Retazos del blog: Una historia llena de emociones

Primer capítulo: MIEDO

Antes de empezar a leer, si queréis podéis pinchar en el siguiente enlace para escuchar la música ambiental  que acompaña a la historia (puede que tengáis que instalar alguna actualización para poder escucharla):

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Estaba todo muy oscuro. La luz mortecina de la linterna apenas alumbraba lo que tenía delante. Los sonidos inquietantes del bosque me envolvían… Decidí acelerar el paso; sentía la tensión que me invadía y cada nuevo murmullo que escuchaba me encogía el alma. Sabía que no debía dejar que me invadiera el miedo, eso lo tenía claro, pero… De pronto un escalofrío me recorrió la espalda.

En realidad me había dado cuenta desde hacía rato, pero no había sido consciente hasta ahora. El hecho era que no estaba solo. Y fuera lo que fuera lo que me acechaba no era agradable. Sentí la adrenalina apoderarse de mi cuerpo, el corazón palpitaba violentamente, tenía la respiración acelerada, mis músculos estaban tensos… No pude hacer otra cosa que empezar a correr en la oscuridad presa del pánico, mientras escuchaba aquél siseo cada vez más cerca.

Oh, Dios… ¡¿Qué era aquello?! Nunca antes había sentido tanto miedo… Empecé a preguntarme si iba realmente a morir. Seguí corriendo sin mirar atrás, sintiendo el corazón desbocado. Y aunque sabía que era mejor no mirar, que era mejor no saber y poner todo mi esfuerzo en escapar, la curiosidad me invadió. Y realmente estaba en lo cierto, habría sido mucho mejor no saber qué era lo que me pisaba los talones. Y es que, al girar la cabeza, lo que vislumbré tenía un tamaño descomunal.

Corrí como jamás lo había hecho, esquivando árboles y saltando entre los arbustos a gran velocidad. Empezaba a perder el aliento, pero “aquello” que me perseguía parecía no conocer el cansancio. Me empecé a desesperar, tendría que pensar en un plan alternativo o sería mi fin. ¿Quizás esconderme o subirme a un árbol? De repente tropecé y empecé a rodar, hundiéndome en las profundidades del bosque mientras todo se cubría de tinieblas.

Y aquí termina la historia. ¿Qué habéis sentido al leerla? ¿Os ha dado miedo? Tal vez hayáis sentido alguna otra emoción. ¿Quizás rabia por el final inconcluso? De la rabia justamente hablaremos el próximo lunes. Y tranquilos, la historia continúa.

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Encuesta sobre las emociones básicas

Cada día podemos sentir múltiples emociones, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Habrá épocas donde algunas emociones sean más predominantes que otras. Por ejemplo, en una época llena de nuevos proyectos que nos gustan puede predominar la alegría, en una época de cambio puede predominar el miedo, tras una pérdida puede predominar la tristeza… En estos momentos, ¿cuál es la emoción predominante en tu vida?

Encuesta

Retazos del blog: ¿Es posible morir de miedo?

¿Quién no ha escuchado alguna vez una historia en la que alguien pasa tanto miedo que no vive para contarlo? Como la anécdota de aquél chico que apostó con sus amigos que sería capaz de pasar una noche solo en un cementerio y al día siguiente lo encontraron muerto enganchado a las ramas de un arbusto. Cuentan que probablemente murió imaginando que lo que le tiraba de la camiseta eran las manos de algún cadáver…

¿Pero es realmente posible morir de miedo? Como ya comentamos anteriormente la adrenalina tiene un papel importante en el miedo, produciendo una serie de cambios en el cuerpo, que se tiene que preparar ya sea para huir o para enfrentarse a la situación. El corazón late más rápido, y la tensiónarterial aumenta, los vasos sanguíneos de los órganos importantes se ensanchan, mientras que los más pequeños pierden riego por unos instantes (por eso nos podemos quedar pálidoEs posible morir de miedos), entra más oxígeno en los pulmones, se detiene el movimiento intestinal, aumenta la glucosa en sangre, e incluso se dilatan las pupilas. Estamos preparados para hacer cualquier esfuerzo que en una situación normal sería más difícil de realizar.

Pero posiblemente el efecto más letal de la adrenalina se da a nivel del corazón, ya que en dosis altas puede llegar a provocar un paro cardiaco. Así, una persona no puede morir directamente de miedo, sino debido al fallo de su corazón por un exceso de esfuerzo. Lo mismo ocurre en el reino animal, aunque curiosamente algunos animales son más propensos que otros a morir en situaciones de miedo extremo, como los cobayas, los conejos o los ratones.

Afortunadamente los humanos sólo “moriríamos de miedo” en el caso de que padeciéramos algún problema cardiaco. Un corazón sano no debería tener ningún problema, ya que nace preparado para asumir momentos de estrés. De todos modos seguro que conocéis alguna historia sobre alguien que, según cuentan, llegó a morir de miedo. ¿Me explicáis alguna?

Vuestra opinión en las encuestas: 9ª parte

trast-miedo rabia psicópata

Os presentamos más resultados de vuestras votaciones en las encuestas. ¿Qué os parecen? ¿Hay algo que os llame la atención?

A parte de estas encuestas, como ya sabéis hemos publicado muchas otras. Así que si no lo habéis hecho, ¡aún estáis a tiempo de votar! Aquí os dejamos los links:

-¿Cuáles de estos factores pueden hacer más difícil que nos dejemos sorprender?

-¿Está el vaso medio vacío o medio lleno?¿Por qué os parece más importante verlo medio lleno?

– Cuando la tristeza se convierte en depresión, ¿cuál de estos síntomas creéis que puede aparecer primero?

-¿En cuáles de estos trastornos creéis que el asco tiene un papel más importante?

-¿Cuáles de estas emociones secundarias creéis que pueden variar más según la cultura en que se den?

-¿Cuál de estas emociones secundarias os parece más habitual?

Para librarnos del sentimiento de culpa, ¿cuál de estos factores creéis que es más importante al disculparnos?

¿Cuándo sueles sentir más apatía?

Retazos del blog: Primera encuesta

Encuesta

Retazos del blog: Miedo al miedo

El miedo, como emoción básica, forma parte del repertorio emocional con el que convivimos día a día. Normalmente, suele acompañar a las experiencias negativas que de una forma u otra comprometen la supervivencia del individuo.

Cuando el miedo activa el cerebro, el organismo comienza a movilizarse. La ansiedad, en ese momento, es la herramienta que nos ayuda a centrar la atención en la amenaza, obligando a la mente a buscar obsesivamente una salida e ignorar todo lo demás. Es decir, el miedo utiliza la ansiedad para conseguir una respuesta rápida del organismo, tanto a nivel físico como mental.Miedo al miedo

El problema surge cuando la ansiedad se hace crónica e incontrolable. Cuando esto sucede, el miedo se generaliza a un amplio abanico de estímulos y situaciones que advierten de peligros que en realidad no existen o tienen baja probabilidad de ocurrir. Por ejemplo, se puede comenzar a tener miedo a ir al supermercado, al roce de una pluma, a viajar en avión, a las relaciones sociales, etc. En ese punto en que el estado de alarma permanentey el nerviosismo desbocado tienen repercusiones en la vida de quien lo padece, hablamos de trastornos de ansiedad, entre los que se incluyen: el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada, los ataques de pánico, los trastornos por somatización, las fobias, etc.

La ansiedad que es sumamente ventajosa en ciertas situaciones de verdadero peligro puede llegar a generar graves patologías que tienen como base una emoción muy común y extensamente conocida: el miedo. No resulta descabellado afirmar que muchas veces evitamos exponernos a ciertas situaciones para no tener que enfrentarnos a ese fantasma llamado miedo… ¿Es posible que nos dé miedo sentir miedo?

Fin del mes del miedo

Para acabar el mes del miedo os dejamos con un breve cuento. Pinchad en el siguiente enlace para escuchar la música ambiental (puede que tengáis que instalar alguna actualización para poder escucharla):

(Música cedida por Rafa Sánchez Camacho)

Estaba todo muy oscuro. La luz mortecina de la linterna apenas alumbraba lo que tenía delante. Los sonidos inquietantes del bosque me envolvían… Decidí acelerar el paso; sentía la tensión que me invadía y cada nuevo murmullo que escuchaba me encogía el alma. Sabía que no debía dejar que me invadiera el miedo, eso lo tenía claro, pero… De pronto un escalofrío me recorrió la espalda.

En realidad me había dado cuenta desde hacía rato, pero no había sido consciente hasta ahora. El hecho era que no estaba solo. Y fuera lo que fuera lo que me acechaba no era agradable. Sentí la adrenalina apoderarse de mi cuerpo, el corazón palpitaba violentamente, tenía la respiración acelerada, mis músculos estaban tensos… No pude hacer otra cosa que empezar a correr en la oscuridad presa del pánico, mientras escuchaba aquél siseo cada vez más cerca.

Oh, Dios… ¡¿Qué era aquello?! Nunca antes había sentido tanto miedo… Empecé a preguntarme si iba realmente a morir. Seguí corriendo sin mirar atrás, sintiendo el corazón desbocado. Y aunque sabía que era mejor no mirar, que era mejor no saber y poner todo mi esfuerzo en escapar, la curiosidad me invadió. Y realmente estaba en lo cierto, habría sido mucho mejor no saber qué era lo que me pisaba los talones. Y es que, al girar la cabeza, lo que vislumbré tenía un tamaño descomunal.

Corrí como jamás lo había hecho, esquivando árboles y saltando entre los arbustos a gran velocidad. Empezaba a perder el aliento, pero “aquello” que me perseguía parecía no conocer el cansancio. Me empecé a desesperar, tendría que pensar en un plan alternativo o sería mi fin. ¿Quizás esconderme o subirme a un árbol? De repente tropecé y empecé a rodar, hundiéndome en las profundidades del bosque mientras todo se cubría de tinieblas.

Y aquí termina la historia. ¿Qué habéis sentido al leerla? ¿Os ha dado miedo? Tal vez hayáis sentido alguna otra emoción. ¿Quizás rabia por el final inconcluso? De la rabia justamente hablaremos el próximo mes. Y tranquilos, la historia continúa.

Miedo animal

Es evidente que no sólo los humanos somos capaces de sentir miedo. Entre los animales esta emoción tiene un fin adaptativo, preparándolos para la huída ante un peligro o una amenaza. Así es como muchos de ellos logran sobrevivir.

Cuando un animal tiene miedo, algunas de las reacciones físicas que se activan en él son similares a las nuestras. El corazón late rápidamente, aparecen temblores y agitación, el cuerpo se tensa y se paraliza, las pupilas se dilatan y el pelo se eriza (lo que para el ser humano es “ponerse la piel de gallina”, reacción que no se activa sólo a causa del frío, sino también por miedo o por emociones placenteras como escuchar una pieza de música que nos gusta). Además, es frecuente que los animales se orinen o defequen y que se muestren agresivos.

¿Qué es lo que provoca miedo a los animales? Por un lado, estímulos naturales, normalmente peligros ambientales como tormentas o truenos, o la presencia amenazante de otros animales. Las vacas sienten un miedo natural a las sombras. Los elefantes, sin embargo, a pesar del dicho popular, no tienen miedo a los ratones. El elefante es un animal con problemas de visión a corta distancia. Si percibe algo correteando entre sus pies, levanta la trompa y pisotea el suelo, lo que da la sensación de que tenga miedo. Por otro lado, los animales temen a los estímulos que han asociado a experiencias negativas. Si nuestro perro asocia el baño, que suele ser una experiencia desagradable, con la toalla con la que lo secamos, en adelante la sola visión de la toalla le causará temor porque sabrá que lo van a bañar.

Algunos de estos miedos pueden ser tratados con diferentes técnicas. Los veterinarios y etólogos utilizan frecuentemente tres tipos de terapia: farmacológica (sedantes), técnicas de modificación de conducta, que ayudan a romper las asociaciones negativas que el animal ha aprendido, y la feromonoterapia (utilización de hormonas que transmiten información entre los animales de una misma especie por el olor). Y hablando de hormonas, algunos animales son capaces de, tal como se dice, oler el miedo. Captan las hormonas que se liberan durante el estrés. Si ese animal nos da miedo, él lo notará. ¿A qué más le temen los animales?

Una noche de miedo

“Era una noche fría y oscura de invierno en la que un viento espantoso no dejaba de golpear las ventanas. Sonidos de voces lejanas resonaban  como un eco que se repetía varias veces entre las paredes de la habitación. Se podía escuchar la madera crujiendo como si alguien intentase estrujarla con sus propias manos. En ese momento, un escalofrío le recorre la espalda, todas las fuerzas se concentran en sus músculos a pesar de estar paralizado, el sudor le recorre la frente, su corazón late fuerte, se puede oír el sonido de su respiración, abre los ojos intentando ver qué se esconde tras la intensa oscuridad…Y de repente, comienza a gritar…”

 ¿Es esto el relato de una simple pesadilla? Todos conocemos y hemos experimentado lo que es tener una pesadilla. Un sueño se convierte en pesadilla cuando nos resulta desagradable o nos produce cierta sensación de miedo que normalmente termina por despertarnos. En el caso del relato anterior lo que le sucede a esta persona es que, aún estando completamente dormida, manifiesta las características propias de un miedo atroz: sudoración, ritmo cardiaco acelerado, hiperventilación, ojos muy abiertos, pupilas dilatadas, agitación muscular (patadas o golpes), gritos, llanto… Pero sin llegar a ser consciente de ello, ni despertar en ningún momento. Este fenómeno es diferente de las pesadillas, y se le conoce con el nombre de terror nocturno.

Científicamente hoy en día no existe una explicación clara del por qué se producen los terrores nocturnos, pero existen varios factores con los que suelen asociarse, como la fiebre, la falta de sueño, el estrés emocional o los conflictos. Normalmente suelen presentarse durante la infancia, sobre todo en niños de entre 5 y 7 años, y desaparecen con el paso del tiempo. También pueden presentarse en adultos, especialmente en periodos de tensión emocional y/o consumo de alcohol.

 Cuando una persona sufre un terror nocturno no es necesario despertarla, a pesar de que pueda parecer angustiada. Un terror nocturno no dura más de 15 minutos y la persona no mantiene ningún recuerdo de lo sucedido. Lo más aconsejable en estos casos es intentar que la persona se relaje y siga durmiendo. Sabiendo esto, ¿alguien se atreve a ponerle fin a este relato?