EN EL CAMINO DE LA ADAPTACIÓN QUE SIGUE AL CAMBIO

Vivimos expuestos al cambio, la vida está en continuo movimiento y eso implica giros y cambios de sentido. Algunos de estos cambios pueden ser ansiados e incluso intencionados (por ejemplo, la persona que solicita un puesto de trabajo en una ciudad extranjera y se lo conceden), pero hay otros cambios que son impredecibles e indeseables (por ejemplo, la persona a la que le diagnostican una enfermedad como el cáncer). En cualquiera de los casos, la vida de la persona pierde su equilibrio habitual y requiere un reajuste y una adaptación a la nueva realidad que se le presenta.

Los grandes cambios en la vida suelen ser percibidos por las personas como sucesos estresantes, es decir, sucesos que causan estrés. El nivel de estrés ocasionado por el cambio suele venir determinado por el impacto que este tenga en mi vida y las consecuencias que pueda suponer a mi integridad como persona. En los ejemplos antes mencionados, el estrés vendría dado en el primer caso porque se percibe el cambio de ciudad como un reto que ha de superarse; sin embargo, en el segundo caso el estrés de una enfermedad se debe a que es una amenaza para el bienestar y para la vida en sí misma. Por lo tanto, lo habitual es que una enfermedad como el cáncer sea un suceso vital más estresante que mudarse de ciudad.

El estrés que generan los cambios está caracterizado por ser un cóctel (o una mezcla) de emociones intensas que la persona tiene que gestionar. La mayoría de nosotros finalmente conseguimos afrontar o lidiar con todas estas emociones hasta que poco a poco logramos adaptarnos a la nueva realidad. Sin embargo, hay situaciones o circunstancias concretas en las que nos podemos sentir desbordados por estas emociones.  En estos casos, podría aparecer lo que se conoce por trastorno adaptativo.

El trastorno adaptativo se ha definido como una “respuesta desadaptativa ante un estrés continuo o severo, en la medida en la que interfiere con mecanismos de afrontamiento eficaces que dificultan el funcionamiento social adecuado” (OMS, 2013). Los síntomas más comunes en un trastorno adaptativo son tristeza, llanto, preocupación, ansiedad, dificultad para respirar, opresión en el pecho, insomnio, problemas de concentración, sentimientos de desesperanza, miedo, sentirse atrapado o sin escapatoria e incapacidad para planear actividades o llevar a cabo la rutina diaria con normalidad. En estos casos es necesario acudir a un psiquiatra o psicólogo clínico que pueda hacer una valoración diagnóstica y que puedan plantear un tratamiento adecuado (farmacológico y/o psicoterapéutico). ¿Alguna vez os ha pasado? ¿alguna vez habéis tenido un cambio tan grande en vuestra vida que os ha costado aceptarlo?

Anuncios

Mejorando nuestro vocabulario emocional

Hace tiempo hablamos de la importancia de dedicar de tanto en tanto un tiempo a refrescar nuestro vocabulario emocional. En este post repasaremos algunas palabras relacionadas con la ALEGRÍA. ¿Qué importancia tiene esto? Tener un mejor vocabulario emocional nos puede ayudar a identificar mejor lo que sentimos y a expresarnos con más claridad, y puede facilitar que los demás puedan entendernos más fácilmente. Os dejamos una muestra de algunas palabras, pero por supuesto hay muchas más, si queréis ampliar la lista podéis hacerlo en Universo de Emociones.

Entusiasmo

Optimismo

Euforia

Éxtasis

Diversión

Ilusión

Placer

Regocijo

Gratificación

Agradable

Deleite

Gusto

Frenesí

Alborozo

Encanto

Distensión

Estrategias para sentirnos bien en el día a día

Mantener el buen humor en el día a día muchas veces no es tarea sencilla. Si no gestionamos bien las dificultades cotidianas, es posible que lo que empezó siendo un buen día se vaya tiñendo de gris. ¿Qué podemos hacer entonces para mantener nuestro buen humor?

En realidad no hay una sola respuesta, y es que existen múltiples estrategias que podemos utilizar. En la entrada de hoy os quiero comentar una estrategia concreta que puede resultar muy útil: conectar con nuestro lugar seguro. La idea es que nos imaginemos un lugar (ya sea real o imaginario) en el que nos sintamos en completa calma, un lugar que nos haga sentir seguros/as, que sea muy acogedor e incluso parezca que nos da la bienvenida cuando llegamos a él. Mientras nos lo imaginamos, es importante que vayamos prestando atención a la sensación de calma y seguridad, y que dejemos que se vaya expandiendo. A veces puede costar encontrar este lugar, la idea es practicarlo varias veces e ir haciendo las modificaciones necesarias para hacerlo cada vez más confortable, y así poder conectar más con las sensaciones de calma y seguridad.

¿Te animas a probarlo? Como muchas veces es más sencillo realizar el ejercicio siguiendo un audio, te dejo aquí un link (Audio 9) donde puedes seguir los distintos pasos para imaginarte tu lugar seguro. Si te ayuda, para imaginarlo de forma más vívida, puedes incorporar información de los diferentes sentidos, fijándote en la vista (observando los colores, formas, texturas…), oído (observando los distintos sonidos que puedan aparecer), olfato (fijándonos en los distintos olores que podemos percibir), tacto (explorando las distintas sensaciones táctiles, percibiendo la sensación de temperatura…) y el gusto (si hay algo que podamos probar en nuestro lugar seguro podemos animarnos a hacerlo).

Cuando tengas tu lugar seguro definido, es importante que elijas una palabra relacionada con este lugar que te pueda conectar con esa sensación de calma y seguridad en otros momentos. La palabra puede estar relacionada con las sensaciones y emociones que nos provoca el lugar (relax, calma, ligereza, frescor…) o estar relacionada con nuestra imagen concreta del lugar seguro (playa, casa, naturaleza…). Una vez tengas la palabra, la podrás usar en el día a día para conectar con la sensación de calma y seguridad asociada a tu lugar seguro. Esto puede contrarrestar algunos momentos de malestar y ayudarnos por ejemplo cuando nos quedamos “enganchados” dando vueltas a algún problema.

Os invito a que probéis a realizar este ejercicio a diario durante unas semanas para ver qué efectos puede tener en vosotros/as. Por un lado, tratad de imaginar el lugar seguro con los ojos cerrados (siguiendo el audio o simplemente imaginando sus características y conectando con la sensación de calma y seguridad), y por otro lado, intentad evocar la palabra relacionada con el lugar seguro, así como las emociones y sensaciones asociadas, en momentos de dificultad del día a día. Realizar habitualmente este ejercicio puede tener importantes efectos en nuestro bienestar. Decidme, ¿qué emociones y sensaciones os provoca vuestro lugar seguro?

EL DOLOR TIENE UN CLARO COMPONENTE EMOCIONAL

El dolor es una experiencia que compartimos todos los seres humanos. ¿Alguno de vosotros no ha sentido nunca dolor? El dolor es inherente a la vida, por lo tanto, es universal y adaptativo. Sería inconcebible una vida sin dolor, por ejemplo, imagínese el lector que metiese la mano en agua hirviendo y no sintiese dolor; es probable que sin dolor nada le invitaría a retirar la mano y como consecuencia las heridas en la piel serían terribles. La función del dolor es protectora, nos avisa de que algo va mal y activa nuestro organismo para evitar daños mayores. De hecho, existen enfermedades como la insensibilidad congénita al dolor que cursan con ausencia de percepción dolorosa y que en ocasiones pueden llevar a perder la vida.

Salvo en estas raras excepciones, todos sentimos dolor; lo que verdaderamente cambia en la experiencia del dolor es la intensidad en que lo percibimos. Esto es debido a que la experiencia de dolor está integrada por 3 componentes: 1) el componente sensitivo o puramente físico, 2) el componente evaluativo o cognitivo y 3) el componente emocional y motivacional. Es este componente emocional el que define el dolor como tolerable o como una experiencia aversiva e inaguantable. Por eso, es habitual que las personas que viven con dolor esten de mal humor, sufran ansiedad o depresión y sientan apatía o falta de ganas para hacer cualquier cosa. Al componente emocional del dolor también se le suele llamar sufrimiento.

Lo curioso es que la relación entre el dolor y el estado emocional es de reciprocidad. Esto quiere decir que sentir dolor afecta a cómo nos sentimos emocionalmente, pero cómo nos sentimos emocionalmente a su vez también afecta a la percepción del dolor. Pongamos el caso de una persona que se levanta con dolor de cabeza por la mañana, esto acentuaría su mal humor para ir a trabajar, pero si encima ese día en el trabajo discute con una compañera, su dolor de cabeza posiblemente aumentaría. Este círculo vicioso que se puede crear entre dolor y emociones negativas es algo de lo que muchas veces no somos conscientes y que puede afectar a nuestra calidad de vida. ¿Alguna vez te has planteado que tus emociones podían empeorar tu dolor? ¿Crees que mejorando el estado emocional se puede mejorar el dolor?

Por un nuevo año lleno de emociones

Ha llegado el nuevo año y para muchos de nosotros va ligado de nuevos propósitos. Es interesante comparar estos objetivos que nos marcamos con los de otros, para darnos cuenta de las similitudes, diferencias, las estrategias que usa cada uno… Aunque muchas veces hay algo que pasamos por alto a la hora de establecer estos objetivos del nuevo año.

Me gustaría que hiciéramos una reflexión y os plantearais por un momento en cuáles son vuestros propósitos para el 2019, y establezcáis dos o tres. ¿Ya los tenéis? ¡Bien! Ahora pensad por un momento, ¿cuál va a ser la emoción predominante mientras estáis trabajando para conseguir esos objetivos? No me refiero a la emoción que podáis sentir tal vez al final (quizás al conseguir finalmente uno de vuestros objetivos), sino durante todo el proceso. ¿Alguno de vuestros objetivos incluye pasar tiempo experimentando emociones positivas? Si la respuesta es que no, os invito a añadir otro nuevo propósito más a la lista, que nos pueda hacer sentir realmente bien.

Aunque nos pueda parecer una tontería, una de las claves para sentirnos bien es guardarnos tiempo para ello, reservando huecos en el día a día para realizar hobbies, actividades agradables, pasar tiempo con personas queridas… Muchas veces vivimos tan inmersos en la rutina y obligaciones que dejamos relegado ese tiempo para más adelante, para “cuando podamos”. Y en realidad, el mejor momento para empezar a guardarnos este tiempo es ahora. Si supiéramos realmente el tiempo que nos queda (restando horas de sueño, trabajo, etc.) para disfrutar de nuestras personas queridas y de las cosas que nos gustan, ¿creéis que llevaríais la misma vida que lleváis ahora o cambiaríais algo?

Esto viene muy ligado al vídeo de nuestra última entrada, que contiene una reflexión muy interesante sobre el tiempo que pasamos con personas importantes (si no lo habéis visto, podéis encontrarlo aquí). ¿Creéis que les dedicamos suficiente tiempo? Muchas veces vivimos casi olvidando que el tiempo es limitado. Así que démosle el valor que se merece al tiempo, y dediquémoslo a las cosas verdaderamente importantes para nosotros. De todos modos, recordemos que también podemos convertir nuestro tiempo en tiempo de calidad si estamos más atentos, prestando atención plena a lo que acontece en el día a día (lo que se conoce como mindfulness, que ya hemos comentado en otras entradas). Estando más presentes, también seremos capaces de captar más momentos agradables, y seguramente nos sentiremos mejor al final del día.

Así que, recapitulando, os invito a añadir a vuestra lista algunos nuevos propósitos para vuestro bienestar emocional, guardando tiempo para actividades que os puedan generar emociones agradables. Decidme, ¿qué propósitos añadiríais a vuestra lista? ¿A qué emociones queréis dedicar más tiempo este nuevo año?

¡Os deseamos a todos un feliz y emocionante 2019!

¿Qué relación tiene el olfato con las emociones?

El olfato es el más subestimado de los 5 sentidos que tiene el ser humano. El tacto, la vista, el oído e incluso el gusto son considerados imprescindibles en el funcionamiento del día a día; sin embargo, el olfato no tanto. Pensadlo durante un minuto ¿creéis que es importante el olfato en vuestra vida? ¿Para qué utilizáis el olfato habitualmente? La mayoría de nosotros pensamos en el olfato como un sentido que potencia el sabor de los alimentos, pero desconocemos el papel del olfato en la memoria emocional.

El sentido del olfato tiene una conexión directa con el cerebro. La información del olfato llega a la corteza piriforme (o corteza olfatoria primaria) que conecta directamente con la amígdala y ésta a su vez con el hipocampo y el sistema límbico. Todas estas estructuras cerebrales están relacionadas con las emociones y la memoria emocional. Por eso, el olfato tiene la capacidad de evocarnos emociones y recuerdos. Hay estudios que indican que podemos reconocer a personas con las que tenemos un vínculo emocional sólo por su olor. En un estudio evidenciaron que las madres eran capaces de reconocer a su bebé solo con oler una prenda que el bebé había llevado puesta unos pocos minutos.

El olfato también ha demostrado tener un papel en la elección de pareja. Hay estudios que indican que las feromonas (sustancias químicas liberadas por el cuerpo de manera natural) son detectadas por el olfato e influyen en nuestro comportamiento sexual y en nuestros gustos por unas personas y no por otras. Sin embargo, los estudios no han sido capaces de explicar cómo actúan las feromonas en nuestro cerebro. Ni siquiera nosotros mismos somos capaces de explicar por qué ciertos olores nos resultan más atractivos que otros.

Los datos parecen apuntar a que el olfato tiene importantes implicaciones emocionales y sociales. Lo paradójico es que muchas de sus influencias en nuestro comportamiento son involuntarias, es decir, suceden sin que seamos conscientes de que lo está pasando. Por ejemplo, ir a una entrevista de trabajo y que el sitio huela al mismo ambientador que usa tu madre en casa, puede hacerte sentir cómoda, como en un ambiente familiar, y que eso te ayude a relajarte (aunque todo ese proceso suceda de manera inconsciente). El olfato tiene ese poder sobre las emociones. ¿Te ha pasado alguna vez algo parecido?