ideas obsesivas, ya fueran pensamientos, impulsos o imágenes, que interpretaríamos como algo molesto, inapropiado o incluso absurdo. Por ejemplo, algunas ideas obsesivas podrían ser tener dudas exageradas sobre si hemos cerrado las luces, el gas o la puerta de casa (aunque lo hayamos comprobado repetidas veces), o tener que contar las baldosas que pisamos cuando cruzamos una habitación. Lo más importante es que estas ideas nos causarían un malestar o ansiedad significativos. Y por supuesto se trataría de algo distinto a las preocupaciones habituales de la vida cotidiana. Seríamos conscientes de que estos pensamientos son producto de nuestra mente, e intentaríamos encontrar la manera de suprimirlos o sustituirlos por otros, aunque posiblemente volverían a molestarnos al cabo de un rato.Cuando el asco se convierte en enfermedad

Por otro lado, tendríamos la necesidad de realizar lo que se conoce como compulsiones, es decir, comportamientos o actos repetitivos que nos podrían parecer innecesarios o excesivos, como podría ser tener que lavarnos las manos varias veces después de tocar cualquier cosa que pueda estar mínimamente sucia. El problema principal sería que si intentáramos evitar hacer esas conductas sentiríamos una gran ansiedad. Y lo más importante es que o bien las ideas obsesivas o las compulsiones interferirían en nuestra vida diaria, ya fuera haciéndonos perder un tiempo significativo o interfiriendo en nuestras rutinas diarias, en el trabajo (por ejemplo, llegando tarde), los estudios o en nuestra vida social. Con toda esta información, ya os habréis hecho una idea de lo difícil que puede ser convivir con este trastorno.Cuando el asco se convierte en enfermedad2

¿Pero qué tiene todo esto que ver con el asco? La mitad de las personas que sufren TOC tienen pensamientos relacionados con el temor a la contaminación. Y precisamente se ha demostrado que, contrariamente a lo que se creía previamente, este temor está relacionado con el asco y no solo con el miedo. Es curioso cómo la manifestación del asco de manera desmedida puede afectar a la vida de una persona. ¿Pero os imagináis qué pasaría si lo lleváramos al otro extremo? ¿Creéis que sería un problema no sentir asco en casi ninguna situación?

Fin del mes del asco

Terminamos el mes del asco con la última entrega del cuento, por fin llega el desenlace. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces:

Primera parte            Segunda parte              Tercera parte             Cuarta parte             Quinta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Gabriel, mi pequeño… Me dolía tanto verle así, inerte… Era un dolor profundo e insoportable… Levanté la cabeza y miré al monstruo. En ese momento no pude sentir más que desprecio por él. Lo aborrecía; por su culpa Gabriel estaba muerto.

Debía acabar con aquello de una vez por todas. Recogí la espada de madera una vez más y cuando iba a dirigirme al monstruo me di cuenta de que ya no estaba allí. Fui hacia el pasillo y me dirigí a la única habitación abierta. Al entrar un olor nauseabundo me echó para atrás, como una bofetada. ¿De dónde venía esa peste horrible? No podía permitir que aquello me detuviera, así que entre arcadas me adentré en la desagradable estancia.

Claramente se trataba de la guarida del monstruo. Las ventanas estaban medio tapiadas, por lo que entraba muy poca luz. Estaba todo realmente muy sucio. Una capa viscosa recubría el suelo y el polvo se acumulaba sobre el mobiliario. Algo parecido a las telarañas recubría las paredes. Pero lo peor era aquél olor, como a podrido, que impregnaba toda la sala.

Entre el desorden hallé una barra de hierro puntiaguda, definitivamente una opción mucho mejor que la ridícula espadita. Así que, correctamente armado, me dirigí hacia el fondo de la estancia, donde entre las sombras se adivinaba la forma del monstruo. El olor putrefacto se acrecentaba, tanto que cada vez era más difícil controlar las contracciones de mi estómago. A pesar de todo, intenté ignorar cualquier estímulo olfativo y enfrentarme de nuevo al ser.

Le ataqué con todas mis fuerzas, lanzando una brutal estocada. Para mi sorpresa él no se movió, la recibió dejando que la barra le atravesara el pecho. Profirió un grito horripilante, y de la herida empezó a caer un fluido verde y viscoso. Además, justo en la zona donde había recibido el golpe pude apreciar horrorizado que algo se movía. Cientos de gusanos empezaron a manar de la herida. El monstruo iba perdiendo su forma y deshaciéndose entre gusanos y aquél líquido verde. Se oía chapotear a aquellos bichos cuando caían al suelo mojado. Si el olor era desagradable antes, ahora era insoportable.

Al llegar a ese punto ya no pude evitar vomitar. Fue como automático, sentí tanta repugnancia ante aquella visión… Cuando me recuperé vi que lo que quedaba del monstruo eran únicamente los gusanos bañados en la mucosa verde. Hice una mueca de asco y salí de la habitación, intentando evitar pisar a aquellos seres reptantes. Finalmente parecía que todo había acabado, pero yo… No sabía muy bien cómo me sentía… Era una mezcla de agotamiento, malestar, pena, culpa, vergüenza por lo que había hecho… Demasiadas emociones juntas… En esos momentos solo quería echarme a dormir y poder sentirme tranquilo. Salí de la habitación intentando contener el nudo de mi estómago y dejando atrás aquella pesadilla. Volví a la sala en la que había dejado a Gabriel pero… Por alguna razón no había rastro de él.

Hemos llegado al final de la historia ¿Qué os ha parecido? Estos meses han sido un largo recorrido por las emociones básicas. Pero aquí no termina el mundo de las emociones; seguro que leyendo esta historia habéis sentido muchas otras emociones. De eso justamente hablaremos durante los próximos meses: llegan las emociones secundarias.

Oler a tigre

Ciertos olores que emanan de nuestro cuerpo son desagradables a nuestro olfato y nos provocan asco. Algunas partes del cuerpo como las axilas, los pies y los genitales poseen un mayor número de glándulas sudoríparas. Cuando sudamos  la concentración de sudor en esas zonas es mayor, lo que provoca la aparición y desarrollo de una serie de bacterias que desprenden los gases responsables del mal olor. ¿Y por qué sudamos? Mediante el sudor el cuerpo regula nuestra temperatura corporal. Cuando ésta aumenta a causa de algún esfuerzo que hemos realizado, o debido a la fiebre, el cuerpo segrega este líquido salado que es el sudor,  y al evaporarse en la superficie de la piel refresca el cuerpo.

¿Cuál es la causa del mal olor corporal? Existen varias. Ropa y zapatos de materiales no transpirables son responsables de nuestro olor de pies y axilas, pues no dejan que el sudor se elimine. Estados emocionales o reacciones de agitación, nerviosismo, miedo, etc. provocan más sudoración y, en consecuencia, mal olor. Ciertas enfermedades como la diabetes, el estreñimiento, la hiperhidrosis (exceso de sudor), bromidrosis (sudor desagradable), úlceras y hemorroides tienen un olor particular y desagradable. Durante la menopausia también hay una mayor sudoración que provoca mal olor. Por último, una mala alimentación deficiente en vitamina B y zinc y la ingesta excesiva de alimentos como la cebolla, el comino o las especias provocan olores corporales característicos poco agradables.

Existe toda una serie de productos a la venta contra el mal olor corporal, como desodorantes, perfumes y colonias, cremas y leches hidratantes perfumadas y  exfoliantes. De todas formas, la mejor forma de mantener a raya al mal olor corporal es mediante la limpieza diaria del cuerpo. El mal olor corporal puede llegar a afectar al bienestar y calidad de vida de uno mismo y de su entorno, y puede ser motivo de exclusión y marginación del que lo sufre.

Los olores corporales que provocan más asco son los de pies y axilas, pero existen otros malos olores que proceden de nuestro cuerpo: las heces, la orina, el mal aliento y los gases.

Aunque para el ser humano el mal olor corporal es considerado como asqueroso, hay animales que lo utilizan como mecanismo de defensa, como la mofeta.

Hasta aquí hemos hablado del mal olor corporal, pero también existe el buen olor corporal, aquél olor único y característico de cada persona del cual uno mismo no es consciente y sólo los demás pueden oler. Los bebés también tienen un olor especial y agradable.

¿Habéis notado este buen olor en alguien? ¿Quién era? Y sobre el mal olor, ¿cuál de ellos es, para vosotros, el peor que puede emanar el cuerpo?