Audiocuento sobre emociones: La tristeza y la furia

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Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Quinto capítulo: TRISTEZA

Aquí tenemos la penúltima entrega del cuento. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces::

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Me sentía tan feliz abrazando a mi hijo… Y sin embargo algo no iba bien. Podía notarlo en el ambiente, mis músculos empezaban a tensarse… ¿Pero qué era? A veces sentimos una emoción visceral antes de que sepamos realmente qué está pasando… Y normalmente no nos equivocamos.

Ahora me daba cuenta de lo que pasaba. El monstruo estaba allí, podía percibir su presencia. Me giré lentamente, protegiendo siempre con mi cuerpo a Gabriel, hasta que me hallé cara a cara frente al ser. -¡Papi, papi! –Gritó Gabriel risueño al verlo. – Mira, es…- Pero no le dejé acabar. – ¡No te acerques a él, Gabriel, es muy peligroso! – Y mientras decía esto recuperé la espada de juguete y me dispuse a atacar de nuevo al monstruo.

Pero no había contado con la desobediencia de mi hijo. Corrió hacia el monstruo y se situó frente a él. – ¡No le hagas daño!- Me rogó. Yo me sentía muy cansado, ya no tenía apenas fuerzas para luchar… Pero debía hacerlo. – Gabriel, apártate inmediatamente.- Le ordené con mi tono más duro. Y ese fue el punto de no retorno. Aparté al niño y ataqué al monstruo. Éste chilló, pero entonces Gabriel se interpuso de nuevo, con lo que estuvo a punto de recibir mi golpe. El monstruo tiró de manera violenta del niño, que acabó golpeándose fuertemente la cabeza, y en un momento, sin saber bien cómo había pasado, me encontré frente a Gabriel tendido en el suelo, inmóvil. Estaba muerto.

Caí de rodillas, sin fuerzas, el mundo se me venía encima. Me acerqué a mi pequeño lentamente, sintiéndome como inmerso en un sueño, no podía creerlo. No… Mi niño no… Le acaricié la dulce carita y el pesar se apoderó de mí. Mi vista estaba nublada y las lágrimas me recorrían las mejillas. Vi al monstruo delante mío con la cabeza gacha. La expresión de su cara había cambiado, era más lastimera. Y, aunque pueda parecer extraño, si mis oídos no me engañaban estaba gimiendo. ¿Podía ser que también estuviera triste? Pero no, aunque pudiera ser posible, él no sabía como yo lo que era sentirse embargado por la tristeza en aquél preciso momento. No podía saber lo que dolía…

Aquí termina este triste episodio… ¿Cómo lo habéis vivido? ¿Qué habéis sentido respecto al monstruo? ¿Quizás rabia…? ¿Repulsión…? ¿O puede que incluso asco? El asco es justamente la última emoción básica, de la que hablaremos durante  la próxima semana.

 

Encuesta sobre las emociones básicas

Cada día podemos sentir múltiples emociones, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Habrá épocas donde algunas emociones sean más predominantes que otras. Por ejemplo, en una época llena de nuevos proyectos que nos gustan puede predominar la alegría, en una época de cambio puede predominar el miedo, tras una pérdida puede predominar la tristeza… En estos momentos, ¿cuál es la emoción predominante en tu vida?

Encuesta

¿Qué fue de la tristeza?

En esta entrada queremos compartir un extracto del artículo que ganó el XXV concurso literario de artículos de psicología que organiza el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña (COPC) y que fue presentado por una de las autoras de este blog (Iris Crespo). Si queréis acceder al artículo completo podéis pinchar aquí.

“La teoría de Paul Ekman (basada en los postulados evolucionistas de Darwin), remarca que la tristeza es una de las seis emociones básicas que evolutivamente nos han ayudado a adaptarnos al medio en el que vivimos y por lo tanto a sobrevivir. Esta teoría afirma que es una emoción que nos invita a reflexionar, nos ayuda a aceptar la realidad y nos incita a promover un cambio. Sin embargo, la sociedad actual tiene miedo a sentir tristeza y mucho más a mostrarla ante los demás, es la emoción no deseada. Incluso se podría afirmar que la tristeza se haya convertido en un tema tabú, es decir, cada día cuesta más hablar de ella. Quizá, por eso, normalizar la tristeza y aceptarla como parte de un buen equilibrio emocional sería de gran utilidad como un primer paso para prevenir ese gran enemigo que puede llegar a ser la depresión.”

Tristeza

Retazos del blog: Tercera encuesta

Encuesta

Retazos del blog: ¿Cuándo se convierte la tristeza en depresión?

Hoy en día todo el mundo conoce el término DEPRESIÓN, incluso existen ocasiones en las que dicho término es usado como sinónimo de TRISTEZA. Pero hay que tener cuidado, porque pasar por un periodo de tristeza no significa padecer un trastorno de depresión. Se trata de dos conceptos íntimamente ligados aunque con diferentes significados.

 La depresión es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por el estado de abatimiento y la infelicidad. No obstante, este trastorno abarca muchos más síntomas que la simple tristeza, como pueden ser: la pérdida de placer en las actividades habituales, la dificultad para conciliar el sueño o el sueño excesivo, los cambios bruscos en el apetito (con aumento o pérdida de peso), el cansancio o la falta de energía, los sentimientos de inutilidad y culpa, la baja autoestima, la dificultad para concentrarse, la presencia de movimientos lentos o rápidos, el retraimiento social, la inactividad, los sentimientos de desesperanza y abandono, y los pensamientos repetitivos de muerte o suicidio. Este conjunto de síntomas es producto de una tristeza patológica que tiende a continuar varios meses si no recibe el tratamiento adecuado.Digital Camera

Es importantísimo tener en cuenta que la depresión es un trastorno que produce una incapacidad para desarrollar las actividades de la vida diaria con normalidad. Este efecto no lo tiene la tristeza. Como ya hemos señalado anteriormente esta emoción es adaptativa, nos invita a la reflexión y nos impulsa al cambio, sin imposibilitar en ningún momento el progreso de nuestra vida. Ahí está la clave, los problemas en la vida diaria son los que nos ayudan a esclarecer cuando la emoción ha dejado de ser adecuada para pasar a ser patológica.

Quizás el miedo a padecer depresión provoca que nos dé miedo sentirnos tristes. Quizás no nos permitimos estar tristes por miedo a que los demás crean que estamos deprimidos. Quizás creemos que la tristeza y la depresión están ligadas a las personas débiles (aunque esté científicamente demostrado que no es así). A veces las asociaciones que tenemos entre emociones y patologías pueden llevarnos a graves malentendidos. Os invito a reflexionar ¿por qué es considerada la tristeza una emoción negativa?

Fin del mes de la tristeza

Terminamos el mes de la tristeza con la penúltima entrega del cuento. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces:

Primera parte                        Segunda parte                       Tercera parte                        Cuarta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Me sentía tan feliz abrazando a mi hijo… Y sin embargo algo no iba bien. Podía notarlo en el ambiente, mis músculos empezaban a tensarse… ¿Pero qué era? A veces sentimos una emoción visceral antes de que sepamos realmente qué está pasando… Y normalmente no nos equivocamos.

Ahora me daba cuenta de lo que pasaba. El monstruo estaba allí, podía percibir su presencia. Me giré lentamente, protegiendo siempre con mi cuerpo a Gabriel, hasta que me hallé cara a cara frente al ser. -¡Papi, papi! –Gritó Gabriel risueño al verlo. – Mira, es…- Pero no le dejé acabar. – ¡No te acerques a él, Gabriel, es muy peligroso! – Y mientras decía esto recuperé la espada de juguete y me dispuse a atacar de nuevo al monstruo.

Pero no había contado con la desobediencia de mi hijo. Corrió hacia el monstruo y se situó frente a él. – ¡No le hagas daño!- Me rogó. Yo me sentía muy cansado, ya no tenía apenas fuerzas para luchar… Pero debía hacerlo. – Gabriel, apártate inmediatamente.- Le ordené con mi tono más duro. Y ese fue el punto de no retorno. Aparté al niño y ataqué al monstruo. Éste chilló, pero entonces Gabriel se interpuso de nuevo, con lo que estuvo a punto de recibir mi golpe. El monstruo tiró de manera violenta del niño, que acabó golpeándose fuertemente la cabeza, y en un momento, sin saber bien cómo había pasado, me encontré frente a Gabriel tendido en el suelo, inmóvil. Estaba muerto.

Caí de rodillas, sin fuerzas, el mundo se me venía encima. Me acerqué a mi pequeño lentamente, sintiéndome como inmerso en un sueño, no podía creerlo. No… Mi niño no… Le acaricié la dulce carita y el pesar se apoderó de mí. Mi vista estaba nublada y las lágrimas me recorrían las mejillas. Vi al monstruo delante mío con la cabeza gacha. La expresión de su cara había cambiado, era más lastimera. Y, aunque pueda parecer extraño, si mis oídos no me engañaban estaba gimiendo. ¿Podía ser que también estuviera triste? Pero no, aunque pudiera ser posible, él no sabía como yo lo que era sentirse embargado por la tristeza en aquél preciso momento. No podía saber lo que dolía…

Aquí termina este triste episodio… ¿Cómo lo habéis vivido? ¿Qué habéis sentido respecto al monstruo? ¿Quizás rabia…? ¿Repulsión…? ¿O puede que incluso asco? El asco es justamente la última emoción básica, de la que hablaremos durante  el mes de diciembre.

¿Estar solo o sentirse solo?

Frecuentemente la tristeza y la soledad van cogidas de la mano. Cuando una persona pasa por una época triste de su vida evita la compañía de los demás y prefiere el aislamiento. Esta situación es contradictoria, porque es precisamente el apoyo de los demás uno de los factores que consigue animarnos.

Existen dos tipos de soledad. Una es la soledad emocional, es decir, la que sentimos cuando una relación es insatisfactoria y no nos “llena”. La otra es la soledad social, es decir, la que sentimos cuando no formamos parte de un grupo. Como animales sociales, los humanos buscamos el contacto de los demás, para nosotros es importante compartir la vida con otras personas ya sea la pareja, amigos o familia.

La soledad es un sentimiento subjetivo, es decir, cada persona lo siente de forma diferente, y no siempre el estar solo es sinónimo de sentirse solo. Existen personas con un círculo social reducido que no se sienten solas y en cambio, otras personas sí se sienten así aunque siempre están rodeadas de gente.

Tristeza y soledad se retroalimentan, de manera que cuando alguien pasa por un proceso depresivo busca la soledad y, por otro lado, las personas que se sienten solas se ponen tristes y pueden acabar pasando por procesos depresivos.

Sin embargo, la soledad no tiene porqué estar ligada siempre a la tristeza. Es también un estado positivo, porque nos da la oportunidad de reflexionar sobre nuestros pensamientos y sentimientos, manisfestarlos, y así madurar en el proceso. Existen personas que se sienten bien en soledad y realizan muchas actividades en solitario. Por ejemplo, dicen que viajar solo es un placer. También dicen que deberíamos ir al cine solos alguna vez.

¿Qué tipo de actividades os gusta hacer en soledad? ¿Qué actividades invitan a realizarse en solitario?

 

¿Cuándo se convierte la tristeza en depresión?

Hoy en día todo el mundo conoce el término DEPRESIÓN, incluso existen ocasiones en las que dicho término es usado como sinónimo de TRISTEZA. Pero hay que tener cuidado, porque pasar por un periodo de tristeza no significa padecer un trastorno de depresión. Se trata de dos conceptos íntimamente ligados aunque con diferentes significados.

 La depresión es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por el estado de abatimiento y la infelicidad. No obstante, este trastorno abarca muchos más síntomas que la simple tristeza, como pueden ser: la pérdida de placer en las actividades habituales, la dificultad para conciliar el sueño o el sueño excesivo, los cambios bruscos en el apetito (con aumento o pérdida de peso), el cansancio o la falta de energía, los sentimientos de inutilidad y culpa, la baja autoestima, la dificultad para concentrarse, la presencia de movimientos lentos o rápidos, el retraimiento social, la inactividad, los sentimientos de desesperanza y abandono, y los pensamientos repetitivos de muerte o suicidio. Este conjunto de síntomas es producto de una tristeza patológica que tiende a continuar varios meses si no recibe el tratamiento adecuado.

Es importantísimo tener en cuenta que la depresión es un trastorno que produce una incapacidad para desarrollar las actividades de la vida diaria con normalidad. Este efecto no lo tiene la tristeza. Como ya hemos señalado anteriormente esta emoción es adaptativa, nos invita a la reflexión y nos impulsa al cambio, sin imposibilitar en ningún momento el progreso de nuestra vida. Ahí está la clave, los problemas en la vida diaria son los que nos ayudan a esclarecer cuando la emoción ha dejado de ser adecuada para pasar a ser patológica.

Quizás el miedo a padecer depresión provoca que nos dé miedo sentirnos tristes. Quizás no nos permitimos estar tristes por miedo a que los demás crean que estamos deprimidos. Quizás creemos que la tristeza y la depresión están ligadas a las personas débiles (aunque esté científicamente demostrado que no es así). A veces las asociaciones que tenemos entre emociones y patologías pueden llevarnos a graves malentendidos. Os invito a reflexionar ¿por qué es considerada la tristeza una emoción negativa?