Un nuevo objetivo de salud: El Bienestar Emocional

Alcanzar un mayor bienestar es una meta que todos perseguimos, es habitual buscar un mayor bienestar económico y laboral o mejorar el bienestar físico, pero pocas veces nos planteamos incrementar nuestro bienestar emocional. ¿Qué es realmente el bienestar emocional? ¿Cómo podemos mejorarlo?

Quizá antes de pensar en cómo mejorarlo, hay que entender bien qué es el bienestar emocional. El bienestar emocional es sentirse bien con uno mismo, aceptar las emociones y manejar el estrés de las situaciones diarias. Esto no significa estar siempre feliz y contento. Una persona con bienestar emocional también siente tristeza, rabia y frustración. La diferencia es que dicha persona es consciente de sus emociones, ya sean positivas o negativas, y es capaz de lidiar con ellas. Esto favorece el funcionamiento en el día a día cotidiano y fomenta la confianza en uno mismo para enfrentar desafíos, aprovechar nuevas oportunidades y disfrutar de los pequeños o grandes momentos de la vida.

Para conseguir bienestar emocional hay algunos aspectos que son claves y que se deben trabajar:

  1. Conocerse a uno mismo: Si queremos sentirnos bien es importante saber que los pensamientos y los diálogos que uno tiene consigo mismo están muy relacionados con las emociones que siente.
  2. Comprender nuestras emociones: El primer paso para manejar nuestras emociones es reconocerlas y comprenderlas. Es decir, saber qué es lo que nos hace sentir de esa determinada forma y qué podemos hacer para cambiarlo o resolverlo.
  3. Manejar el estrés y las emociones negativas: El estrés y las emociones negativas no son necesariamente malos. Lo importante es no dejar que se desborden o se descontrolen hasta nublar nuestra mente. En estos casos, puede ser útil saber ejercicios de relajación o cualquier otra estrategia que nos ayude a serenarnos.
  4. Cuidarse a uno mismo: Esto implica no solo el dedicar tiempo a las cosas que nos gustan, también implica hablarse a uno mismo con cariño y respecto y saber perdonarse cuando uno comete un error o hace algo mal.
  5. Buscar lo que da sentido a la vida: Es importante encontrar y focalizarse en aquello que da sentido a nuestra vida, es decir, aquello que hace que valga la pena vivir la vida.

Además, el bienestar emocional tiene un gran impacto en la calidad de vida y en la salud. Por lo que fomentar nuestro bienestar emocional es también una forma de cuidarnos y prevenir ciertas afecciones físicas, como puede ser la presión arterial alta o algunos dolores de espalda. Vosotros qué pensáis, ¿os parece que es importante incluir el bienestar emocional como objetivo para este nuevo año?

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¿Cómo afecta la música a nuestra percepción emocional?

Podemos decir que la música y las emociones van cogidas de la mano, aunque hay que tener en cuenta que una misma música no a todos nos evocará lo mismo. Pueden haber muchos factores que influyan en qué emoción nos evoca una música, incluyendo los recuerdos que tenemos asociados a ella. Así, la música que asociamos a un momento triste de nuestra vida nos puede generar tristeza, mientras que la música que escuchamos en un momento muy positivo nos puede generar alegría.

En el cine se tiene muy en cuenta cómo la música influye en las emociones del espectador. Seguro que recordáis escenas de películas que os generaron gran sensación de miedo. Probablemente si las volvierais a ver os daríais cuenta de que en muchos casos la música tuvo un papel clave en esos momentos de miedo intenso. O puede que incluso hoy en día recordéis la música asociada a alguna de esas escenas. ¿Recordáis en cambio la música relacionada con alguna escena romántica? ¿Qué emociones os generó? En realidad, la connotación emocional de una escena puede variar enormemente dependiendo de la música que la acompañe. Os dejo un ejemplo gráfico.

Es importante tener en cuenta el poder que tiene la música en nuestras emociones para poder utilizarlo a nuestro favor, y así poder regular mejor nuestras emociones cuando lo necesitemos. Por ejemplo, cuando nos sintamos mal, podemos escuchar aquellas canciones que nos gusten y nos generen un estado de ánimo positivo. Esto puede ayudarnos a mejorar nuestro estado de ánimo y sentirnos mejor. Por supuesto, las emociones tienen su función, y la idea no es tratar de “olvidar” las emociones que sean desagradables para nosotros. Si por ejemplo hemos perdido a alguien, es normal que nos sintamos tristes y que necesitemos tiempo para llorar y sentir la tristeza, pero eso no significa que la tristeza tenga que ser la única emoción de nuestra vida. Por eso, en épocas difíciles, será importante acordarnos de reservarnos tiempo y dedicar pequeños momentos a hacer cosas que nos gusten y que nos puedan hacer sentir mejor. Y un ejemplo sería escuchar algunas canciones que nos gusten. En vuestro caso, ¿tenéis claras cuáles son las canciones que os hacen sentir mejor?

 

 

La importancia del asco

Cuando hablamos del asco como emoción básica solemos asociarla a la emoción que nos produce la comida en mal estado o podrida, ciertos seres vivos (como las arañas, las ratas o los gusanos) y las secreciones del cuerpo (como las heces o los vómitos). Es decir, el asco aparece como una señal que nos advierte de que existe un peligro de enfermedad o de intoxicación. Sin embargo, el asco tiene muchas otras implicaciones y tiene una importancia en la sociedad mayor de la que normalmente se le otorga.

Dentro del campo de la psiquiatría, el asco ha sido una de las emociones olvidadas. Es ahora, cuando se está observando que el asco puede estar implicado en el desarrollo de ciertas psicopatologías, como algunos tipos de fobias (la fobia a las arañas o la fobia a la sangre), los trastornos de la alimentación (anorexia o bulimia) y en los trastornos obsesivos-compulsivos. En estos casos extremos, el asco puede ser la causa o puede contribuir a que se desarrollen ataques de ansiedad al ver una araña, a que se sientan nauseas al llevarse comida a la boca o a que una persona tenga que lavarse las manos con lejía cada vez que toca o saluda a un desconocido.

Más sorprendente resulta el papel que tiene el asco dentro de la cultura y en la moral. A todos nos suenan las expresiones “Me das asco”, “No lo/la trago”, “Es un/a asqueroso/a”, etc. Todas ellas hacen referencia al asco. Hay veces que usamos estas expresiones para personas extrañas, desconocidas o indigentes, es decir, cualquiera que pueda tener unas costumbres higiénicas o dietéticas distintas a las nuestras. Aunque, en otras ocasiones utilizamos estas expresiones para calificar a alguien que ha hecho o está haciendo algo que consideramos “moralmente condenable”. Por ejemplo, a día de hoy podemos llegar a oír estas expresiones cuando vemos a dos personas del mismo sexo darse un beso en público o cuando vemos a una mujer que no se depila las piernas o las axilas.  ¿Se os ocurren otros ejemplos de este tipo en los que usemos el asco para deplorar una conducta moral?

En este sentido, el asco podría ser usado en algunas ocasiones (quizá sin ser conscientes de ello) para fomentar ciertas actitudes discriminatorias. Alguna vez os habéis planteado si el asco es lo que nos lleva a rechazar a ciertas personas sin tener ninguna razón lógica para hacerlo. ¿Estáis de acuerdo con esta reflexión?

Cuando el dolor no cesa

Seguro que recordáis el famoso dicho “el tiempo todo lo cura”. Es cierto que la mayoría de veces sólo necesitamos tiempo para pasar página y que el malestar relacionado con los recuerdos dolorosos desaparezca. Sin embargo, no siempre es así. A veces pueden pasar años y podemos seguir sintiendo dolor o malestar recordando algunas cosas. Hay personas que recuerdan como si fuera ayer algo que pasó hace más de 10 años. ¿Conocéis a alguien a quien le haya pasado?

Generalmente, estos recuerdos que siguen doliendo durante tanto tiempo tienen que ver con experiencias que fueron vividas como traumáticas. De hecho, no hace falta que la experiencia se haya vivido directamente, ya que a veces presenciar una experiencia dura, como puede ser un accidente, también nos puede generar la misma sensación de malestar. O incluso nos puede pasar lo mismo si nos explican que esta misma experiencia le ha ocurrido a alguien muy querido.

¿Hay alguna forma de cerrar estas heridas que parecen no cicatrizar? Por supuesto, dentro de la psicoterapia existen varias técnicas que nos pueden ayudar. En este artículo querríamos recalcar una de ellas que nos parece especialmente interesante: el EMDR. Estas siglas vienen del inglés (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), que se pueden traducir como “Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares”. Como su nombre indica, el acontecimiento traumático pierde intensidad emocional (desensibilización) y se puede ver de otra forma (reprocesamiento), gracias a la técnica que consiste básicamente en mover los ojos de un lado a otro siguiendo un estímulo (normalmente los dedos del terapeuta) mientras se trabaja sobre el acontecimiento traumático. Los cambios tras la terapia pueden verse reflejados en cambios en el funcionamiento del cerebro. Concretamente, algunos estudios han encontrado que tras realizar terapia con EMDR existe menos activación cerebral en áreas límbicas (relacionadas con la emoción), medidas mediante electroencefalograma.

Actualmente esta técnica está ganando adeptos y se está utilizando cada vez más. Se usa principalmente para tratar el trastorno por estrés postraumático, estando respaldada por guías nacionales e internacionales, aunque se sigue investigando para avalar su eficacia en otros ámbitos. Posiblemente en un futuro escucharéis hablar bastante del EMDR. O quizás ya hayáis leído sobre la técnica antes de leer este artículo. Decidnos, ¿conocéis a alguien que haya hecho terapia con EMDR? ¿Qué os contó sobre la experiencia?

El papel de las emociones básicas en la memoria

La memoria es una función cognitiva básica e importante para el ser humano. Podríamos decir que es la base de quienes somos y está implicada en cada una de las actividades que realizamos en el día a día. Por eso, cuando una lesión neuronal o una enfermedad (como el Alzheimer) limita el funcionamiento de la memoria, las consecuencias pueden ser devastadoras.

En ocasiones, he escuchado a gente afirmar que la memoria funciona como una cámara de video que graba todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida. O también que la memoria se asemeja a un ordenador que almacena información y recuerdos. Sin embargo, estas comparaciones no reflejan la verdadera naturaleza de la memoria y dejan de lado un aspecto fundamental, las emociones. Las emociones interfieren de manera directa en cómo se graba y se almacena la información y los recuerdos. Por ejemplo, es fácil que recordemos la cena de navidad en familia del año pasado pero que seamos incapaces de recordar lo que cenamos el pasado lunes.

La memoria suele priorizar los recuerdos asociados a emociones. En especial, las emociones básicas (sorpresa, miedo, rabia, alegría, asco y tristeza) son grandes aliadas a la hora de favorecer la memoria. Todos podemos recordar el día que nos dieron una buena noticia, como puede ser el día que se logra un ascenso en el puesto de trabajo o el nacimiento de un hijo; y seguro que también podemos recordar hechos tan significativos como la muerte de alguien o un accidente de tráfico. De hecho, es posible que podamos rememorar hasta las sensaciones físicas que sentimos en aquel momento. ¿Y a qué se debe? Se debe a que son momentos de intensa emoción que se quedan fijados con fuerza en la memoria. Esto mismo ocurre con los sucesos traumáticos. A lo largo de la vida, las personas viven una serie de sucesos que producen miedo y sufrimiento, y cuyo recuerdo puede resultar bastante doloroso. Aunque es posible que dichos sucesos traumáticos se quieran olvidar, resulta difícil sino imposible borrarlos de la memoria. La huella emocional es indeleble en la memoria.

Existen evidencias científicas de que la sorpresa también es clave para activar la memoria. Es decir, cualquier acontecimiento que resulte sorprendente, llamará nuestra atención y será recordado mejor que cualquier otro hecho que resulte rutinario. Por ejemplo, habitualmente no recordamos a las personas o los coches que nos cruzamos durante el recorrido desde el trabajo a casa y viceversa; sin embargo, si un día durante ese mismo recorrido vemos que están grabando una escena para una película o un spot publicitario es fácil que nos fijemos y recordemos cuántas personas había, qué estaban haciendo cada una de ellas, cómo iban vestidas o cualquier otro tipo de detalle.

Entender el funcionamiento de la memoria requiere tener en cuenta el papel que tienen las emociones en la fijación de los recuerdos. La memoria no es un disco duro que almacena información, la memoria está llena de contenido emocional. ¿Esto supone una ventaja o un inconveniente? ¿Creéis que las emociones pueden “distorsionar” o “sesgar” los recuerdos?