12 ideas para sentirnos mejor

Aquí tenéis 12 ideas para sentiros mejor:

– Practica un hobby
– Duerme lo que necesites
– Sigue una dieta saludable
– Haz deporte
– Invierte tiempo en personas importantes para ti
– Rodéate de personas que te hagan sentir bien
– Guárdate un momento para ti cada día (aunque solo sean 5 minutos)
– Revisa cada noche los buenos momentos del día y vuelve a sentir esas emociones positivas
– Agradece los buenos momentos
– Acuérdate de cuidarte y tratarte con cariño
– Trata de disfrutar los pequeños momentos positivos de cada día
– Practica el mindfulness

¿Se os ocurren más ideas?

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La mente como sexto sentido

Este fin de semana he estado en un retiro en Zaragoza dirigido por Javier García Campayo y Mayte Navarro. Concretamente, se trataba de un retiro de mindfulness que hacía especial énfasis en la aceptación. Para los que no sepáis lo son este tipo de retiros, se trata de pasar un tiempo desconectado de la rutina realizando prácticas de meditación guiadas (meditación sentada y en movimiento), y donde también se proporcionan algunos conceptos teóricos. En algunos retiros (como el que he realizado yo) se practica también un tiempo de silencio. Aunque toda experiencia ha sido muy enriquecedora en general, ha habido un concepto concreto que me ha parecido especialmente interesante y me gustaría compartir con vosotros.
Se trata de la idea de considerar la mente como un sexto sentido. Si lo pensamos, nos daremos cuenta de que no podemos desconectar de ninguno de los sentidos. Podemos intencionadamente utilizar uno de nuestros sentidos (fijarnos en algo, oler o tocar algo…), pero cuando ya no se trata de algo intencionado, aunque no les prestemos atención en realidad nuestros sentidos continúan siempre activos. Y lo mismo ocurre con la mente. Podemos pensar intencionadamente (planificar, recordar la lista de la compra…), pero cuando dejamos de pensar voluntariamente la mente sigue su actividad. Así, van surgiendo recuerdos, tareas pendientes, asociaciones… Nuestra mente en realidad no se desconecta, como ocurre con el resto de sentidos.
Lo curioso es que nosotros no tratamos a los fenómenos mentales como al resto de experiencias sensoriales. Voy a tratar de explicarlo, siguiendo la línea de lo que nos comentaron en el retiro. Si por la calle veis o tocáis algo (por ejemplo, una estatua), ¿por el simple hecho de verlo o tocarlo pensáis que es vuestro? Y en cambio, ¿por qué nos identificamos con nuestros pensamientos? Si en una situación social cometemos lo que para nosotros es un error y surge un pensamiento del tipo “eres un inútil”, ¿por qué lo hacemos nuestro y nos lo creemos, minando nuestra autoestima? Los pensamientos no son más que fenómenos mentales, nosotros no somos nuestros pensamientos. Seguramente muchos de nuestros pensamientos automáticos tienen que ver con nuestra historia y puede que incluso los hayamos aprendido de alguien.
Desidentificarse de los pensamientos, es decir, poder verlos con distancia y como algo ajeno a uno mismo, es muy importante para nuestro bienestar emocional. ¿Por qué? Sencillamente porque la mayor parte de nuestro malestar no viene de los pensamientos en sí, sino de cómo nos relacionamos con estos pensamientos. Una persona puede suspender un examen (por ejemplo, el del carnet de conducir) y pensar: “soy incapaz de hacer nada bien”. Esto sería un pensamiento automático, y concretamente un juicio y una generalización que no describen lo que ha sucedido (hemos suspendido este examen en concreto). Si nos quedamos enganchados al pensamiento es posible que tengamos ganas de tirar la toalla y nos sintamos desanimados, pero si lo vemos con más distancia será más fácil no quedarnos rumiando y buscar una frase más positiva que nos ayude (como por ejemplo: no pasa nada, no soy ni el primero ni el último que suspende, lo volveré a intentar).
Por supuesto, ver nuestros pensamientos con distancia no es sencillo y se requiere práctica. Practicar mindfulness nos puede ayudar, aunque por supuesto existen más opciones. Un pequeño truco para el día a día que aprendimos en el retiro sería que cuando nos apareciera un pensamiento nos dijéramos “me ha venido un pensamiento de que…” en vez de quedarnos con el pensamiento (por ejemplo: soy tonto/a). Esto nos puede ayudar a ganar distancia. ¿Se os ocurre algún otro truco que os pueda ayudar a no identificaros con vuestros pensamientos?

Un nuevo objetivo de salud: El Bienestar Emocional

Alcanzar un mayor bienestar es una meta que todos perseguimos, es habitual buscar un mayor bienestar económico y laboral o mejorar el bienestar físico, pero pocas veces nos planteamos incrementar nuestro bienestar emocional. ¿Qué es realmente el bienestar emocional? ¿Cómo podemos mejorarlo?

Quizá antes de pensar en cómo mejorarlo, hay que entender bien qué es el bienestar emocional. El bienestar emocional es sentirse bien con uno mismo, aceptar las emociones y manejar el estrés de las situaciones diarias. Esto no significa estar siempre feliz y contento. Una persona con bienestar emocional también siente tristeza, rabia y frustración. La diferencia es que dicha persona es consciente de sus emociones, ya sean positivas o negativas, y es capaz de lidiar con ellas. Esto favorece el funcionamiento en el día a día cotidiano y fomenta la confianza en uno mismo para enfrentar desafíos, aprovechar nuevas oportunidades y disfrutar de los pequeños o grandes momentos de la vida.

Para conseguir bienestar emocional hay algunos aspectos que son claves y que se deben trabajar:

  1. Conocerse a uno mismo: Si queremos sentirnos bien es importante saber que los pensamientos y los diálogos que uno tiene consigo mismo están muy relacionados con las emociones que siente.
  2. Comprender nuestras emociones: El primer paso para manejar nuestras emociones es reconocerlas y comprenderlas. Es decir, saber qué es lo que nos hace sentir de esa determinada forma y qué podemos hacer para cambiarlo o resolverlo.
  3. Manejar el estrés y las emociones negativas: El estrés y las emociones negativas no son necesariamente malos. Lo importante es no dejar que se desborden o se descontrolen hasta nublar nuestra mente. En estos casos, puede ser útil saber ejercicios de relajación o cualquier otra estrategia que nos ayude a serenarnos.
  4. Cuidarse a uno mismo: Esto implica no solo el dedicar tiempo a las cosas que nos gustan, también implica hablarse a uno mismo con cariño y respecto y saber perdonarse cuando uno comete un error o hace algo mal.
  5. Buscar lo que da sentido a la vida: Es importante encontrar y focalizarse en aquello que da sentido a nuestra vida, es decir, aquello que hace que valga la pena vivir la vida.

Además, el bienestar emocional tiene un gran impacto en la calidad de vida y en la salud. Por lo que fomentar nuestro bienestar emocional es también una forma de cuidarnos y prevenir ciertas afecciones físicas, como puede ser la presión arterial alta o algunos dolores de espalda. Vosotros qué pensáis, ¿os parece que es importante incluir el bienestar emocional como objetivo para este nuevo año?

¿Cómo afecta la música a nuestra percepción emocional?

Podemos decir que la música y las emociones van cogidas de la mano, aunque hay que tener en cuenta que una misma música no a todos nos evocará lo mismo. Pueden haber muchos factores que influyan en qué emoción nos evoca una música, incluyendo los recuerdos que tenemos asociados a ella. Así, la música que asociamos a un momento triste de nuestra vida nos puede generar tristeza, mientras que la música que escuchamos en un momento muy positivo nos puede generar alegría.

En el cine se tiene muy en cuenta cómo la música influye en las emociones del espectador. Seguro que recordáis escenas de películas que os generaron gran sensación de miedo. Probablemente si las volvierais a ver os daríais cuenta de que en muchos casos la música tuvo un papel clave en esos momentos de miedo intenso. O puede que incluso hoy en día recordéis la música asociada a alguna de esas escenas. ¿Recordáis en cambio la música relacionada con alguna escena romántica? ¿Qué emociones os generó? En realidad, la connotación emocional de una escena puede variar enormemente dependiendo de la música que la acompañe. Os dejo un ejemplo gráfico.

Es importante tener en cuenta el poder que tiene la música en nuestras emociones para poder utilizarlo a nuestro favor, y así poder regular mejor nuestras emociones cuando lo necesitemos. Por ejemplo, cuando nos sintamos mal, podemos escuchar aquellas canciones que nos gusten y nos generen un estado de ánimo positivo. Esto puede ayudarnos a mejorar nuestro estado de ánimo y sentirnos mejor. Por supuesto, las emociones tienen su función, y la idea no es tratar de “olvidar” las emociones que sean desagradables para nosotros. Si por ejemplo hemos perdido a alguien, es normal que nos sintamos tristes y que necesitemos tiempo para llorar y sentir la tristeza, pero eso no significa que la tristeza tenga que ser la única emoción de nuestra vida. Por eso, en épocas difíciles, será importante acordarnos de reservarnos tiempo y dedicar pequeños momentos a hacer cosas que nos gusten y que nos puedan hacer sentir mejor. Y un ejemplo sería escuchar algunas canciones que nos gusten. En vuestro caso, ¿tenéis claras cuáles son las canciones que os hacen sentir mejor?

 

 

Cuando el dolor no cesa

Seguro que recordáis el famoso dicho “el tiempo todo lo cura”. Es cierto que la mayoría de veces sólo necesitamos tiempo para pasar página y que el malestar relacionado con los recuerdos dolorosos desaparezca. Sin embargo, no siempre es así. A veces pueden pasar años y podemos seguir sintiendo dolor o malestar recordando algunas cosas. Hay personas que recuerdan como si fuera ayer algo que pasó hace más de 10 años. ¿Conocéis a alguien a quien le haya pasado?

Generalmente, estos recuerdos que siguen doliendo durante tanto tiempo tienen que ver con experiencias que fueron vividas como traumáticas. De hecho, no hace falta que la experiencia se haya vivido directamente, ya que a veces presenciar una experiencia dura, como puede ser un accidente, también nos puede generar la misma sensación de malestar. O incluso nos puede pasar lo mismo si nos explican que esta misma experiencia le ha ocurrido a alguien muy querido.

¿Hay alguna forma de cerrar estas heridas que parecen no cicatrizar? Por supuesto, dentro de la psicoterapia existen varias técnicas que nos pueden ayudar. En este artículo querríamos recalcar una de ellas que nos parece especialmente interesante: el EMDR. Estas siglas vienen del inglés (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), que se pueden traducir como “Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares”. Como su nombre indica, el acontecimiento traumático pierde intensidad emocional (desensibilización) y se puede ver de otra forma (reprocesamiento), gracias a la técnica que consiste básicamente en mover los ojos de un lado a otro siguiendo un estímulo (normalmente los dedos del terapeuta) mientras se trabaja sobre el acontecimiento traumático. Los cambios tras la terapia pueden verse reflejados en cambios en el funcionamiento del cerebro. Concretamente, algunos estudios han encontrado que tras realizar terapia con EMDR existe menos activación cerebral en áreas límbicas (relacionadas con la emoción), medidas mediante electroencefalograma.

Actualmente esta técnica está ganando adeptos y se está utilizando cada vez más. Se usa principalmente para tratar el trastorno por estrés postraumático, estando respaldada por guías nacionales e internacionales, aunque se sigue investigando para avalar su eficacia en otros ámbitos. Posiblemente en un futuro escucharéis hablar bastante del EMDR. O quizás ya hayáis leído sobre la técnica antes de leer este artículo. Decidnos, ¿conocéis a alguien que haya hecho terapia con EMDR? ¿Qué os contó sobre la experiencia?