Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Noveno capítulo: Sexualidad y corporalidad

Este lunes os presentamos otro breve flashback del cuento:

  Estrella se sentó en la cama. En aquella noche fría el camisón corto de encaje no era suficiente para mantener su calor corporal. Sin embargo, estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se daba cuenta del frío. ¿Qué iba a ser de su querido monstruo? Tenía que hacer algo y esconderlo, estaba claro, fuesen cuales fuesen las consecuencias. De repente una mano cálida se posó sobre su hombro. – Gabriel se ha quedado dormido… Te pasa algo? Estás preocupada?- Ella salió de sus pensamientos y con una sonrisa le contestó- No, no, no pasa nada, sólo estoy un poco cansada- y diciendo esto le dio un suave beso en los labios.

  Pero él no tenía bastante con un solo beso. Le acarició la mejilla con cariño y siguió besándola. Esto bastó para que Estrella se olvidara de sus preocupaciones. En aquél momento ya no existía nada más, sólo ellos dos entrelazados sobre la cama. Él la acariciaba suavemente, podía notar su respiración, que iba acelerándose progresivamente. Eran dos cuerpos a la escucha el uno del otro, disfrutando juntos cada segundo, mientras la ropa iba cayendo a los lados de la cama.

  Ambos perdieron la noción del tiempo. Las caricias, besos y todo lo que siguió se fueron sucediendo, hasta que ambos cayeron rendidos, extasiados de placer. Se quedaron un rato así, el uno al lado del otro, recuperando la respiración, mirándose de reojo con complicidad. Estrella se acercó a él, y cerró los ojos mientras le abrazaba. Se sentía completamente relajada. Por lo menos aquella noche ninguna preocupación turbaría sus sueños.

  ¿Qué sensaciones os ha suscitado el cuento? ¿Os ha gustado? La sexualidad es un tema importante en las parejas. Y hablando de parejas… ¿Adivináis cuál será el próximo tema del cuento?

Experiencias compartidas en el blog…

Hace unos meses, una de nuestras lectoras compartía con nosotras su experiencia y nos hacía una consulta. Aquí os dejamos su pregunta y la contestación que le dimos.

Hola, soy mujer, tengo 38 años y el libido por los suelos. Qué puedo hacer? Ya platiqué con mi pareja respecto a esto y lo comprendió, pero yo quisiera tener más encuentros sexuales. Nos estimulamos juntos pero no me excito, podrían ayudarme? Gracias

Respuesta dada por Paraemocionarse:

Hola,
Muchas gracias por escribirnos. Aunque no tenemos mucha información para decirte claramente cómo afrontar el problema, se nos ocurren varios consejos que quizás te podrían ir bien. Primero de todo querríamos diferenciar entre las dos fases de la respuesta sexual que comentas: libido (o deseo, donde se sienten ganas de iniciar un encuentro sexual) y excitación (donde aparecen los cambios fisiológicos, como la lubricación). Cuando el problema es únicamente de libido, está muy bien hacer lo que has hecho tú: intentar tener encuentros sexuales de todos modos, ya que muchas personas pueden conseguir excitarse así. En el caso de haber también un problema de excitación, tal vez pueda ayudar probar otras cosas que te puedan ayudar a estimularte más (ahí tendrás que pensar tú qué es lo que te podría ir bien, los gustos son muy personales). Por otro lado, hay personas que al “intentar obligarse” a disfrutar, logran lo contrario, estar dando vueltas mentalmente y no se permiten dejarse llevar para poder disfrutar del momento. En este caso se recomienda intentar relajarse, centrarse en las sensaciones y dejar pasar los pensamientos intrusivos. También hay otros factores, como los hormonales o de estado de ánimo, que pueden influir negativamente a la hora de conseguir la excitación deseada. En el caso del estado de ánimo, si este mejora muchas veces también mejorarán la libido y la excitación. De todos modos, si el problema persiste te aconsejaríamos que lo consultaras con tu médico o un especialista para que pueda hacer una evaluación más en profundidad.
Esperamos haberte sido de ayuda, si tienes más preguntas no dudes en volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Fin de los meses de la sexualidad y la corporalidad

  Para acabar los meses de la sexualidad y la corporalidad os dejamos con un breve flashback del cuento:

  Estrella se sentó en la cama. En aquella noche fría el camisón corto de encaje no era suficiente para mantener su calor corporal. Sin embargo, estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se daba cuenta del frío. ¿Qué iba a ser de su querido monstruo? Tenía que hacer algo y esconderlo, estaba claro, fuesen cuales fuesen las consecuencias. De repente una mano cálida se posó sobre su hombro. – Gabriel se ha quedado dormido… Te pasa algo? Estás preocupada?- Ella salió de sus pensamientos y con una sonrisa le contestó- No, no, no pasa nada, sólo estoy un poco cansada- y diciendo esto le dio un suave beso en los labios.

  Pero él no tenía bastante con un solo beso. Le acarició la mejilla con cariño y siguió besándola. Esto bastó para que Estrella se olvidara de sus preocupaciones. En aquél momento ya no existía nada más, sólo ellos dos entrelazados sobre la cama. Él la acariciaba suavemente, podía notar su respiración, que iba acelerándose progresivamente. Eran dos cuerpos a la escucha el uno del otro, disfrutando juntos cada segundo, mientras la ropa iba cayendo a los lados de la cama.

  Ambos perdieron la noción del tiempo. Las caricias, besos y todo lo que siguió se fueron sucediendo, hasta que ambos cayeron rendidos, extasiados de placer. Se quedaron un rato así, el uno al lado del otro, recuperando la respiración, mirándose de reojo con complicidad. Estrella se acercó a él, y cerró los ojos mientras le abrazaba. Se sentía completamente relajada. Por lo menos aquella noche ninguna preocupación turbaría sus sueños.

  ¿Qué sensaciones os ha suscitado el cuento? ¿Os ha gustado? Como ya hemos ido viendo estos meses la sexualidad es un tema importante en las parejas. Y hablando de parejas… ¿Adivináis cuál será el próximo tema en el blog?

Pregúntale a tu cuerpo: ¿Qué es lo que te gusta?

El placer es una sensación agradable que aparece cuando una persona ha satisfecho una necesidad. Existen diferentes tipos de placer, el placer físico, el psíquico o emocional, el placer intelectual… El placer físico surge de la estimulación de los órganos de los sentidos (escuchar la música que nos gusta, comer nuestro plato favorito, observar una obra de arte…).

El sentido del tacto es también un importante generador de placer físico. Cosquillas, masajes, cuidado del propio cuerpo mediante el deporte, realce de la cara mediante maquillaje… Son formas de conocer y explorar nuestro cuerpo y saber qué sensaciones nos resultan agradables y cuáles no. La relajación que produce un masaje puede ser agradable para unos y desagradable para otros, así como la sensación de cansancio después de ir a correr, el efecto de las cosquillas en diferentes zonas del cuerpo o los pinchacitos en una sesión de acupuntura. Conocer el propio cuerpo no es solo una manera de obtener placer, sino de aceptar nuestro físico y sentirnos bien con él. Hemos de mirarnos al espejo y, en lugar de rechazar a nuestro cuerpo, aceptarlo y realzarlo.

Otro tipo de placer físico es el placer sexual. Cuando empezamos a interesarnos por las relaciones sexuales y nos volvemos “sexualmente activos”, todo el proceso suele iniciarse con la exploración del propio cuerpo para conocer qué es lo que nos excita y nos prepara para mantener una relación sexual. Explorar el propio cuerpo, por lo tanto, es la mejor manera de aprender qué tipo de estimulación nos gusta y dónde nos gusta, y este aprendizaje puede ayudarnos a disfrutar plenamente de nuestras relaciones sexuales con el otro.

Existen muchos tabús sobre la exploración del propio cuerpo, pero lo cierto es que en terapia sexual o de pareja, para algunas disfunciones sexuales como los trastornos de la excitación o del orgasmo, es importante que la persona realice una exploración en solitario o con la pareja de sus zonas erógenas y de las sensaciones placenteras o desagradables que les produce su tocamiento. ¿Creéis que esto puede resultar útil? ¿Por qué creéis que la autoexploración se considera un tema tabú?

Estrechando lazos

El tipo de relación que mantenemos con nuestra pareja, nuestros amigos o nuestra familia es una parte importante de nuestra satisfacción con la vida. En psicología se usa la palabra “vínculo” para hacer referencia a la unión o apego que existe entre dos personas. Las vinculaciones afectivas suelen crearse con aquellas personas con las que mantenemos relaciones íntimas, duraderas, constantes y estables.

El componente sexual es una pieza básica de la vinculación afectiva que se crea entre una pareja de adultos, aunque evidentemente no es la única. El cuidado y la protección que se establece entre ambos también es un componente clave. Pero para hablar de una vinculación afectiva fuerte, sea del tipo que sea (no sólo de pareja), es necesario que se den una serie de características: debe establecerse entre dos personas concretas, de manera que ninguna de ellas sea intercambiable por otra; la relación debe ser emocionalmente significativa; deben tener un contacto continuo y permanente; la relación debe ser persistente y en caso de separación las personas implicadas se sentirán tristes, ansiosas, abandonadas, etc.; pero ante todo es absolutamente imprescindible que las personas se sientan cómodas y seguras con la relación.

Cuando mantenemos un vínculo estrecho con otra persona, eliminamos barreras y tendemos a aproximarnos corporalmente a ella. Es decir, aumentan las caricias, los besos, los abrazos y el contacto en general. Antropológicamente el contacto físico ha sido algo natural y necesario para afianzar los vínculos establecidos con los otros, a la vez que servían para demostrar cariño y amor. De esta manera, se convirtió en una forma de comunicar nuestros sentimientos y emociones de manera no verbal, usando la expresión corporal ¿Os podéis imaginar cómo sería una vida en la que no pudieseis tocar a ninguno de vuestros seres queridos? Probablemente nos resultaría difícil e insatisfactorio resignarnos a esa situación.

Las demostraciones de afecto forman parte de nuestra vida desde que nacemos, y pueden resultar determinantes en los vínculos que establecemos cuando somos adultos. Por ejemplo, hay teorías que afirman que cuando eres adulto el vínculo que estableces con una pareja es similar al vínculo que mantienes con tus padres. Según ellos la forma y la calidad de los vínculos afectivos es algo que se aprende dentro de la familia ¿Creéis que esta teoría se ajusta a la realidad? ¿O pensáis que los vínculos que establecemos dependen de nuestra personalidad?

Sexualidad y creatividad

  (Artículo de colaboración, por Eugenia Resmini, Médico Endocrino. Foto cedida por: http://www.fotopunto.com/polescale/perfil)

Hablar de sexualidad y creatividad es hablar del cuerpo y de sus infinitos recursos. En el cuerpo se sienten las emociones y con estas se pone en marcha el proceso de la creación. Todos los creativos sienten en su cuerpo algo que quieren expresar, con una forma diferente que se adapta a cada uno: teatro, música, literatura, baile…

  Por ejemplo la composición de Wagner de Tristán e Isolda fue inspirada por la aventura con su amante más querida. Reconocida ampliamente como una de las cumbres de su repertorio operístico, es la historia de una pasión sin límites, los dos se abrazan apasionadamente y se olvidan del mundo. ¿Cuántas veces nos ha pasado? ¿Cuántas veces hemos tenido esta sensación? Intentemos recordarlo ahora y veremos como todavía sentimos una sensación corporal muy intensa. Esto es sentir en el cuerpo.

  Si expresamos lo que sentimos (que puede venir de una experiencia positiva o negativa) ya sea con palabras, gestos o música, ¡estamos creando! Además, expresar las emociones permite comunicarlas a los demás, relacionarnos con el otro de manera más profunda y auténtica. Por eso decimos, por ejemplo, que una canción que nos gusta “nos entra dentro”. Cada uno de nosotros tiene en su interior recursos infinitos para crear, sólo hay que escucharse, conectar con nuestro cuerpo y dejar salir lo que hay dentro; porque la creación es una conexión con nuestro yo más profundo, con nuestras emociones.

  Dos cuerpos que practican sexo son dos cuerpos que se escuchan, en el sentido global de la palabra, no sólo con el oído, hay una escucha corporal que pasa por los cinco sentidos y que nos permite conectar con el otro. Escuchar lo que el otro necesita y dárselo es la base para un sexo placentero y creativo. Por ejemplo, Don Juan era el amante perfecto porque sabía exactamente lo que quería cada mujer y se lo daba. Cada una era diferente, pero él tenía la habilidad de encontrar y dar lo que cada mujer deseaba, por eso todas estaban locas por él.

  La sexualidad no se reduce al acto sexual y a la penetración, el cuerpo tiene una infinidad de recursos. La sexualidad es energía creativa que sale de nuestros cuerpos, además no se diferencia de las otras actividades y conductas humanas: la aprenderemos por ensayo y error, en algunos casos con óptimos resultados y, en otros, con fracasos.

  Escuchando nuestro cuerpo y conectando con nuestras necesidades podemos desarrollar una sexualidad cada vez más creativa, que se adapta a nuestra situación interior en el momento vital en el que estamos. La sexualidad, el placer y la creatividad son partes integrales y esenciales del ser humano que derivan de nuestro cuerpo. ¡Descubre tu sexualidad creativa y deja que te sorprenda! ¿Hasta qué punto sabes escuchar tu cuerpo? ¿Eres capaz de entrar en contacto con él?

Hombres, mujeres y sexualidad

Cada uno de nosotros vivimos la sexualidad de forma diferente y única. A uno puede gustarle más una u otra práctica sexual, sentirse más atraído por un estímulo u otro o responder mejor a una  u otra zona erógena del cuerpo. Sin embargo, a nivel general podríamos decir que existen diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a varios aspectos de la sexualidad.

En la relación sexual, por ejemplo, los hombres se excitan más mediante la visión de estímulos sexuales (una película erótica, un cuerpo desnudo). Por este motivo los hombres pueden preferir las relaciones sexuales con la luz encendida. Las mujeres, en cambio, no necesitan tanto la ayuda de  estímulos visuales, sino táctiles, auditivos o sensuales (caricias, susurros, besos). Al hombre generalmente le gustan más las caricias genitales y en cambio, la mujer prefiere la estimulación de otras zonas erógenas como cuello o pechos. Las mujeres suelen necesitar más estimulación sexual que los hombres. Los hombres están más predispuestos a cambiar de posturas sexuales y probar experiencias nuevas, como elementos que incrementen su excitación sexual. Las mujeres, en cambio, suelen preferir un ritmo constante de estimulación para llegar al orgasmo antes que hacer muchas variaciones, pues durante estos cambios puede perder excitación.

Para la mujer puede no ser tan sencillo como para el hombre llegar al orgasmo durante la penetración. Sin embargo un amplio porcentaje puede conseguirlo mediante estimulación adicional. Además, sus orgasmos pueden ser más fuertes e incluso llegar a repetirse (lo que popularmente se conoce como multiorgasmo).

El ambiente influye en la excitación de la mujer, debe ser tranquilo y relajado para conseguir una mayor excitación. Los hombres, en cambio, son más indiferentes al entorno, se activan enseguida ante la posibilidad de una relación sexual.

El estado de ánimo también influye en la excitación de las mujeres. Los enfados y discusiones de la pareja afectan a su disposición de tener relaciones sexuales. Los hombres son capaces de cambiar rápidamente su estado de ánimo para conseguir la relación sexual.

Durante la relación sexual, las mujeres se preocupan más por las emociones que han sentido y percibido en ellas y en el otro. Para ellas el sexo y el amor están más íntimamente relacionados que para los hombres, que en general son capaces de separarlos por completo.

Según vuestras experiencias, ¿creéis que los hombres separan mejor sexo y amor que las mujeres? ¿Por qué las mujeres tienen más tendencia a relacionarlos?

¿De qué depende tu libido?

Libido es la palabra que se usa en el ámbito sanitario para referirse al deseo sexual. El deseo es la motivación que nos incita a tener relaciones sexuales, es la mecha que propicia la pasión. Los niveles de libido suelen tener una enorme variabilidad, son diferentes para cada persona y además varían dependiendo del momento o las circunstancias particulares de cada individuo.

El deseo sexual suele despertarse ante la presencia de estímulos sensoriales agradables y/o excitantes. Los estímulos sensoriales pueden ser: visuales (ej. una figura desnuda), auditivos (ej. unas palabras sensuales al oido), táctiles (ej. una caricia o un beso), olfativos (ej. el olor de una persona) o incluso gustativos. Cualquiera de estos estímulos podría hacer surgir nuestro deseo sexual, pero entonces, ¿por qué existen ocasiones en las que estos estímulos nos dejan indiferentes? Se pueden dar condiciones que modulen la receptividad o apertura que mostramos ante dichos estímulos. Es decir, existen factores que tienen la capacidad de influir sobre el deseo sexual. Los factores biológicos, como las hormonas (ej. los estrógenos o la progesterona) tienen un papel decisivo, pueden aumentar o disminuir el deseo sexual, especialmente en las mujeres. Los factores psicológicos, entre los que destaca el estrés, suelen ser determinantes en la reducción de la libido, tanto de hombres como de mujeres. A nivel social, se ha descrito que la familia y las dinámicas de convivencia también pueden afectar la apetencia sexual. Por último y no por eso menos importante, la presencia de enfermedades o el consumo de ciertos fármacos (ej. ansiolíticos) suelen hacer desaparecer por completo el deseo sexual.

Hay que matizar que existen diferencias entre sexos, mientras que la libido en los hombres suele ser bastante constante, en las mujeres existe mucha oscilación. Cuando hablamos del deseo sexual femenino,  encontramos muchas variables o condiciones que pueden influenciar tanto positiva como negativamente la libido. El ejemplo más representativo suele ser el ciclo menstrual. Las mujeres se encuentran más sensibles  y receptivas a los estímulos potencialmente sexuales, en los días próximos a la ovulación. Sin embargo, durante los días anteriores a la menstruación ocurre el efecto contrario. Según la especialista Gabrielle Lichterman esto se debe a los cambios en los niveles de testosterona. La testosterona parece tener un impacto directo sobre la libido de la mujer, es decir, el interés por el sexo y el deseo sexual es mayor cuando son altos los niveles de esta hormona.

Sin embargo, existen datos que demuestran que la principal causa de falta de libido suele tener origen psicológico. El estrés, la fatiga, la falta de privacidad o intimidad, las falsas expectativas o la depresión, suelen ser algunos de los problemas más citados ¿pero se os ocurre algún otro? ¿Qué tipo de factores psicológicos creéis que potencian el deseo sexual?

Sexo y emoción

 ¿Por qué nos gusta el sexo? Puede parecer una pregunta tonta, pero, ¿os habéis preguntado alguna vez qué es lo que nos lleva a querer repetir? ¿Podría estar relacionado con las emociones que nos suscita?

 Biológicamente estamos diseñados para disfrutar de nuestra sexualidad, porque depende de ello que la especie perdure. Normalmente la solemos relacionar con emociones que nos resultan agradables, como pueden ser el deseo, la alegría, la pasión, la satisfacción, la ternura… El momento de máximo placer suele ser el orgasmo, y con él también se pueden vivir las emociones de mayor intensidad. No es raro que esta intensidad emocional vaya acompañada de gritos, risas, o incluso del llanto. Sin embargo, no hay que olvidar que el acto sexual no se limita únicamente a eso. Es importante saber disfrutar de todo el proceso, desde la sensación placentera que nos podría despertar el roce de una pluma sobre nuestra piel, o una simple caricia, hasta el orgasmo.

 Lo ideal sería poder disfrutar siempre de nuestra sexualidad y relacionarla con emociones con connotaciones positivas. Sin embargo no siempre es así. Puede haber personas que sientan miedo (por ejemplo, después de una situación traumática o desagradable). Otras personas pueden sentir tanta vergüenza que les impida relajarse y disfrutar. Por otro lado, algunas personas muy exigentes pueden sentirse fracasadas o frustradas si no consiguen, por ejemplo, que su pareja tenga un orgasmo. Otros pueden sentir asco ante, por ejemplo, determinadas prácticas; y otros pueden incluso sentirse culpables.

 Muchas veces puede ser difícil disfrutar si nos “molestan” algunas de estas emociones. En el sexo siempre es importante respetar nuestras preferencias (no hacer algo si nos resulta desagradable), nuestra ética personal, y por supuesto, si estamos con alguien, respetarle también a él o ella. Decidme, ¿qué otras cosas creéis que nos pueden ayudar a no sentir emociones desagradables?

¿Cómo disfrutar plenamente de tu vida sexual?

(Artículo de colaboración, por Marta López, Psicóloga)

En nuestras relaciones con otras personas se producen una serie de intercambios, según la proximidad que se tenga, más o menos intensos. Podemos entablar relaciones familiares, de trabajo, con mayor o menor implicación, diplomáticas, de cortesía, de amistad, en las que los vínculos se estrechan y las emociones muchas veces se asemejan a las que desarrollamos con familiares. Sin embargo, de estas relaciones, la más intensa suele ser la que mantenemos con nuestra pareja. El intercambio sexual suele ser la forma más íntima y carnal de expresar todos nuestros afectos.

Para tener una vida sexual plena con nuestra pareja, son importantes varias actitudes y aspectos a tener en cuenta. Nadie nos conoce mejor que nuestro compañero o compañera, se suele decir, pero es curioso como en el terreno sexual a menudo nos comportamos como marcianos. Como si no habláramos el mismo idioma. Es necesario que podamos empatizar con el otro y encontrar un lenguaje común, un espacio en el que poder explicarnos qué nos gusta y qué no nos gusta del sexo con el otro, cómo nos sentimos con cada caricia. Respetarnos y darnos permiso para disfrutar de lo que queramos disfrutar en cada momento, poder decir un no a tiempo es inteligente y nos guía hacia cosas más apetecibles, si no corremos el riesgo de sentirnos mal y tremendamente incómodos.

Es importante resolver también los miedos e inseguridades que puedan surgir en relación a nuestro cuerpo. A menudo, alguno de los dos miembros de la pareja siente vergüenza y pudor, miedo a no atraer al otro. En otras ocasiones, la rutina y el aburrimiento se apoderan de las relaciones sexuales y dan lugar a la frustración, que puede ir acompañada del enfado, la rabia y la impotencia de no saber qué está pasando y también tristeza, al pensar que algo no marcha del todo bien. Probar cosas nuevas o hablar abiertamente del asunto pueden despertar nuevas sensaciones e inquietudes. Así pues, confiar en el otro es un buen comienzo, dejarse llevar y sentir por cada poro de la piel es un buen pasaje al placer.

Disfrutar del sexo en pareja es una muy buena opción, sin embargo, no es la única. Hay múltiples formas de tener relaciones sexuales. Cuando estamos solos no significa que no podamos tener una vida sexual plena, todo lo contrario, se nos pueden abrir incluso nuevos mundos a explorar. Hemos de tener claro qué queremos y qué no queremos hacer. El objetivo sigue siendo el mismo que con el sexo en pareja: pasarlo bien y disfrutar al máximo la experiencia.

El sexo es una de las necesidades más primarias, como comer o dormir. Se relaciona comúnmente con la felicidad, debido a las sensaciones que provoca. Aún así, hay parejas que consiguen mantenerse sin una vida sexual completa. ¿Cómo pensáis que puede afectar esto a la relación de pareja?