Retazos del blog: Para Emocionarse – Las emociones básicas

¿Cuántas emociones existen? Es difícil dar un número exacto… ¿Existen emociones universales? Esta misma pregunta es la que impulsó el estudio de las emociones.

 Paul Ekman dudaba de la afirmación de Darwin de que las emociones eran innatas y universales. Así que para comprobarlo decidió estudiar las expresiones faciales en diferentes culturas. Él creía que las expresiones faciales eran aprendidas socialmente, y que por tanto variarían en las diferentes partes del mundo. En contra de todo pronóstico vio que las expresiones faciales de ciertas emociones se repetían allá donde iba. A estas emociones decidió llamarlas emociones básicas. Toda emoción básica es universal, primitiva, independiente de la cultura, tiene una expresión facial propia, activa organismo y cerebro de una forma específica y prepara al cuerpo para una acción (como la huida o el ataque).

(Foto cedida por la fotógrafa Mónica Guerrero: https://500px.com/Allcolors)

(Foto cedida por la fotógrafa Mónica Guerrero: https://500px.com/Allcolors)

Con toda esta información… ¿Se te ocurre cuáles son las emociones básicas? Antes de continuar hay que aclarar que no todo el mundo coincide en el número de emociones básicas y en cuáles son. Ekman nos propone 6: miedo, rabia, alegría, tristeza, asco y sorpresa. Estas dos últimas son las más discutidas. La sorpresa porque su expresión facial se confunde con la del miedo, y el asco porque puede considerarse una reacción fisiológica más que una emoción.

Pero aquí no acaba el mundo de las emociones, porque hay infinidad de emociones secundarias. ¿Quieres saber qué hay detrás de las emociones?

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INTRODUCCIÓN AL MES DEL ASCO

El asco es considerado por Ekman una emoción básica, y la describe como un sentimiento de aversión. Aversión al sabor, olor, visión, oído, tacto e incluso pensamiento de algo ofensivo y desagradable para nosotros. También pueden provocarnos asco ciertas acciones o incluso ideas.

Como emoción básica, el asco es universal, pero los “provocadores” del asco varían según la cultura. Muchas comidas que son “asquerosas” para la cultura occidental no lo son para la oriental (carne de perro, insectos…). Sin embargo, existen cinco elementos que producen asco a todas las culturas: las heces, el vómito, la orina, los mocos y la sangre. Son, curiosamente, elementos de nuestro cuerpo que, fuera de él nos parecen asquerosos a todos.

El asco es una emoción innata, como todas las emociones básicas, pero no se manifiesta hasta el cuarto año de vida. Antes de esa edad los niños sienten repugnancia hacia cosas que tienen mal sabor, pero no asco.

La expresión facial de esta emoción se manifiesta con el labio superior de la boca elevado del todo y el labio inferior sobresaliendo un poco. La nariz se arruga profundamente y la zona cercana a las fosas nasales se eleva. Las mejillas suben y las cejas bajan. Si el asco es muy profundo, la lengua sale ligeramente. La expresión facial del asco es fácilmente confundible con la de la rabia, y es que a veces la rabia puede convertirse más tarde en asco. Con el asco se activan la salivación y las náuseas, pudiendo dar lugar incluso al desmayo. A nivel cerebral el asco se genera en el sistema límbico. Hay autores que no consideran el asco como una emoción, sino más bien como una reacción fisiológica.

La funcionalidad del asco es clara, es útil para librarnos de aquello que consideramos asqueroso, desde comida en mal estado hasta formas de comportamiento inaceptables para nosotros.

INTRODUCCIÓN AL MES DE LA TRISTEZA

La tristeza es otra de las emociones básicas, según la definición de Paul Ekman. Y como el resto de emociones básicas es universal, adaptativa e independiente de la cultura. La función de la tristeza es llevarnos a un estado de recogimiento que de lugar a la reflexión. Sería como una alarma que nos indica que es necesario que nos detengamos y recapacitemos. Cuando estamos tristes tenemos menos energía, y esto facilita que nos tomemos un tiempo para estar con nosotros mismos y pensemos más profundamente en el suceso que nos provoca esta emoción. Además, la tristeza también nos ayuda a recapacitar y a aprender de nuestros errores, e incluso a prepararnos para los cambios.

La tristeza es una de las emociones que pueden ser más duraderas. Como las demás emociones básicas tiene características fácilmente reconocibles, tanto a nivel fisiológico, como postural y facial. Fisiológicamente se incrementa el funcionamiento del sistema nervioso simpático. Disminuye el metabolismo y la circulación sanguínea y linfática, la respiración se hace menos profunda, hay menos apetito y no se aprovechan tanto los nutrientes. Muchos otros procesos se enlentecen, como la cicatrización de las heridas. En cambio la frecuencia cardiaca y la presión arterial se incrementarán ligeramente. En cuanto a la postura corporal suele haber una falta de tono muscular. Los hombros suelen estar encogidos y curvados hacia delante, con la cabeza gacha. Además, se puede percibir una falta de energía y vitalidad. A nivel facial los párpados y las comisuras de los labios caen hacia abajo, la boca se entreabre y las mejillas se elevan ligeramente. Los ojos pueden humedecerse, o incluso pueden llegar a caer las lágrimas cuando se produce el llanto.

Por otro lado, la tristeza también tiene un papel importante en la comunicación con los demás. Las expresiones faciales asociadas a la tristeza expresarán de manera no verbal que necesitamos ayuda. Por lo tanto, esto facilitará que la gente de nuestro alrededor se preocupe y nos preste la atención que necesitamos, sin ni siquiera tener que pedirlo. Dada la importancia que tiene la tristeza tanto a nivel de comunicativo como para ayudarnos a gestionar los cambios y llevarnos al crecimiento personal, no es de extrañar que se trate de otra de las emociones que han perdurado hasta nuestros días.

INTRODUCCIÓN AL MES DE LA ALEGRÍA

La alegría es una más de las emociones que Ekman definió como básicas, lo cual implica que es universal y adaptativa. El papel principal de la alegría a lo largo de los siglos ha sido favorecer la disposición del ser humano a relacionarse y vincularse socialmente. Pero su función no termina ahí, la sensación de bienestar generada por la alegría también promueve altos niveles de energía y disposición a la acción constructiva. Es decir, de manera indirecta, promueve nuevas iniciativas de acción y potencia nuestro rendimiento, favoreciendo la creatividad, el aprendizaje, la memoria, la resolución de conflictos, etc. Indudablemente esta emoción ha tenido un gran peso en el desarrollo y la evolución de los seres humanos.

Desde la temprana infancia nos resulta bastante sencillo identificar o reconocer cuando alguien está alegre. Las características faciales, posturales y fisiológicas de esta emoción son bastante particulares y difícilmente se confunden con las del resto de emociones básicas. A nivel facial se puede observar cómo las comisuras de los labios se deslizan formando una sonrisa, cómo los párpados se aprietan ligeramente y cómo las mejillas aumentan mientras los bordes exteriores de las cejas decaen. A nivel fisiológico hay un aumento de la actividad tanto respiratoria como cardiovascular, aunque en menor medida que en otras emociones como la ira o el miedo. A nivel corporal, la alegría promueve la proximidad y el contacto físico.

Es fácil intuir por las características descritas anteriormente que la alegría tiene un rol social muy importante. Esta emoción es a la vez causa y consecuencia de las relaciones e interacciones que establecen las personas que cohabitan en un mismo entorno. Es decir, por un lado la alegría nos incita a relacionarnos con las personas próximas a nosotros, y por otro lado, interaccionar con estas personas suscita en nosotros la alegría. Tanto en la prehistoria como en el momento actual, resulta bastante complicado sobrevivir como individuo aislado, de ahí que resulte tan necesario promover emociones como la alegría (y derivadas de ésta) que fomenten el acercamiento y los vínculos dentro del grupo.

INTRODUCCIÓN AL MES DE LA SORPRESA

La sorpresa es definida por Ekman como otra de las emociones básicas, y por lo tanto es innata, universal y adaptativa.  La sorpresa surge a partir del descubrimiento de algo inesperado y dura tan sólo unos segundos.  Es la emoción más breve de todas, y va seguida inmediatamente de otra emoción como el miedo, la alegría, la rabia, el alivio o el asco.  Sin embargo, la emoción que sigue más frecuentemente a la sorpresa es el miedo.

La expresión facial de la sorpresa se identifica cuando las cejas se elevan hasta que se vuelven curvas, los ojos y los párpados se abren y la mandíbula cae mostrando la boca abierta, los labios y los dientes. La expresión de la sorpresa es muy parecida a la del miedo, así que se confunden fácilmente.

La brevedad de la expresión de la sorpresa es una característica única de esta emoción. Todas las demás pueden ser de corta o de larga duración, pero la sorpresa no puede durar más de unos segundos. Por esta razón algunos especialistas no categorizan a la sorpresa como una emoción. Además, en contra de la teoría de Ekman, argumentan que la sorpresa no es sentida como agradable o desagradable, y en cambio las demás emociones sí.

¿Para qué nos sirve sentir sorpresa? La finalidad adaptativa de la sorpresa es de orientación, es decir, nos prepara para afrontar una nueva situación. Cuando nos sorprendemos, esta emoción surge en  un momento en el cual aún no sabemos qué está pasando exactamente. La sorpresa nos ayuda a darnos cuenta de lo que está sucediendo y, después del análisis de la situación,  deja paso a  la emoción que corresponda en ese momento.

INTRODUCCIÓN AL MES DE LA RABIA

La rabia es otra de las emociones básicas, siguiendo la definición de Paul Ekman. Y como básica es adaptativa, universal e independiente de la cultura. Su función es doble: por un lado nos activa para el ataque o la lucha, mientras que por  otro lado hace que emitamos señales no verbales amenazantes para informar al enemigo de que estamos listos para atacar. Esta emoción, al igual que el miedo, ha sido evolutivamente necesaria para la supervivencia, ya que nos ha permitido defendernos en situaciones de peligro.

La emoción de la rabia existe desde una edad muy temprana. Aunque la manera de expresarla puede estar influenciada por el entorno, al igual que el resto de emociones básicas tiene características fisiológicas, posturales y faciales fácilmente reconocibles, que son independientes de la cultura. Las manifestaciones fisiológicas de la rabia son parecidas a las del miedo. El ritmo cardiaco se acelera, se respira más de prisa consumiendo más oxígeno y aumenta la tensión arterial. Además, la persona siente un fuerte impulso que la empuja a ir hacia el objeto de su enfado.

Un observador externo podrá detectar muchos signos que le permitan identificar la emoción. Por ejemplo, la cara será una de las zonas más distintas entre rabia y miedo. En la rabia hay una activación facial; al llegar más sangre a la cara, esta se enrojece, y la persona puede sentir calor. Esto contrasta con la pérdida de riego sanguíneo que se da en el miedo, haciendo que la cara palidezca. En la rabia, además, la mandíbula y los dientes se aprietan, podemos llegar a enseñar los dientes (como hacen los animales hoy en día enseñando los colmillos), y los labios se tensan perdiendo volumen. Este último signo es muy difícil de inhibir y suele ser de los primeros en aparecer cuando se siente rabia, incluso antes de que la persona sea consciente de ello. Además, también se fruncen las cejas, los puños se cierran, aumenta el tono muscular general, podemos alzar la voz… Estamos dando señales no verbales de que estamos listos para el ataque.

La expresión de la rabia tiene una función clave en la comunicación con los demás. Las señales tanto posturales como faciales alertan al grupo de un peligro, a parte de prepararlos para la acción. Además, las señales agresivas muestran a quien nos amenaza que estamos preparados para enfrentarnos a él y atacar. Informamos de que no nos vamos a rendir; estamos dispuestos a luchar para defendernos. Por lo tanto, ya que la función de la rabia ha sido importante para nuestra supervivencia no es de extrañar que esta emoción haya perdurado hasta nuestros días.

INTRODUCCIÓN AL MES DEL MIEDO

El miedo es una de las emociones que Ekman definió como básica, y como tal, se trata de una emoción universal y adaptativa. El miedo es un conjunto de sensaciones que aparecen tras un estímulo o situación amenazante. Su función es avisar de un posible peligro y preparar al organismo para huir y/o atacar. En la evolución del ser humano esta emoción ha sido imprescindible para la supervivencia. Por eso, cualquier experiencia real que comprometa la prolongación o la calidad de la vida, es una historia de miedo.

Todos identificamos y expresamos el miedo desde la infancia temprana. Indudablemente, vivir inmerso en una cultura y una sociedad moldea en parte la forma en que expresamos nuestras emociones. Aun así, las emociones que hemos etiquetado como básicas poseen características fisiológicas, posturales y faciales fácilmente reconocibles, independientemente del lugar donde se nace. En el caso concreto del miedo, se produce una activación orgánica general: aceleración del ritmo cardiaco, aumento del consumo de oxigeno, acentuación del tono muscular, descarga hormonal (eje hipotálamo-hipófiso-adrenal), etc. A nivel externo se puede observar tensión muscular (tanto a nivel corporal como facial), postura corporal ligeramente inclinada hacia atrás, los ojos abiertos, las cejas elevadas, la boca cerrada con los labios sutilmente estirados hacia las orejas y la barbilla próxima al cuello. En algunos casos de miedo extremo el alto nivel de tensión muscular puede llegar a provocar temblor, fricción de dientes, micción o defecación incontrolada.

Es fundamental remarcar el papel que tiene el miedo, y las emociones básicas en general, en la comunicación con los demás. Las características faciales y corporales concretadas en el párrafo anterior, son señales de comunicación que permiten informar a los demás de la existencia de una amenaza. Es decir, una expresión facial de miedo es una señal de alarma rápida y eficaz que envía un mensaje inequívoco de peligro. Dadas las ventajas evolutivas derivadas de la capacidad de emocionarse, es fácil entender por qué el miedo ha perpetuado a lo largo de los siglos y por qué hoy en día nos acompaña.

Para emocionarse

¿Cuántas emociones existen? Es difícil dar un número exacto… ¿Existen emociones universales? Esta misma pregunta es la que impulsó el estudio de las emociones.

 Paul Ekman dudaba de la afirmación de Darwin de que las emociones eran innatas y universales. Así que para comprobarlo decidió estudiar las expresiones faciales en diferentes culturas. Él creía que las expresiones faciales eran aprendidas socialmente, y que por tanto variarían en las diferentes partes del mundo. En contra de todo pronóstico vio que las expresiones faciales de ciertas emociones se repetían allá donde iba. A estas emociones decidió llamarlas emociones básicas. Toda emoción básica es universal, primitiva, independiente de la cultura, tiene una expresión facial propia, activa organismo y cerebro de una forma específica y prepara al cuerpo para una acción (como la huida o el ataque).

Con toda esta información… ¿Se te ocurre cuáles son las emociones básicas? Antes de continuar hay que aclarar que no todo el mundo coincide en el número de emociones básicas y en cuáles son. Ekman nos propone 6: miedo, rabia, alegría, tristeza, asco y sorpresa. Estas dos últimas son las más discutidas. La sorpresa porque su expresión facial se confunde con la del miedo, y el asco porque puede considerarse una reacción fisiológica más que una emoción.

Pero aquí no acaba el mundo de las emociones, porque hay infinidad de emociones secundarias. ¿Quieres saber qué hay detrás de las emociones?

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