¡Músico-emocionarse!

¿Qué es lo que te sugiere esta música?

Anuncios

Cuando el dolor no cesa

Seguro que recordáis el famoso dicho “el tiempo todo lo cura”. Es cierto que la mayoría de veces sólo necesitamos tiempo para pasar página y que el malestar relacionado con los recuerdos dolorosos desaparezca. Sin embargo, no siempre es así. A veces pueden pasar años y podemos seguir sintiendo dolor o malestar recordando algunas cosas. Hay personas que recuerdan como si fuera ayer algo que pasó hace más de 10 años. ¿Conocéis a alguien a quien le haya pasado?

Generalmente, estos recuerdos que siguen doliendo durante tanto tiempo tienen que ver con experiencias que fueron vividas como traumáticas. De hecho, no hace falta que la experiencia se haya vivido directamente, ya que a veces presenciar una experiencia dura, como puede ser un accidente, también nos puede generar la misma sensación de malestar. O incluso nos puede pasar lo mismo si nos explican que esta misma experiencia le ha ocurrido a alguien muy querido.

¿Hay alguna forma de cerrar estas heridas que parecen no cicatrizar? Por supuesto, dentro de la psicoterapia existen varias técnicas que nos pueden ayudar. En este artículo querríamos recalcar una de ellas que nos parece especialmente interesante: el EMDR. Estas siglas vienen del inglés (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), que se pueden traducir como “Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares”. Como su nombre indica, el acontecimiento traumático pierde intensidad emocional (desensibilización) y se puede ver de otra forma (reprocesamiento), gracias a la técnica que consiste básicamente en mover los ojos de un lado a otro siguiendo un estímulo (normalmente los dedos del terapeuta) mientras se trabaja sobre el acontecimiento traumático. Los cambios tras la terapia pueden verse reflejados en cambios en el funcionamiento del cerebro. Concretamente, algunos estudios han encontrado que tras realizar terapia con EMDR existe menos activación cerebral en áreas límbicas (relacionadas con la emoción), medidas mediante electroencefalograma.

Actualmente esta técnica está ganando adeptos y se está utilizando cada vez más. Se usa principalmente para tratar el trastorno por estrés postraumático, estando respaldada por guías nacionales e internacionales, aunque se sigue investigando para avalar su eficacia en otros ámbitos. Posiblemente en un futuro escucharéis hablar bastante del EMDR. O quizás ya hayáis leído sobre la técnica antes de leer este artículo. Decidnos, ¿conocéis a alguien que haya hecho terapia con EMDR? ¿Qué os contó sobre la experiencia?

El papel de las emociones básicas en la memoria

La memoria es una función cognitiva básica e importante para el ser humano. Podríamos decir que es la base de quienes somos y está implicada en cada una de las actividades que realizamos en el día a día. Por eso, cuando una lesión neuronal o una enfermedad (como el Alzheimer) limita el funcionamiento de la memoria, las consecuencias pueden ser devastadoras.

En ocasiones, he escuchado a gente afirmar que la memoria funciona como una cámara de video que graba todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida. O también que la memoria se asemeja a un ordenador que almacena información y recuerdos. Sin embargo, estas comparaciones no reflejan la verdadera naturaleza de la memoria y dejan de lado un aspecto fundamental, las emociones. Las emociones interfieren de manera directa en cómo se graba y se almacena la información y los recuerdos. Por ejemplo, es fácil que recordemos la cena de navidad en familia del año pasado pero que seamos incapaces de recordar lo que cenamos el pasado lunes.

La memoria suele priorizar los recuerdos asociados a emociones. En especial, las emociones básicas (sorpresa, miedo, rabia, alegría, asco y tristeza) son grandes aliadas a la hora de favorecer la memoria. Todos podemos recordar el día que nos dieron una buena noticia, como puede ser el día que se logra un ascenso en el puesto de trabajo o el nacimiento de un hijo; y seguro que también podemos recordar hechos tan significativos como la muerte de alguien o un accidente de tráfico. De hecho, es posible que podamos rememorar hasta las sensaciones físicas que sentimos en aquel momento. ¿Y a qué se debe? Se debe a que son momentos de intensa emoción que se quedan fijados con fuerza en la memoria. Esto mismo ocurre con los sucesos traumáticos. A lo largo de la vida, las personas viven una serie de sucesos que producen miedo y sufrimiento, y cuyo recuerdo puede resultar bastante doloroso. Aunque es posible que dichos sucesos traumáticos se quieran olvidar, resulta difícil sino imposible borrarlos de la memoria. La huella emocional es indeleble en la memoria.

Existen evidencias científicas de que la sorpresa también es clave para activar la memoria. Es decir, cualquier acontecimiento que resulte sorprendente, llamará nuestra atención y será recordado mejor que cualquier otro hecho que resulte rutinario. Por ejemplo, habitualmente no recordamos a las personas o los coches que nos cruzamos durante el recorrido desde el trabajo a casa y viceversa; sin embargo, si un día durante ese mismo recorrido vemos que están grabando una escena para una película o un spot publicitario es fácil que nos fijemos y recordemos cuántas personas había, qué estaban haciendo cada una de ellas, cómo iban vestidas o cualquier otro tipo de detalle.

Entender el funcionamiento de la memoria requiere tener en cuenta el papel que tienen las emociones en la fijación de los recuerdos. La memoria no es un disco duro que almacena información, la memoria está llena de contenido emocional. ¿Esto supone una ventaja o un inconveniente? ¿Creéis que las emociones pueden “distorsionar” o “sesgar” los recuerdos?

El síndrome post-vacacional

Seguro que estos días habéis escuchado hablar repetidamente en los medios de comunicación sobre el síndrome postvacacional. Se trata de una serie de molestias relacionadas con la vuelta a la rutina tras el periodo de vacaciones, aunque existe controversia respecto a si se trata algo patológico o algo dentro de lo normal. De todos modos, las principales clasificaciones internacionales no lo consideran como una enfermedad o trastorno.

Los síntomas pueden afectar tanto a nivel físico como psíquico. Los primeros incluyen el cansancio, dificultades de concentración, somnolencia, insomnio, falta de apetito, dolores musculares, taquicardia, sensación de falta de aire o molestias estomacales, entre otros. A nivel psicológico se puede presentar tristeza, irritabilidad, falta de interés, indiferencia o nerviosismo.

A pesar de la fama que tiene, según la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) únicamente afecta al 15% de los adultos y al 5-8% de los niños, siendo más común en niños con padres que también tengan esos síntomas. Parece ser más habitual en personas jóvenes y en aquellos que interrumpen sus vacaciones de forma brusca, sin un periodo de transición antes de volver a la rutina. También es más habitual cuando se idealizan las vacaciones considerándolas la culminación del bienestar personal.

En la página web de semFYC se incluyen una serie de recomendaciones para llevar mejor estas molestias e incluso prevenir su aparición. Algunas de ellas incluyen:

  • Tratar de tener una actitud positiva y no recrearse en el malestar
  • A ser posible utilizar como periodo de adaptación unos días antes de reincorporarnos a la rutina (al menos dos), tratando de regular el sueño siguiendo los horarios habituales
  • Si es posible regular la intensidad de la actividad al reincorporarnos al trabajo
  • Tratar de dormir más horas los primeros días de vuelta al trabajo y la rutina
  • Organizar y planificar los primeros días de trabajo
  • Planificar actividades placenteras para los días laborales (será importante para no ver las vacaciones como único periodo de alegría y placer del año)
  • Practicar ejercicio físico y llevar una alimentación equilibrada

Estos son algunos consejos interesantes, pero por supuesto pueden haber muchas otras recomendaciones que nos ayuden a sobrellevar mejor los primeros días tras las vacaciones. ¿Qué nos recomendarías tú?

Retazos del blog: Estrechando lazos

El tipo de relación que mantenemos con nuestra pareja, nuestros amigos o nuestra familia es una parte importante de nuestra satisfacción con la vida. En psicología se usa la palabra “vínculo” para hacer referencia a la unión o apego que existe entre dos personas. Las vinculaciones afectivas suelen crearse con aquellas personas con las que mantenemos relaciones íntimas, duraderas, constantes y estables.

El componente sexual es una pieza básica de la vinculación afectiva que se crea entre una pareja de adultos, aunque evidentemente no es la única. El cuidado y la protección que se establece entre ambos también es un componente clave. Pero para hablar de una vinculación afectiva fuerte, sea del tipo que sea (no sólo de pareja), es necesario que se den una serie de características: debe establecerse entre dos personas concretas, de manera que ninguna de ellas sea intercambiable por otra; la relación debe ser emocionalmente significativa; deben tener un contacto continuo y permanente; la relación debe ser persistente y en caso de separación las personas implicadas se sentirán tristes, ansiosas, abandonadas, etc.; pero ante todo es absolutamente imprescindible que las personas se sientan cómodas y seguras con la relación.

Cuando mantenemos un vínculo estrecho con otra persona, eliminamos barreras y tendemos a aproximarnos corporalmente a ella. Es decir, aumentan las caricias, los besos, los abrazos y el contacto en general. Antropológicamente el contacto físico ha sido algo natural y necesario para afianzar los vínculos establecidos con los otros, a la vez que servían para demostrar cariño y amor. De esta manera, se convirtió en una forma de comunicar nuestros sentimientos y emociones de manera no verbal, usando la expresión corporal ¿Os podéis imaginar cómo sería una vida en la que no pudieseis tocar a ninguno de vuestros seres queridos? Probablemente nos resultaría difícil e insatisfactorio resignarnos a esa situación.

Las demostraciones de afecto forman parte de nuestra vida desde que nacemos, y pueden resultar determinantes en los vínculos que establecemos cuando somos adultos. Por ejemplo, hay teorías que afirman que cuando eres adulto el vínculo que estableces con una pareja es similar al vínculo que mantienes con tus padres. Según estas teorías la forma y la calidad de los vínculos afectivos es algo que se aprende dentro de la familia ¿Creéis que esta teoría se ajusta a la realidad? ¿O pensáis que los vínculos que establecemos dependen más de nuestra personalidad?

Retazos del blog: Hombres, mujeres y sexualidad

Cada uno de nosotros vivimos la sexualidad de forma diferente y única. A uno puede gustarle más una u otra práctica sexual, sentirse más atraído por un estímulo u otro o responder mejor a una  u otra zona erógena del cuerpo. Sin embargo, a nivel general podríamos decir que existen diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a varios aspectos de la sexualidad.

En la relación sexual, por ejemplo, los hombres se excitan más mediante la visión de estímulos sexuales (una película erótica, un cuerpo desnudo). Por este motivo los hombres pueden preferir las relaciones sexuales con la luz encendida. Las mujeres, en cambio, no necesitan tanto la ayuda de  estímulos visuales, sino táctiles, auditivos o sensuales (caricias, susurros, besos). Al hombre generalmente le gustan más las caricias genitales y en cambio, la mujer prefiere la estimulación de otras zonas erógenas como cuello o pechos. Las mujeres suelen necesitar más estimulación sexual que los hombres. Los hombres están más predispuestos a cambiar de posturas sexuales y probar experiencias nuevas, como elementos que incrementen su excitación sexual. Las mujeres, en cambio, suelen preferir un ritmo constante de estimulación para llegar al orgasmo antes que hacer muchas variaciones, pues durante estos cambios puede perder excitación.

Para la mujer puede no ser tan sencillo como para el hombre llegar al orgasmo durante la penetración. Sin embargo, un amplio porcentaje puede conseguirlo mediante estimulación adicional. Además, sus orgasmos pueden ser más fuertes e incluso llegar a repetirse (lo que popularmente se conoce como multiorgasmo).

El ambiente influye en la excitación de la mujer, debe ser tranquilo y relajado para conseguir una mayor excitación. Los hombres, en cambio, son más indiferentes al entorno, se activan enseguida ante la posibilidad de una relación sexual.

El estado de ánimo también influye en la excitación de las mujeres. Los enfados y discusiones de la pareja afectan a su disposición de tener relaciones sexuales. Los hombres son capaces de cambiar rápidamente su estado de ánimo para conseguir la relación sexual.

Durante la relación sexual, las mujeres se preocupan más por las emociones que han sentido y percibido en ellas y en el otro. Para ellas el sexo y el amor están más íntimamente relacionados que para los hombres, que en general son capaces de separarlos por completo.

Según vuestras experiencias, ¿creéis que los hombres separan mejor sexo y amor que las mujeres? ¿Por qué las mujeres tienen más tendencia a relacionarlos?

Retazos del blog: Sexo y fantasía

Teniendo en cuenta el tema principal de este mes (la sexualidad), ¿qué os viene a la mente cuando hablamos de fantasías? En realidad, se puede considerar como fantasía todo aquello que nos podamos imaginar y nos resulte excitante o erótico. Así, no hace falta necesariamente que se trate de una historia, una imagen también puede ser una fantasía.

¿Hay diferencias entre hombres y mujeres? Parece ser que las fantasías masculinas suelen ser más explícitas y atrevidas, y las femeninas más eróticas y afectivas. Por otro lado, aunque los hombres suelen tener más fantasías sexuales que las mujeres, se dice que en las últimas las fantasías aumentan en el momento de la ovulación. ¿Se os ocurre el por qué? Habitualmente, tener fantasías puede ayudar a aumentar nuestro deseo y excitación, lo que a su vez puede aumentar la posibilidad de buscar un encuentro sexual. Probablemente, no es casualidad que esto ocurra en el momento de mayor fertilidad de la mujer.

Ahora pensad por un momento… ¿Qué emociones se os despiertan cuando pensáis en vuestras fantasías? Las connotaciones asociadas suelen ser positivas (deseo, placer, felicidad, amor…). Sin embargo, para algunas personas pueden llegar a resultar desagradables. Imaginarse según qué cosas les puede hacer sentir turbados, incómodos o incluso culpables. En estos casos, es importante recordar que las fantasías son simplemente eso, fantasías, algo que está únicamente en nuestra imaginación. Aunque son consideradas como un tabú por mucha gente, se trata de algo natural, que forma parte de nuestra vida sexual.

Entonces, ¿es mejor que las fantasías siempre se queden en nuestra imaginación? Eso es algo que dependerá de la fantasía en concreto, de nuestras preferencias, nuestra situación… Lo que hay que tener en cuenta es que una vez llevadas a la práctica posiblemente disminuirá su poder erótico. Así que puede ser interesante dejar siempre algunas por cumplir. Por otro lado, también existe la cuestión de si deberíamos compartir las fantasías con la pareja, ya fuera verbalmente o llevándolo a la práctica. ¿A vosotros qué os parece? ¿Creéis que esto podría ser positivo para la vida sexual de la pareja?

Retazos del blog: ¿De qué depende tu libido?

Libido es la palabra que se usa en el ámbito sanitario para referirse al deseo sexual. El deseo es la motivación que nos incita a tener relaciones sexuales, es la mecha que propicia la pasión. Los niveles de libido suelen tener una enorme variabilidad, son diferentes para cada persona y además varían dependiendo del momento o las circunstancias particulares de cada individuo.

El deseo sexual suele despertarse ante la presencia de estímulos sensoriales agradables y/o excitantes. Los estímulos sensoriales pueden ser: visuales (ej. una figura desnuda), auditivos (ej. unas palabras sensuales al oido), táctiles (ej. una caricia o un beso), olfativos (ej. el olor de una persona) o incluso gustativos. Cualquiera de estos estímulos podría hacer surgir nuestro deseo sexual, pero entonces, ¿por qué existen ocasiones en las que estos estímulos nos dejan indiferentes? Se pueden dar condiciones que modulen la receptividad o apertura que mostramos ante dichos estímulos. Es decir, existen factores que tienen la capacidad de influir sobre el deseo sexual. Los factores biológicos, como las hormonas (ej. los estrógenos o la progesterona) tienen un papel decisivo, pueden aumentar o disminuir el deseo sexual, especialmente en las mujeres. Los factores psicológicos, entre los que destaca el estrés, suelen ser determinantes en la reducción de la libido, tanto de hombres como de mujeres. A nivel social, se ha descrito que la familia y las dinámicas de convivencia también pueden afectar la apetencia sexual. Por último y no por eso menos importante, la presencia de enfermedades o el consumo de ciertos fármacos (ej. ansiolíticos) suelen hacer desaparecer por completo el deseo sexual.

Hay que matizar que existen diferencias entre sexos, mientras que la libido en los hombres suele ser bastante constante, en las mujeres existe mucha oscilación. Cuando hablamos del deseo sexual femenino,  encontramos muchas variables o condiciones que pueden influenciar tanto positiva como negativamente la libido. El ejemplo más representativo suele ser el ciclo menstrual. Las mujeres se encuentran más sensibles  y receptivas a los estímulos potencialmente sexuales, en los días próximos a la ovulación. Sin embargo, durante los días anteriores a la menstruación ocurre el efecto contrario. Según la especialista Gabrielle Lichterman esto se debe a los cambios en los niveles de testosterona. La testosterona parece tener un impacto directo sobre la libido de la mujer, es decir, el interés por el sexo y el deseo sexual es mayor cuando son altos los niveles de esta hormona.

Sin embargo, existen datos que demuestran que la principal causa de falta de libido suele tener origen psicológico. El estrés, la fatiga, la falta de privacidad o intimidad, las falsas expectativas o la depresión, suelen ser algunos de los problemas más citados ¿pero se os ocurre algún otro? ¿Qué tipo de factores psicológicos creéis que potencian el deseo sexual?