Experiencias compartidas en el blog…

Hace unas semanas, una de nuestras lectoras compartía con nosotras su experiencia con el trastorno obsesivo compulsivo o TOC. Aquí os dejamos su comentario y la contestación que le dimos.

Hola, soy mary, pensé que yo era la única pero eso no importa. Lo que quiero es cambiar, ya estoy perdiendo a mi familia, mis hijas me confrontan y hay peleas. Trato de ceder en cosas pero ellas me exigen cada vez más y pareciera que lo que yo hago para ellas no es normal, me molesta que no entiendan lo difícil que es para mí. He asistido a psicólogos y a psiquiatras. Hay una terapia de bioenergética, la he hecho y nada me funciona. Mis hijas no pueden llevar gente a la casa, ni mi familia va a mi casa. Esto es muy difícil de explicar a personas que no son psicólogos ni psiquiatras.

Hola, Mary
Muchas gracias por escribirnos y compartir con nosotros tu vivencia. Por lo que nos comentas, entendemos que lo que más te afecta en este momento es la falta de comprensión que muestra tu entorno hacia lo que te ocurre. Desde fuera puede resultar difícil entender este problema. En este sentido, nosotras te acosejamos que intentes hablar con tus hijas de lo que sientes (si no lo has hecho ya…) y les expliques que para cambiar tienes que ir poco a poco y que con su apoyo sería más fácil conseguir una mejoría. Si esto no funciona, y ellas están de acuerdo, quizás os podría ayudar hablar del tema con un psicoterapeuta especializado en terapia familiar.
Por otro lado, te queremos felicitar por esforzarte cada día en hacer pequeños cambios y por haber tenido el valor para buscar ayuda, te animamos a seguir en esa línea. Quizá aún no has encontrado una terapia que se ajuste a lo que necesitas, no a todo el mundo le funcionan las mismas cosas. Por si te sirve de ayuda, la terapia cognitivo-conductual y la terapia breve estratégica suelen dar buenos resultados.
Esperamos haberte ayudado, si tienes alguna otra duda puedes volver a escribirnos.
Un abrazo,
ParaEmocionarse

Construyendo una vida juntos…

Empezar una vida con otra persona es un momento que suele vivirse con ilusión. La pareja poco a poco irá poniendo los cimientos y los primeros ladrillos de su vida en común. Pero no debemos olvidarnos de que se trata de un momento de cambio y de adaptación mutua, y por tanto no todo va a ser de color de rosa. Si tenemos unas expectativas realistas y hemos hablado en profundidad de todo lo que supone la convivencia con nuestra pareja será mucho más sencillo para ambos dar este paso.

Así, si no tenemos unas expectativas demasiado altas será menos probable que nos decepcionemos al ver que nuestra pareja no es tan perfecta como pensábamos o que puede haber más problemas al vivir juntos de lo que nos parecía. Porque está claro que al pasar más tiempo con nuestra pareja y compartir espacios la vamos a conocer mejor, pero también, al compartir el día a día pueden surgir momentos de desacuerdo. ¡Pero esto no tiene por qué ser un problema! Se trata de algo normal, y puede incluso ser beneficioso para fortalecer la relación si se hablan las cosas adecuadamente y se puede llegar a acuerdos. Lo que es muy recomendable será hablar ya antes de la convivencia de lo que supone irnos a vivir juntos, lo que nos da miedo, lo que nos imaginamos, cómo nos gustaría distribuir o decorar la casa, cuáles son nuestros hábitos, los horarios de comidas, de irse a la cama, las actividades de ocio, la distribución de tareas… Será importante negociar y llegar a acuerdos para que ambos estemos cómodos y no nos encontremos luego con pequeñas sorpresas inesperadas. Pero también será importante que hablemos de nuestros valorConvivenciaes y de cómo nos imaginamos el futuro. Muchísima gente obvia esta parte, que también es esencial para prevenir  futuros problemas . Un ejercicio curioso consiste en escribir en un papel la respuesta a varias preguntas (nosotros y nuestra pareja) y luego nos intercambiemos las respuestas. Entre otras cosas, podríamos preguntar: Si quieres tener hijos… ¿cuándo? ¿Quieres vivir toda la vida en el mismo sitio? ¿Qué es lo más importante para ti en una relación? ¿Qué esperas de tu pareja en el futuro?

Pero los cambios que genera la convivencia pueden ir más allá, afectando más ámbitos a parte de la relación de pareja. Muchas veces también tendremos que adaptarnos a todo lo que lleva nuestra pareja detrás, a su entorno. Porque en general, esta tendrá unos amigos y una familia, y posiblemente a partir de este momento tendrán más peso en nuestra vida. A veces puede ser complicado amoldarse a la familia de nuestra pareja, porque ellos están acostumbrados a actuar de una manera entre ellos y tienen unos valores y unos roles establecidos. Será importante observar al principio las dinámicas familiares (por ejemplo, ver quien suele mandar, quién ayuda a los otros cuando están mal, quién se lleva bien con quién…) e intentar adaptarse y respetar su manera de hacer. Desgraciadamente, a veces puede haber importantes momentos de choque (por ejemplo, si mi pareja viene de una familia muy religiosa y yo no soy creyente). Allí tendremos que ser asertivos, hay que adaptarse, pero hasta cierto punto, nunca tenemos que perder nuestra esencia por adaptarnos. Será importante la comunicación y el respeto, tanto con los miembros de la familia como con nuestra pareja. Y sobre todo, es importante que comuniquemos como nos sentimos y lo que pensamos. En la relación con la familia es importante que tengamos una buena base desde el principio, siendo sinceros con lo que pensamos. Un ejemplo típico sería una comida familiar en que nos ponen un plato que no nos gusta. Aunque ese día nos lo comamos por respeto será importante comentar (siempre con tacto y educación) que ese tipo de comida no es del todo de nuestro agrado. ¿Porque qué pasaría si dijéramos que está buenísimo? ¡Pues probablemente el próximo día nos volverían a poner otro plato de lo mismo!

En conclusión, antes de iniciar la convivencia puede ser muy positivo plantearse todo lo que implica (tanto para nosotros como para nuestra pareja) y hablarlo. Aunque sea un momento de cambio y de readaptación, si la pareja trabaja en equipo será mucho más sencillo llegar a construir una nueva etapa satisfactoria para ambos. En vuestro caso, si una pareja cercana empezara a convivir y os pidiera consejo… ¿Qué le recomendaríais?

INTRODUCCIÓN A LOS MESES DE LAS RELACIONES DE PAREJA

Cuando pensamos en las relaciones de pareja la primera emoción que viene a nuestra mente es el AMOR. El amor es una emoción que facilita y mejora la calidad de nuestras relaciones, pero ¿cómo definir el amor? Esta es una cuestión que hoy en día filósofos, psicólogos, científicos y artistas siguen intentando resolver.

El psicólogo R. Stenberg, en su teoría sobre el amor, ha establecido que esta emoción esta definida por tres componentes: la intimidad, la pasión y el compromiso. La intimidad dentro de la pareja se establece cuando ambos comparten confidencias y detalles de sus vidas. El segundo componente, la pasión, constituye la parte más física o carnal y se basa en la atracción sexual. Por último, el compromiso es la confianza en que la relación será permanente y en que existirá un futuro común.

Estos componentes, a su vez, están muy relacionados con la teoría de H. Fisher que propone que existen diferentes “estadios” por los que pasa una persona cuando se enamora. El primero es el deseo, caracterizado básicamente por el deseo sexual, que comprende una cascada hormonal (destacando un incremento de estrógenos y testosterona). Este efecto puede durar semanas o meses. El segundo estadio es la atracción, vista desde un punto de vista romántico, es algo que sólo te hace sentir una persona en especial y que te hace querer pasar todas las horas del día a su lado. Esta atracción puede durar hasta 3 años y es la fase que comúnmente se conoce como “estar enamorado”. Este estado provoca cambios a nivel cerebral, aumentando la estimulación de las partes cerebrales relacionadas con el placer. El tercer y último estadio es la vinculación, basada en el cariño, los propósitos comunes (ej. el matrimonio, los hijos, etc.) y los intereses compartidos. Los vínculos establecidos hacen que la relación pueda perdurar durante décadas.

Desde el punto de vista evolutivo, el amor tiene dos funciones muy claras, por un lado favorece la atracción sexual entre dos personas, incitándolas a mantener relaciones sexuales (y reproducirse); y por otro lado, conserva el vínculo existente entre la pareja, asegurando el soporte familiar de los descendientes (hijos) durante un amplio periodo de tiempo. Es decir, en general, el amor está muy vinculado con el concepto de “familia”.