Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Décimo capítulo: La pareja

Esta es la continuación de una historia que comenzó hace tiempo… Si no habéis leído los capítulos previos os recomendamos que leáis las entradas anteriores para entender bien toda la historia:

Estrella se despertó inquieta, ¿qué hora sería? Ya había salido el sol y su marido no estaba en la cama. Parecía tarde, pero de todos modos necesitaba unos minutos antes de levantarse. La noche había sido larga y dura, las pesadillas la atormentaban últimamente…Cuento pareja

Su marido había sido siempre su confesor, su mejor amigo, y sin embargo jamás le había hablado de la existencia del monstruo… Y menos aún que se había saltado todas las normas para esconderlo. En realidad era mejor así, si alguna vez se descubría, su familia estaba más segura sin saber nada. De todos modos, los remordimientos la atormentaban, la angustiaban, le llegaban incluso a dificultar la respiración… Se sentía como si estuviera cometiendo una infidelidad. Infidelidad… Pensar en esa palabra la hizo recordar…

Cuando conoció a su marido en su juventud lo primero que le atrajo fue su personalidad. Era muy diferente a ella, pero aún y así encontraba sus ideas y su sentido del humor fascinantes. Durante un tiempo los dos se sintieron como en un cuento de hadas, pero ella tuvo que marcharse a estudiar al extranjero y la distancia, tras una época de crisis, acabó enfriando la relación. Y el cuento terminó.

Tras unos años conoció a Christian… Fue una relación diferente, intensa y pasional… Aunque ahora, en su madurez, se daba cuenta de que posiblemente no fue muy positiva para ella. Creó bastante dependencia, dejó muchas cosas a un lado y al final acabó sufriendo bastante. Por un lado la relación tenía muchas cosas negativas, sentía que él no la tenía en cuenta, era muy desconfiado, controlador y egoísta. Por otro lado, alguna razón la retenía a su lado. Pero todo acabó cuando se enteró de que se había ido con otra… Eso fue la gota que colmó el vaso y el punto y final.Fin de los meses de las relaciones de pareja

Más tarde su marido se volvería a cruzar en su vida, y la relación fue haciendo más fuerte a medida que iba pasando el tiempo. Vino la convivencia, muchos buenos momentos, algunos momentos menos buenos, Gabriel… ¡Su pequeño! Despertaba en ella tanta alegría… Definitivamente no podía continuar ocultando el tema del monstruo a su familia, se lo diría a su marido ese mismo día… De repente él apareció en la habitación con el desayuno y una sonrisa de oreja a oreja. Estrella le miró con dulzura, era todo un detalle que le trajera el desayuno a la cama, tal vez no debiera estropear el momento… Ya le hablaría del monstruo en otra ocasión…

Y con este pequeño flashback terminamos este cuento ¿Qué os ha parecido? ¿Os gustaría leer más?

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Noveno capítulo: Sexualidad y corporalidad

Este lunes os presentamos otro breve flashback del cuento:

  Estrella se sentó en la cama. En aquella noche fría el camisón corto de encaje no era suficiente para mantener su calor corporal. Sin embargo, estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se daba cuenta del frío. ¿Qué iba a ser de su querido monstruo? Tenía que hacer algo y esconderlo, estaba claro, fuesen cuales fuesen las consecuencias. De repente una mano cálida se posó sobre su hombro. – Gabriel se ha quedado dormido… Te pasa algo? Estás preocupada?- Ella salió de sus pensamientos y con una sonrisa le contestó- No, no, no pasa nada, sólo estoy un poco cansada- y diciendo esto le dio un suave beso en los labios.

  Pero él no tenía bastante con un solo beso. Le acarició la mejilla con cariño y siguió besándola. Esto bastó para que Estrella se olvidara de sus preocupaciones. En aquél momento ya no existía nada más, sólo ellos dos entrelazados sobre la cama. Él la acariciaba suavemente, podía notar su respiración, que iba acelerándose progresivamente. Eran dos cuerpos a la escucha el uno del otro, disfrutando juntos cada segundo, mientras la ropa iba cayendo a los lados de la cama.

  Ambos perdieron la noción del tiempo. Las caricias, besos y todo lo que siguió se fueron sucediendo, hasta que ambos cayeron rendidos, extasiados de placer. Se quedaron un rato así, el uno al lado del otro, recuperando la respiración, mirándose de reojo con complicidad. Estrella se acercó a él, y cerró los ojos mientras le abrazaba. Se sentía completamente relajada. Por lo menos aquella noche ninguna preocupación turbaría sus sueños.

  ¿Qué sensaciones os ha suscitado el cuento? ¿Os ha gustado? La sexualidad es un tema importante en las parejas. Y hablando de parejas… ¿Adivináis cuál será el próximo tema del cuento?

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Octavo capítulo: Inteligencia emocional

Aunque la historia terminó con las emociones básicas, con esta narración podréis entrever algunos acontecimientos del pasado…

Hacía ya bastante tiempo que trabajaba en el laboratorio, pero jamás le habían asignado un proyecto tan importante como ese. Estaba realmente muy ilusionada. Ella iba a ser la máxima responsable, y por fin conocería a aquél misterioso ser…

Desde el principio se creó una química especial entre ella y aquella especie de monstruo. Y es que por alguna extraña razón, a ella le parecía casi humano. No tenía ni idea de lo que era, ni de dónde había salido, pero biológicamente no podía estar tan alejado de nosotros. Se diría que incluso podía sentir emociones…

Pasaron muchos meses de intenso trabajo con él. Se le sometió a múltiples pruebas, y Estrella no paraba de sorprenderse de lo inteligente que era. Cada vez sentía más afecto por él, y cada vez le daba más pena verlo allí, encerrado en aquella jaula. Aunque parecía increíble, aprendieron a comunicarse. Él aprendió el lenguaje de signos en muy poco tiempo. Era capaz de hablar de cómo se sentía, e incluso de percibir como se sentía ella.

Entonces llegó el día en que le dijeron a Estrella que el experimento estaba llegando a su fin. Cuando terminara tendría que sacrificarlo. Eso era más de lo que ella podría soportar, en ese momento sentía casi tanto afecto por él como por su propio hijo, Gabriel. Así que tomó una decisión: escondería al monstruo y simularía que había escapado.

Quizás no fue la mejor manera de resolver el problema. ¿Tal vez tomó una decisión demasiado emocional? Probablemente… Porque en el momento de hacerlo no había analizado bien todas las posibles consecuencias que podía haber…

El próximo lunes damos paso a un tema que probablemente encontréis bastante interesante: sexualidad y corporalidad. ¿Pero cómo se relaciona esto con las emociones?

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¿Creíais que el cuento había terminado? Aunque en realidad la historia acabó con las emociones básicas os dejamos con un pequeño flashback… Por si no habéis leído las entradas anteriores, os dejamos los links.

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte                Quinta parte           Sexta parte

Gabriel reía y reía, ¡se lo estaba pasando en grande! Corría de un lado a otro por la habitación mientras su amigo lo perseguía. Cuando estaba a punto de se atrapado siempre lograba escabullirse, se sentía orgulloso de ser tan ágil. ¿Tal vez demasiado orgulloso?

De pronto tropezó y cayó al suelo, ¡qué daño se hizo! Y el monstruo, que parecía ajeno a su dolor, aprovechó para atraparlo. Una ola de indignación invadió a Gabriel. –¡¡¡Eso no vale!!!­- El monstruo lo miró con curiosidad, apartándose un poco de él. Pero Gabriel seguía lleno de cólera. – ¡Eres un tramposo!¡Te odio!- Y diciendo esto le propinó un puñetazo a su amigo. Este abrió muchísimo los ojos, miró fijamente a Gabriel y… Comenzó a llorar.

Gabriel quedó muy sorprendido y descolocado, pero tras la impresión inicial inmediatamente se empezó a sentir muy culpable. Su estado de ánimo cambió, se empezó a notar más calmado y acercándose al monstruo lo abrazó con cariño. –No llores, venga…­- Pero el monstruo continuaba llorando, parecía sumido en su pena… Gabriel se empezó a angustiar, ¿qué podía hacer? Probaría otra estrategia. – Venga, vamos a jugar… – Dijo acercándole un cochecito. Pero no funcionó. Finalmente lo volvió a abrazar con ternura – Va, no llores más… ¿Me perdonas?- El monstruo pareció salir de aquél estado de profunda tristeza, lo miró a los ojos y le devolvió el abrazo.

Gabriel, satisfecho de haber conseguido que su amigo dejara de llorar eligió de entre todos sus juguetes un avioncito y se sentó a jugar en la alfombra. Se empezó a imaginar que el avión volaba por encima de unas montañas y tenía que subir cada vez más y más alto… De pronto escuchó un ruido seco detrás de él. Al girarse se encontró con alguien que le era muy familiar. Al principio quedó muy sorprendido, ¿qué hacía allí? Pero la sorpresa fue remplazada inmediatamente por una inmensa alegría. Se levantó de un salto y corrió a abrazar a su madre.

En esta nueva entrega nuestros personajes se han visto embargados por diferentes emociones secundarias: orgullo, curiosidad, odio… Pero también hemos visto otro aspecto a tener en cuenta en nuestro día a día, la importancia de poder gestionar las emociones. Precisamente de esto hablaremos durante la próxima entrega, sobre la percepción y gestión de nuestras emociones y las de los demás. ¡Bienvenidos al mundo de la inteligencia emocional!

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Sexto capítulo: ASCO

Esta es la última entrega del cuento, por fin llega el desenlace. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces:

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte            Quinta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Gabriel, mi pequeño… Me dolía tanto verle así, inerte… Era un dolor profundo e insoportable… Levanté la cabeza y miré al monstruo. En ese momento no pude sentir más que desprecio por él. Lo aborrecía; por su culpa Gabriel estaba muerto.

Debía acabar con aquello de una vez por todas. Recogí la espada de madera una vez más y cuando iba a dirigirme al monstruo me di cuenta de que ya no estaba allí. Fui hacia el pasillo y me dirigí a la única habitación abierta. Al entrar un olor nauseabundo me echó para atrás, como una bofetada. ¿De dónde venía esa peste horrible? No podía permitir que aquello me detuviera, así que entre arcadas me adentré en la desagradable estancia.

Claramente se trataba de la guarida del monstruo. Las ventanas estaban medio tapiadas, por lo que entraba muy poca luz. Estaba todo realmente muy sucio. Una capa viscosa recubría el suelo y el polvo se acumulaba sobre el mobiliario. Algo parecido a las telarañas recubría las paredes. Pero lo peor era aquél olor, como a podrido, que impregnaba toda la sala.

Entre el desorden hallé una barra de hierro puntiaguda, definitivamente una opción mucho mejor que la ridícula espadita. Así que, correctamente armado, me dirigí hacia el fondo de la estancia, donde entre las sombras se adivinaba la forma del monstruo. El olor putrefacto se acrecentaba, tanto que cada vez era más difícil controlar las contracciones de mi estómago. A pesar de todo, intenté ignorar cualquier estímulo olfativo y enfrentarme de nuevo al ser.

Le ataqué con todas mis fuerzas, lanzando una brutal estocada. Para mi sorpresa él no se movió, la recibió dejando que la barra le atravesara el pecho. Profirió un grito horripilante, y de la herida empezó a caer un fluido verde y viscoso. Además, justo en la zona donde había recibido el golpe pude apreciar horrorizado que algo se movía. Cientos de gusanos empezaron a manar de la herida. El monstruo iba perdiendo su forma y deshaciéndose entre gusanos y aquél líquido verde. Se oía chapotear a aquellos bichos cuando caían al suelo mojado. Si el olor era desagradable antes, ahora era insoportable.

Al llegar a ese punto ya no pude evitar vomitar. Fue como automático, sentí tanta repugnancia ante aquella visión… Cuando me recuperé vi que lo que quedaba del monstruo eran únicamente los gusanos bañados en la mucosa verde. Hice una mueca de asco y salí de la habitación, intentando evitar pisar a aquellos seres reptantes. Finalmente parecía que todo había acabado, pero yo… No sabía muy bien cómo me sentía… Era una mezcla de agotamiento, malestar, pena, culpa, vergüenza por lo que había hecho… Demasiadas emociones juntas… En esos momentos solo quería echarme a dormir y poder sentirme tranquilo. Salí de la habitación intentando contener el nudo de mi estómago y dejando atrás aquella pesadilla. Volví a la sala en la que había dejado a Gabriel pero… Por alguna razón no había rastro de él.

Hemos llegado al final de la historia ¿Qué os ha parecido? Estos meses han sido un largo recorrido por las emociones básicas. Pero aquí no termina el mundo de las emociones; seguro que leyendo esta historia habéis sentido muchas otras emociones. De eso justamente hablaremos durante la próxima semana: llegan las emociones secundarias.

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Quinto capítulo: TRISTEZA

Aquí tenemos la penúltima entrega del cuento. Para los que no hayáis leído las partes anteriores os dejamos los enlaces::

Primera parte               Segunda parte               Tercera parte

        Cuarta parte

Recordad pinchar sobre el botón para escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Me sentía tan feliz abrazando a mi hijo… Y sin embargo algo no iba bien. Podía notarlo en el ambiente, mis músculos empezaban a tensarse… ¿Pero qué era? A veces sentimos una emoción visceral antes de que sepamos realmente qué está pasando… Y normalmente no nos equivocamos.

Ahora me daba cuenta de lo que pasaba. El monstruo estaba allí, podía percibir su presencia. Me giré lentamente, protegiendo siempre con mi cuerpo a Gabriel, hasta que me hallé cara a cara frente al ser. -¡Papi, papi! –Gritó Gabriel risueño al verlo. – Mira, es…- Pero no le dejé acabar. – ¡No te acerques a él, Gabriel, es muy peligroso! – Y mientras decía esto recuperé la espada de juguete y me dispuse a atacar de nuevo al monstruo.

Pero no había contado con la desobediencia de mi hijo. Corrió hacia el monstruo y se situó frente a él. – ¡No le hagas daño!- Me rogó. Yo me sentía muy cansado, ya no tenía apenas fuerzas para luchar… Pero debía hacerlo. – Gabriel, apártate inmediatamente.- Le ordené con mi tono más duro. Y ese fue el punto de no retorno. Aparté al niño y ataqué al monstruo. Éste chilló, pero entonces Gabriel se interpuso de nuevo, con lo que estuvo a punto de recibir mi golpe. El monstruo tiró de manera violenta del niño, que acabó golpeándose fuertemente la cabeza, y en un momento, sin saber bien cómo había pasado, me encontré frente a Gabriel tendido en el suelo, inmóvil. Estaba muerto.

Caí de rodillas, sin fuerzas, el mundo se me venía encima. Me acerqué a mi pequeño lentamente, sintiéndome como inmerso en un sueño, no podía creerlo. No… Mi niño no… Le acaricié la dulce carita y el pesar se apoderó de mí. Mi vista estaba nublada y las lágrimas me recorrían las mejillas. Vi al monstruo delante mío con la cabeza gacha. La expresión de su cara había cambiado, era más lastimera. Y, aunque pueda parecer extraño, si mis oídos no me engañaban estaba gimiendo. ¿Podía ser que también estuviera triste? Pero no, aunque pudiera ser posible, él no sabía como yo lo que era sentirse embargado por la tristeza en aquél preciso momento. No podía saber lo que dolía…

Aquí termina este triste episodio… ¿Cómo lo habéis vivido? ¿Qué habéis sentido respecto al monstruo? ¿Quizás rabia…? ¿Repulsión…? ¿O puede que incluso asco? El asco es justamente la última emoción básica, de la que hablaremos durante  la próxima semana.

 

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Cuarto capítulo: ALEGRÍA

Continuamos con la cuarta parte del cuento. Si no habéis leído las anteriores, podéis encontrarlas en los siguientes links:

Primera parte                Segunda parte               Tercera parte

Antes de empezar a leer, clicad en el botón naranja y podréis escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Dejé atrás aquella extraña habitación y me encontré ante un largo pasillo pintado de un suave color crema. Había varias puertas a cada lado, aunque la única que estaba abierta era la del final, dejando entrar un cálido haz de luz. Por alguna razón me sentía atraído por aquella luminosidad. Despacio, intentando no hacer demasiado ruido, me fui acercando a aquella sala. De pronto, para mi sorpresa, escuché las carcajadas de un niño. Noté cómo se me erizaba el pelo, mi corazón se aceleró ligeramente y empecé a recordar…

Aquella risa me llevó atrás en el tiempo. Estaba en la playa, con mi hijo. La temperatura era ideal, estaba atardeciendo, y los dos jugábamos y corríamos por la orilla. Él me intentaba alcanzar, y yo lo esquivaba entre carcajadas. De pronto, en un descuido tropecé y caí en la arena cuan largo era. Gabriel se me tiró encima mientras exclamaba: “¡Te pillé!”. Le sonreí y le dije: “¿Estás seguro? Creo que te pillé yo a ti…” Me incorporé y empecé a hacerle cosquillas. Él reía y reía, era magnífico verle así, con los rayos del sol reflejándose en su cabello rubio…

Gabriel… ¿Cuánto hacía que no lo veía? Ahora quizás un poco más de 6 meses, desde que desapareció. Aún me sentía culpable cada vez que pensaba en ello. ¿Cómo fue posible que desapareciera? Estábamos en la casa de campo con nuestros amigos y él y los demás niños estaban jugando, siempre a la vista. Y al cabo de un rato, cuando preguntamos por él, simplemente ya no estaba. No nos lo podíamos creer. Buscamos y buscamos y nada. La policía no tuvo mejor suerte que nosotros… Y así, de un día para otro, desapareció de mi vida. Era agridulce pensar en ello, pero yo jamás había perdido la esperanza. En el fondo de mi corazón sabía que algún día podría volver a ver su dulce carita…

Y ahora, aquella risa… Me recordaba tanto a mi niño… Era la típica risa que te invade, que se te mete por los poros. Era una risa cálida que te llenaba de energía. Seguí acercándome a la puerta abierta. Al principio me costaba ver, de tanta luz que había en la habitación. Era un comedor muy acogedor con las paredes pintadas de naranja y una gran alfombra de colores. Y sobre la alfombra, de espaldas, había un niño rubio jugando con un avioncito. Al verlo noté un escalofrío recorriendo toda mi médula espinal, y por un momento fue como si se parara el tiempo. No podía creerlo. Algo golpeó el suelo a mis pies. Era la espada de juguete que sostenía desde que salí de la habitación, la había soltado sin darme cuenta… El niño se giró al oír el ruido, y sus ojos se clavaron en mí. “¡¿Papá?!” Ver su cara de nuevo me llenó de felicidad, era como un sueño. Corrí hacia él y nos fundimos en un abrazo tan sentido que difícilmente podré olvidar en toda mi vida. Le acaricié el pelo mientras lo cubría de besos, me sentía tan feliz…

Aquí acaba este nuevo capítulo. ¿Qué os ha parecido?¿Cómo os habéis sentido al leerlo? En nuestra opinión esta ha sido una de las partes del cuento más bonitas. Pero aunque nos ha gustado mucho escribir sobre la alegría, en la vida no todo es un camino de rosas. Y es importante saber enfrentarse también a los momentos tristes. ¿Os imagináis de qué trata el lunes siguiente? 

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Tercer capítulo: SORPRESA

Os dejamos con la tercera parte del cuento. Si no habéis leído las anteriores, podéis encontrarlas en los siguientes links:

Primera parte: https://paraemocionarse.wordpress.com/2016/07/25/retazos-del-blog-una-historia-llena-de-emociones

Segunda parte: https://paraemocionarse.wordpress.com/2016/08/01/retazos-del-blog-una-historia-llena-de-emociones-2

Antes de empezar a leer, os recomendamos que cliquéis en el botón naranja, para poder escuchar la música ambiental:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

La cabeza me dolía muchísimo. Abrí los ojos y todo estaba borroso, me costó varios segundos conseguir ver una imagen nítida. No tenía muy claro lo que había pasado, lo último que recordaba era estar entre los árboles con aquél ser persiguiéndome… Sin embargo, ahora ya no estaba en el bosque. Me encontraba tendido en una mullida cama. ¿Qué estaba haciendo allí? En esos momentos no entendía nada… Giré la cabeza y descubrí, sobre una brillante bandeja, un apetitoso desayuno. Tenía muy buena pinta, pero de todos modos me invadió la desconfianza. Acerqué la nariz a la bandeja intentando percibir algún olor extraño, pero no logré distinguir nada sospechoso.

Pensé que sería mejor levantarse, cosa que hice con un poco de dificultad. Me sentía bastante dolorido y con la cabeza embotada. Empecé a recorrer la habitación y a medida que caminaba un escalofrío me fue recorriendo la espalda. Y es que no sabía por qué, pero aquello me era extrañamente familiar.

Había muchas estanterías, todas llenas de libros. Cuando me acerqué a investigar qué contenían pude ver que la mayoría eran libros clásicos y cuentos infantiles. ¿Cuentos infantiles? Aquella no parecía una habitación infantil… ¿O sí? Ahora que me fijaba, sí que había algunos detalles que indicaban que allí podría haber habido un niño, como un cuaderno de caligrafía sobre la mesa y un pequeño cochecito de juguete. Sin embargo esos detalles contrataban con el estilo de la habitación. Cada vez me sentía más sorprendido e inquieto.

Un ruido en el exterior me devolvió a la realidad. Por unos minutos me había olvidado del monstruo. ¿Realmente me había llevado él a ese lugar? Fuese como fuese era conveniente que me preparara por si volvía. Recorrí la habitación con la mirada buscando algo para defenderme. Entonces me fijé en una especie de cesta de mimbre cerrada, colocada junto al lateral de la mesa. Al abrirla descubrí que mi teoría era cierta, estaba repleta de juguetes.

Empecé a revolver intentando encontrar algo que me sirviera para defenderme si volvía aquél ser. Había una espada de madera. No parecía muy fuerte, pero mejor era eso que nada. Y cuando iba a cerrar la tapa vislumbré entre los juguetes una fotografía. La cogí y mis ojos se abrieron como platos, estaba boquiabierto. Era una foto de mi hijo de 5 años, en realidad una foto hecha por mí. Inmediatamente, tras la sorpresa inicial, me invadió el miedo, ¿le habría pasado algo? ¿Lo tendría el monstruo en su poder? Debía actuar, salir inmediatamente de aquella habitación. Me dirigí a la puerta, la derribaría si hacía falta. Para mi sorpresa, al intentar girar el pomo descubrí que la puerta estaba abierta. Salí con la espada de juguete en la mano dispuesto a enfrentarme a lo que fuera.

Y aquí termina la nueva entrega del cuento. ¿Os ha gustado?¿Os ha hecho gracia que el personaje salga de la habitación armado con la espada de juguete? Si es así, os animamos a que sigáis con la sonrisa en los labios, en el próximo mes hablaremos de la alegría.

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Segundo capítulo: RABIA

Seguimos con la continuación del cuento. Si no habéis leído la primera parte podéis encontrarla aquí: https://paraemocionarse.wordpress.com/2016/07/25/retazos-del-blog-una-historia-llena-de-emociones

Para escuchar la música ambiental podéis clicar aquí:

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Me levanté turbado del suelo. No tenía claro si había perdido la conciencia… Pero mientras me incorporaba y me sacudía las hojas de la cara pude comprobar que seguía en el bosque. Las sombras de los árboles me rodeaban y… Ahora que me daba cuenta reinaba un extraño silencio.

Al girarme vi a aquél ser frente a mí. Fue tal el impacto que volví a caer al suelo. Pero al llegar a ese punto me di cuenta de que no podía huir más, mi vida estaba en juego… Debía enfrentarme a aquello o morir. Busqué a tientas algo que me sirviera para defenderme y hallé un palo, no muy largo, pero macizo. Mis músculos se tensaron, noté la presión en los dientes, totalmente apretados, percibí el calor que me invadía… Era o aquella cosa o yo.

Me abalancé sobre el monstruo con todas mis fuerzas, mas él me esquivó como si nada. Volví a intentar agredirle violentamente una y otra vez, pero se movía con tanta agilidad que no alcanzaba ni siquiera a rozarlo. De repente se situó detrás de mí y me agarró los brazos, inmovilizándome. Sentí que la furia me invadía, grité y luché intentando liberarme. Mientras peleaba vislumbré entre sus fauces unos terribles colmillos.

Una fuerza inmensa salió de mí y golpeé a la bestia como jamás creí que podría hacerlo. Ésta aulló y me soltó, permitiéndome reunir fuerzas de nuevo para volver al ataque. Se habían girado las tornas, aquél ser chillaba y reculaba mientras yo, embargado por una furia inmensa lo embestía una y otra vez. Ya era mío. Pero para mi sorpresa, de pronto el monstruo se irguió cuan alto era y dio un salto descomunal.

¿Dónde estaba? ¡Lo había perdido de vista! Me giré impaciente. Era imposible, no podía haber desaparecido tan de prisa… Entonces de repente algo me golpeó fuertemente en la cabeza y el mundo desapareció de mi vista.

Y aquí termina este nuevo capítulo. ¿Os esperabais este final? ¿Os ha sorprendido? Hablando de sorprender, si queréis saber más sobre la sorpresa  seguidnos el próximo lunes.

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Primer capítulo: MIEDO

Antes de empezar a leer, si queréis podéis pinchar en el siguiente enlace para escuchar la música ambiental  que acompaña a la historia (puede que tengáis que instalar alguna actualización para poder escucharla):

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Estaba todo muy oscuro. La luz mortecina de la linterna apenas alumbraba lo que tenía delante. Los sonidos inquietantes del bosque me envolvían… Decidí acelerar el paso; sentía la tensión que me invadía y cada nuevo murmullo que escuchaba me encogía el alma. Sabía que no debía dejar que me invadiera el miedo, eso lo tenía claro, pero… De pronto un escalofrío me recorrió la espalda.

En realidad me había dado cuenta desde hacía rato, pero no había sido consciente hasta ahora. El hecho era que no estaba solo. Y fuera lo que fuera lo que me acechaba no era agradable. Sentí la adrenalina apoderarse de mi cuerpo, el corazón palpitaba violentamente, tenía la respiración acelerada, mis músculos estaban tensos… No pude hacer otra cosa que empezar a correr en la oscuridad presa del pánico, mientras escuchaba aquél siseo cada vez más cerca.

Oh, Dios… ¡¿Qué era aquello?! Nunca antes había sentido tanto miedo… Empecé a preguntarme si iba realmente a morir. Seguí corriendo sin mirar atrás, sintiendo el corazón desbocado. Y aunque sabía que era mejor no mirar, que era mejor no saber y poner todo mi esfuerzo en escapar, la curiosidad me invadió. Y realmente estaba en lo cierto, habría sido mucho mejor no saber qué era lo que me pisaba los talones. Y es que, al girar la cabeza, lo que vislumbré tenía un tamaño descomunal.

Corrí como jamás lo había hecho, esquivando árboles y saltando entre los arbustos a gran velocidad. Empezaba a perder el aliento, pero “aquello” que me perseguía parecía no conocer el cansancio. Me empecé a desesperar, tendría que pensar en un plan alternativo o sería mi fin. ¿Quizás esconderme o subirme a un árbol? De repente tropecé y empecé a rodar, hundiéndome en las profundidades del bosque mientras todo se cubría de tinieblas.

Y aquí termina la historia. ¿Qué habéis sentido al leerla? ¿Os ha dado miedo? Tal vez hayáis sentido alguna otra emoción. ¿Quizás rabia por el final inconcluso? De la rabia justamente hablaremos el próximo lunes. Y tranquilos, la historia continúa.