La importancia del asco

Cuando hablamos del asco como emoción básica solemos asociarla a la emoción que nos produce la comida en mal estado o podrida, ciertos seres vivos (como las arañas, las ratas o los gusanos) y las secreciones del cuerpo (como las heces o los vómitos). Es decir, el asco aparece como una señal que nos advierte de que existe un peligro de enfermedad o de intoxicación. Sin embargo, el asco tiene muchas otras implicaciones y tiene una importancia en la sociedad mayor de la que normalmente se le otorga.

Dentro del campo de la psiquiatría, el asco ha sido una de las emociones olvidadas. Es ahora, cuando se está observando que el asco puede estar implicado en el desarrollo de ciertas psicopatologías, como algunos tipos de fobias (la fobia a las arañas o la fobia a la sangre), los trastornos de la alimentación (anorexia o bulimia) y en los trastornos obsesivos-compulsivos. En estos casos extremos, el asco puede ser la causa o puede contribuir a que se desarrollen ataques de ansiedad al ver una araña, a que se sientan nauseas al llevarse comida a la boca o a que una persona tenga que lavarse las manos con lejía cada vez que toca o saluda a un desconocido.

Más sorprendente resulta el papel que tiene el asco dentro de la cultura y en la moral. A todos nos suenan las expresiones “Me das asco”, “No lo/la trago”, “Es un/a asqueroso/a”, etc. Todas ellas hacen referencia al asco. Hay veces que usamos estas expresiones para personas extrañas, desconocidas o indigentes, es decir, cualquiera que pueda tener unas costumbres higiénicas o dietéticas distintas a las nuestras. Aunque, en otras ocasiones utilizamos estas expresiones para calificar a alguien que ha hecho o está haciendo algo que consideramos “moralmente condenable”. Por ejemplo, a día de hoy podemos llegar a oír estas expresiones cuando vemos a dos personas del mismo sexo darse un beso en público o cuando vemos a una mujer que no se depila las piernas o las axilas.  ¿Se os ocurren otros ejemplos de este tipo en los que usemos el asco para deplorar una conducta moral?

En este sentido, el asco podría ser usado en algunas ocasiones (quizá sin ser conscientes de ello) para fomentar ciertas actitudes discriminatorias. Alguna vez os habéis planteado si el asco es lo que nos lleva a rechazar a ciertas personas sin tener ninguna razón lógica para hacerlo. ¿Estáis de acuerdo con esta reflexión?

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Experiencias compartidas en el blog…

Aquí os dejamos un comentario que nos dejó una de nuestras lectoras y la respuesta que le dimos.

Hola, la verdad no sé como empezar xD. Yo cuando era ñiña empecé a tener problemas. Contaba 1, 2, 3 cuando tenía que verificar que la puerta estaba cerrada, que el foco estaba apagado, si la estufa estaba apagada ect. Después con el paso del tempo fui empeorando. Con la limpieza no me gusta que nadie toque mi ropa que acabo de tender… Cuando lavo ropa y la tengo que meter, me baño para estar limpia, porque si no hago eso siento que se ensucia mi ropa. No me gusta sentarme en una silla donde la gente se sienta, me da asco, siento que me ensucio. No me gusta que nadie entre a mi cuarto ni que nadie se acueste en mi cama porque me da asco, siento que si eso hacen, ya mi cama está sucia…
Tengo 20 años viviendo de esa manera… No me gustan las cosas que hago y óomo me comporto, pero si no lo hago mi mente no me deja…
Estoy haciendo todo lo posible para ya no pensar y lo estaba logrando pero ahorita mi mente me traiciona y volví a caer.

Me da asco mi hermana…
No me gusta pasar a lado de ella porque me da cosa.

La quiero pero mi mente me traiciona.
No sé … Ni yo misma sé lo que me pasa.

Me enojo rápido con gente que quiero…
Pero no me puedo controlar…
Como mis padres ya saben que tengo esto pues dicen que estoy loca y me habían mandado al psicólogo pero lo dejé…
En finnnnnnnnn

Hola,

Muchas gracias por escribirnos y explicarnos tu historia. Por lo que parece, lo que nos cuentas es algo que lleva mucho tiempo ocurriendo en tu vida y que te causa un importante malestar. Aunque haría falta una entrevista en profundidad para confirmarlo, por lo que nos has dicho es probable que tengas un trastorno obsesivo compulsivo, aunque por supuesto deberías corroborarlo con un profesional de tu zona. En estos casos suele ser bastante complicado que remitan estos comportamientos y obsesiones (estas “traiciones de la mente” que comentas) sin ayuda profesional. Ya nos has dicho que fuiste a un psicólogo aunque no continuaste. Ante todo, aclarar que ir al psicólogo no significa estar loco o loca. Hoy en día mucha gente va al psicólogo por muchos motivos (duelo, estrés…), o incluso por puro crecimiento personal. En tu caso te aconsejaríamos que lo intentaras una vez más, tal vez buscando a un profesional nuevo con el que te sientas cómoda y que te pueda ayudar a mejorar el problema. Ten en cuenta que con trabajo y tiempo es posible mejorar. Ahora está en tus manos dar el primer paso.

Esperamos haberte sido de ayuda, si tienes alguna otra pregunta no dudes en contactar con nosotras.

Un abrazo,

ParaEmocionarse

Experiencias compartidas en el blog…

Hace unas semanas, una de nuestras lectoras compartía con nosotras su experiencia con el trastorno obsesivo compulsivo o TOC. Aquí os dejamos su comentario y la contestación que le dimos.

Hola, soy mary, pensé que yo era la única pero eso no importa. Lo que quiero es cambiar, ya estoy perdiendo a mi familia, mis hijas me confrontan y hay peleas. Trato de ceder en cosas pero ellas me exigen cada vez más y pareciera que lo que yo hago para ellas no es normal, me molesta que no entiendan lo difícil que es para mí. He asistido a psicólogos y a psiquiatras. Hay una terapia de bioenergética, la he hecho y nada me funciona. Mis hijas no pueden llevar gente a la casa, ni mi familia va a mi casa. Esto es muy difícil de explicar a personas que no son psicólogos ni psiquiatras.

Hola, Mary
Muchas gracias por escribirnos y compartir con nosotros tu vivencia. Por lo que nos comentas, entendemos que lo que más te afecta en este momento es la falta de comprensión que muestra tu entorno hacia lo que te ocurre. Desde fuera puede resultar difícil entender este problema. En este sentido, nosotras te acosejamos que intentes hablar con tus hijas de lo que sientes (si no lo has hecho ya…) y les expliques que para cambiar tienes que ir poco a poco y que con su apoyo sería más fácil conseguir una mejoría. Si esto no funciona, y ellas están de acuerdo, quizás os podría ayudar hablar del tema con un psicoterapeuta especializado en terapia familiar.
Por otro lado, te queremos felicitar por esforzarte cada día en hacer pequeños cambios y por haber tenido el valor para buscar ayuda, te animamos a seguir en esa línea. Quizá aún no has encontrado una terapia que se ajuste a lo que necesitas, no a todo el mundo le funcionan las mismas cosas. Por si te sirve de ayuda, la terapia cognitivo-conductual y la terapia breve estratégica suelen dar buenos resultados.
Esperamos haberte ayudado, si tienes alguna otra duda puedes volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Experiencias compartidas en el blog…

Hace unos meses un lector del blog compartía con nosotros su experiencia. Aquí os dejamos su historia y nuestra respuesta.

Hola! Necesito ayuda urgente.
Mi problema no sé si es enfermedad o locura, de lo único que estoy consiente es que me estoy alejando de la gente que me quiere y estoy viviendo un infierno.
Mi situación es que le tengo asco a las personas que según mi parecer son feas o tienen algún defecto. Le tengo asco a las cosas que estas personas tocan y en los lugares que han estado o que hayan ocupado y luego yo ocuparlos, me da asco que me toquen y que toquen mis cosas también. Y si eso pasa, me baño pero tengo que hervir el agua para poder sentirme limpio, o si tocan algunas de mis cosas como mi celular por ejemplo lo desinfecto con alcohol o con cualquier otra cosa que me haga sentir que le ha borrado sus huellas. Ya llevo más de dos años con este problema y en vez de curarme todo lo contrario, parece ser progresivo y cada día que pasa es aún peor.
A mi empleo anterior renuncié por causa de mi mismo problema, existían dos personas que hacían parecer mi vida un martirio. En mi familia ya se han dado cuenta, pero no dicen nada al respecto. Después que me vine de trabajar toda la ropa que usaba diariamente la quemé y otra parte la tiré a la basura, y todo porque sentía que me daba asco.
Si una persona de las que huyo por temor a que me pueda tocar lo hace, me dan ganas de llorar y de desaparecer en ese momento. Le tengo asco o miedo o quizá las dos cosas sobre todo a las personas que son muy pequeñas de estatura o a las personas gordas que son de piel muy blanca.
Sufro demasiado pero aún no sé de qué me dependió este problema si antes yo no era así.
Por favor ayúdeme y dígame como se llama esta terrible enfermedad y sobre todo cuál es la cura para este terrible sufrimiento.
Algunas veces siento vergüenza de mi manera de ser ya que algunas personas creo que sienten mi apatía por ellos, algunas personas me han querido hablar y yo rehuso a escucharlas y las ignoro, mejor me alejo porque me causan asco o miedo… Sinceramente no sé lo que sea pero ya no puedo ni quiero seguir sufriendo.

Quisiera que alguien me dijera qué tengo o qué me pasa?

Respuesta dada por Paraemocionarse:

Hola,
Muchas gracias por escribirnos y compartir tu historia. Por lo que comentas lo que te pasa lleva tiempo afectando bastante tu vida. Es muy posible que estos síntomas que notas sean lo que se conoce como “trastorno obsesivo-compulsivo”, también conocido como TOC, descrito en esta entrada del blog, aunque debería confirmarlo un profesional de tu zona mediante una entrevista más detallada. Dado el gran malestar que sientes te recomendaríamos que consultaras con un médico tu caso, para que estudie las posibilidades de tratamiento. Según las guías de práctica clínica de la American Psychiatry Association (APA) los tratamientos de primera línea (es decir, los que se recomiendan para ser administrados en un primer momento) para el TOC suelen ser la psicoterapia (principalmente la terapia cognitivo-conductual), los psicofármacos (principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, que son un tipo de antidepresivo) o el tratamiento combinado (incluyendo ambos: psicoterapia y fármacos). Pero por supuesto cada caso tiene que evaluarse individualmente.
Respecto a lo que comentabas sobre que llevas así mucho tiempo y ha ido a peor, queríamos comentarte que esto es algo habitual si no hay tratamiento. Las conductas que realizas para contrarrestar el asco que sientes aunque te pueden aliviar a corto plazo, perpetúan el problema, e incluso pueden incrementarlo. Por eso algunas líneas de psicoterapia trabajan intentando reducir estas conductas.
En tu caso, creemos que es importante que busques tratamiento pronto, por la gran interferencia en tu vida que comporta este problema. Esperamos que esta información te haya sido de ayuda, si tienes alguna otra pregunta no dudes en volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Emo-curiosidades: Nueva película de animación sobre las emociones

A partir del 19 de Junio podremos ver en los cines una película de animación de Pixar que dará vida a algunas de las emociones que tanto hemos tratado en el blog. Inside Out nos ayudará a adentrarnos en el mundo emocional de una niña que se acaba de mudar con su familia a un nuevo hogar. Las protagonistas serán la pequeña Riley y las 5 emociones que conviven dentro de su mente y tienen vida propia: Alegría, Tristeza, Asco, Miedo e Ira. ¿Os resultan familiares estas emociones?

A nosotras nos ha parecido una idea muy original, que además incluso puede ayudar a los más pequeños a aprender sobre las emociones de forma divertida. ¿A vosotros qué os parece? Por si queréis saber un poco más sobre la película adjuntamos más abajo el trailer. Decidnos, ¿creéis que la iréis a ver?

Retazos del blog: Tercera encuesta

Encuesta

Retazos del blog: Cuando el asco se convierte en enfermedad

El asco tiene un papel importante en algunas enfermedades mentales, según han demostrado investigaciones recientes. Así, podría estar implicado en algunos tipos de fobias, en los trastornos alimentarios, en algunos trastornos sexuales y en algunos casos de trastorno obsesivo compulsivo (también conocido como TOC). De este último me gustaría hablar más extensamente.

¿En qué consiste el TOC? Vamos a imaginarnos por un momento que lo padecemos. Por un lado tendríamos constantemente ideas obsesivas, ya fueran pensamientos, impulsos o imágenes, que interpretaríamos como algo molesto, inapropiado o incluso absurdo. Por ejemplo, algunas ideas obsesivas podrían ser tener dudas exageradas sobre si hemos cerrado las luces, el gas o la puerta de casa (aunque lo hayamos comprobado repetidas veces), o tener que contar las baldosas que pisamos cuando cruzamos una habitación. Lo más importante es que estas ideas nos causarían un malestar o ansiedad significativos. Y por supuesto se trataría de algo distinto a las preocupaciones habituales de la vida cotidiana. Seríamos conscientes de que estos pensamientos son producto de nuestra mente, e intentaríamos encontrar la manera de suprimirlos o sustituirlos por otros, aunque posiblemente volverían a molestarnos al cabo de un rato.Cuando el asco se convierte en enfermedad

Por otro lado, tendríamos la necesidad de realizar lo que se conoce como compulsiones, es decir, comportamientos o actos repetitivos que nos podrían parecer innecesarios o excesivos, como podría ser tener que lavarnos las manos varias veces después de tocar cualquier cosa que pueda estar mínimamente sucia. El problema principal sería que si intentáramos evitar hacer esas conductas sentiríamos una gran ansiedad. Y lo más importante es que o bien las ideas obsesivas o las compulsiones interferirían en nuestra vida diaria, ya fuera haciéndonos perder un tiempo significativo o interfiriendo en nuestras rutinas diarias, en el trabajo (por ejemplo, llegando tarde), los estudios o en nuestra vida social. Con toda esta información, ya os habréis hecho una idea de lo difícil que puede ser convivir con este trastorno.Cuando el asco se convierte en enfermedad2

¿Pero qué tiene todo esto que ver con el asco? La mitad de las personas que sufren TOC tienen pensamientos relacionados con el temor a la contaminación. Y precisamente se ha demostrado que, contrariamente a lo que se creía previamente, este temor está relacionado con el asco y no solo con el miedo. Es curioso cómo la manifestación del asco de manera desmedida puede afectar a la vida de una persona. ¿Pero os imagináis qué pasaría si lo lleváramos al otro extremo? ¿Creéis que sería un problema no sentir asco en casi ninguna situación?

Experiencias personales: La no vida con un trastorno alimentario (I)

Después de leer las entradas anteriores seguramente ya tendréis una idea de lo que son la anorexia y la bulimia. A continuación podréis leer un relato en primera persona escrito por alguien que pasó por las dos experiencias. ¿Cómo puede ser? Bueno, la teoría es siempre muy clara en los manuales, pero en la vida real las cosas a veces son un poco diferentes… Creemos que es interesante que podáis ver la experiencia de la anorexia y la bulimia a través de los ojos de nuestra protagonista, para entender todas las emociones que pueden haber detrás.

(Artículo de colaboración, por B. D.)

El miedo, el miedo siempre ha estado ahí. Como el motor poco potente pero persistente que me ha acompañado desde niña hasta ahora y que se ha transformado en mil cosas: en inseguridad, en angustia, en tristeza…. En demasiadas cosas. Hubo muchas razones que a lo largo de los años se fueron uniendo y formando el conjunto de cosas que me llevaron a caer en la anorexia y en la bulimia. Podríamos empezar nombrando las mofas de mis compañeros de clase (esas bromas humillantes y persistentes que a lo largo de los años minan la seguridad de una persona en sí misma, hechas muchas veces sin consciencia de su repercusión, pero el eco de las cuales llega muy lejos en la vida de algunas personas), los problemas de convivencia de mis padres, su posterior divorcio, mi extrema sensibilidad hacia todo, hacia los sentimientos, hacia la música, hacia el arte, hacia las acciones de las Experiencias personales 4personas… Un largo etcétera.

Mi miedo se convirtió desde muy pronto en miedo a fallar a los demás, en miedo a no ser suficiente para merecer su atención y su cariño, en miedo a la soledad. Daba igual en qué contexto fuera, en la escuela, en casa, todos mis comportamientos se encaminaban a agradar a los otros para que me aceptaran y quisieran estar conmigo.

La infancia ya estuvo marcada por mis problemas con la comida, fui un bebé muy mal comedor, y una niña con problemas para aceptar la variedad en la comida. Desde muy pronto encontré en la comida un refugio emocional. Ese refugio nunca me fallaba ni me despreciaba. Fueran penas o alegrías… Poco a poco cualquier emoción algo más fuerte de lo normal empezó a convertirse en la mejor excusa para recurrir a la comida. Algunos niños tienen amigos, otros amigos imaginarios, yo recurría a la comida cuando sentía que no tenía ningún otro sitio al que acudir.

La adolescencia y la entrada en juego de las hormonas, que de por sí revolucionarían cualquier cerebro y cuerpo adolescente, fueron el principio del caos, un caos negro y absoluto. Mis miedos se tornaron aún mucho más poderosos, las relaciones familiares se volvieron caóticas con el divorcio de mis padres, no encontraba en ningún sitio la seguridad para crecer y empezar a descubrir quién era. Siempre tenía esperanza y confianza en la bondad de las personas, y la cruda realidad de cada día, me minaba esa idea, esa creencia. Anhelaba profundamente que alguien supiera ver la persona que era, que descubriera cuáles eran las cosas que me hacían sentir plena, que me hacían reír, llorar, tenía ganas de sentir, de aprender, de ser libre. Evidentemente mi cuerpo sufrió los estragos de las subidas hormonales como a todos nos pasa. En mi caso, eso significó intensificar mis problemas con mi sobrepeso, con mi imagen corporal, y con mi inseguridad.Anorexia

La estocada final llegó con mi primera relación de pareja. Aquello fue la gotita que colmó un vaso que hacía ya mucho tiempo que rezumaba y que estaba a punto de desbordarse. En esa relación, mi peso y mi imagen fueron tema de discusión desde el primer día. Aquellos pensamientos de que no era suficiente, de que no era lo que aquella persona quería, se intensificaron de tal manera que se convirtieron en un martirio, repicando en mi cabeza a cada segundo del día. Pero en aquellos momentos aquella persona para mí era vital, porque me evadía de la realidad en mi casa, una realidad que me dañaba a diario. Yo podía entender y aceptar que mis padres ya no se quisieran y rompieran su relación, lo que no podía soportar ni entender era el trato tan desagradable que empezaron a dispensarse y en el cual me vi sumergida. Cómo no iba querer cumplir las expectativas de la persona que en aquel momento me salvaba de eso, que me daba el cariño que no encontraba en mi familia porque tenían demasiados otros problemas…

Misteriosamente, empezar a dejar de comer fue muy sencillo. Lo que durante años había sido incapaz de hacer y por lo cual había escuchado tantas veces aquella frase de: “Es que si tuvieras un poco de voluntad….”. Pues tanta era mi desesperación, que la fuerza de voluntad vino sola. Vino para acabar conmigo. Empecé por cambiar las cosas que comía, a eso le siguió empezar a reducir la cantidad de lo que comía, primero un poco y luego cada vez más. Era una verdadera obsesión, mi cabeza nada más calculaba lo ya ingerido y lo que tendría que ingerir el resto del día. No podía concentrarme en prácticamente nada más. Al principio la pérdida de peso fue lenta, y fue vista de manera positiva por mi entorno. Evidentemente estaba mucho más GUAPA. Pues no señores, en ese caso el precio del “estar más GUAPA” era que cada vez empezaba a estar más ENFERMA. En ciertos momentos yo era consciente que estaba perdiendo el poder sobre mi cabeza, que no racionalizaba de forma normal y que aquello que hacía empezaría a pasarme una seria factura en breve. Pero mi ansia por seguir, mi satisfacción por empezar a lograr los objetivos marcados por mí misma… Era tan ADICTIVO, era como una DROGA para mí. Necesitaba controlar, necesitaba ganar, necesitaba ser buena en eso. Esa primera relación no duró demasiado, pero cuando acabó, empecé a ser aún más radical en mis esfuerzos por adelgazar. Cómo más adelgazaba, ¡¡más me decía todo el mundo lo estupenda que estaba!! ¿Cómo no iba a seguir, cómo no iba a intensificar mi trabajo para conseguir lo que quería? El único inconveniente era que empezaba a no tener nunca bastante.Experiencias personales 3

El inicio de la Universidad me dio tal libertad de horarios, fuera del control de mi familia y amistades, que me resultó muy sencillo acabar por prácticamente no comer y matarme a ejercicio diariamente. En aproximadamente un 1 año y medio el resultado fue pasar de unos 72 kg a 47 – 48 kg.

Al final mi cuerpo empezó a no resistirlo, sufrí amenorrea durante prácticamente un año y tuve que medicarme para recuperar mi período. Mi cabeza no daba de sí. APATÍA, esa es la palabra que mejor define mi estado emocional general. Me sentía prácticamente adormecida todo el día, empecé a distanciarme de las situaciones, me era más difícil sentir tristeza o sentir dolor, pero a la vez tampoco sentía alegría, ni emoción, ni expectativa, ni nada… Parecía cómo si mi cabeza flotara la mayor parte de veces en un limbo vacío, donde podía refugiarme de una vida que me esclavizaba, presa de rutinas, pautas, reglas, mentiras y prohibiciones.

Supongo que llegó un día que no pude más, no tengo claro el recuerdo de esa tarde, pero si sé que llamé a mi madre llorando y muy asustada. Sin saber muy bien cómo, en un momento de soledad (bastante normales en esa época) me di mi primer atracón. Sólo recuerdo el dolor de mi estómago, hinchado por los kilos de comida y bebida ingeridos en poco tiempo. Dolor, dolor y espanto por lo ocurrido. Fue ahí cuando del principio de anorexia nerviosa del último año y medio, empecé con la bulimia. Recuerdo esos primeros meses como la tortura más grande que he vivido en mi vida. Era una espiral de descontrol que destruyó el mundo de falsa seguridad que me había construido a través de prohibiciones y pautas. La única seguridad que tenía en mi vida, se desplomó como un castillo de naipes con un simple soplido.

Continuará…

Experiencias personales: La anorexia

Continuamos una historia real sobre la anorexia en primera persona. ¿No habéis leído la primera parte? Pinchad aquí

(Artículo de colaboración, por J., segunda parte. )

Lo más difícil durante el tratamiento fue volver a respetarme a mí misma, dejar a un lado el sentimiento de vergüenza y debilidad. Tras unos años, aún tenía muchos remordimientos y creía que me merecía una penitencia. Lo que más me ayudó fue volver a continuar estudiando, elegí otra facultad, empecé a viajar y eran mis decisiones, mis ideas.

La anorexia era para mí una cicatriz, mi punto débil, un tema que me frustraba mucho. Hace poco entendí que me siento orgullosa de haber logrado vencerla y de que sigo siendo diferente. Tuve mucha suerte de tener a mi familia siempre a mi lado y de conocer a personas excepcionales que me ayudaron a volver a sentir, a confiar en mi misma y animarme. De hecho siguen haciéndolo.Experiencias personales 4

Si tienes anorexia y estás leyendo mis palabras, quiero que sepas que creo que la clave para recuperarse de cualquier enfermedad es la voluntad y la actitud. Y son los factores más difíciles. Hay que enfrentarse a temas difíciles y entender el proceso de la enfermedad y dejarse ayudar. Es importante tener confianza en la terapia. Porque no sólo se trata de la recuperación del peso sino del estado emocional.

Si uno está luchando por perder peso o llegar a su modelo de perfección, no será fácil cambiar el chip. Yo recomendaría hablar también con un dietista, asumir que dentro tenemos órganos que necesitan cierta alimentación para funcionar. Existen otros caminos, pero insisto, hay que seguir intentándolo.

Puede haber varios motivos que te hayan llevado a la anorexia. Si fue por un tío que prefirió a una más delgada o que hacía comentarios al ver a las modelos… En mi opinión esa persona no merece ni un minuto de tu atención. Al igual que las amigas que hablan cada día de los méritos de sus dietas que en realidad no existen.

Experiencias personales
También es muy importante establecer un contacto con el cuerpo, ya que es un buen camino para aceptarlo. Por ejemplo, los ejercicios de relajación como el yoga, o algún tipo de baile. Es una forma estupenda de relajarse, desconectar mentalmente y establecer una conexión con el cuerpo.

Las personas que quieren ayudar, amigos o familiares, son también victimas y a veces al intentar ayudar meten la pata. Aunque a mucha gente la anorexia le parece una estupidez y un sueño de ser modelo, es beneficioso ayudarles a comprender a la persona enferma. Hay que explicarles y hacerles interesarse por entender por qué no quieres comer algunos productos, o qué sientes después de comerlos.

Es una enfermedad muy dura y no es fácil superarla… Por favor, si estás leyendo estas palabras no dejes que tu peor enemigo seas tu mismo/a…